Traducción por el equipo de SOTT.net en español

Hace poco fui entrevistado por New Statesman, asumiendo que, como ex crítico de vinos de la revista, sería tratado con respeto, y que el periodista, George Eaton, deseaba sinceramente hablar conmigo sobre mi vida intelectual. No es la primera vez que me veo obligado a reconocer el error de dirigirme a jóvenes izquierdistas como si fueran seres humanos responsables.
George Eaton Roger Scruton

George Eaton publicó esta foto de sí mismo bebiendo champán para celebrar el despido del "racista de derecha y homófobo Roger Scruton". Desde entonces se ha disculpado por la foto, pero dice que apoya la entrevista.
Esta es mi breve respuesta a una colección inescrupulosa de observaciones fuera de contexto, algunas de las cuales no son más que palabras diseñadas para acusarme de delitos de pensamiento y para persuadir al gobierno de que no soy apto para presidir la comisión que se me ha confiado recientemente.

Eaton repite la difamación, pronunciada originalmente bajo privilegio parlamentario, de que creo en algún tipo de teoría de conspiración judía. He aquí lo que dije en el discurso (abordando la idea del Estado Nacional, y dirigido a la Academia Húngara) en el que aparecieron las palabras pertinentes:
"La minoría judía (aquí en Hungría) que sobrevivió a la ocupación nazi sufrió más persecución por parte de los comunistas, pero sin embargo se mantiene activa para dar a conocer su presencia. Muchos de los intelectuales de Budapest son judíos y forman parte de las extensas redes del Imperio Soros. Entre los miembros de estas redes hay muchos que sospechan con razón del nacionalismo, lo consideran la causa principal de la tragedia de Europa Central en el siglo XX, y no distinguen el nacionalismo del tipo de lealtad nacional que he defendido en esta charla. Además, como el mundo sabe, el antisemitismo indígena sigue desempeñando un papel en la sociedad y la política húngaras, y constituye un obstáculo para la aparición de una lealtad nacional compartida entre la etnia húngara y los judíos".
En retrospectiva, podría haber elegido las palabras con más cuidado. Pero mi propósito era señalar que el antisemitismo se ha convertido en un problema en Hungría y un obstáculo para una identidad nacional compartida. En cuanto al Imperio de Soros, soy la única persona que conozco que ha intentado convencer a Viktor Orbán de que acepte su presencia, y la de la Universidad de Europa Central en particular, en Hungría. No tuve éxito, pero eso es otra cosa. Debo añadir que no soy ni amigo ni enemigo de Orbán, pero lo conozco de los días en que lo ayudé a él y a sus colegas a crear una universidad libre durante el período comunista. Lo que Orbán hizo entonces fue el primer paso hacia la liberación de su país, y George Soros fue uno de los que le ayudó también. Es triste para Hungría que ambos se hayan peleado y que el viejo espectro del antisemitismo haya renacido de su enfrentamiento. Sin embargo, dadas sus dos personalidades agresivas, no es de extrañar.

Luego tenemos la islamofobia. Parece que al cuestionar esta palabra y señalar su origen en las campañas de propaganda de la propaganda de la Hermandad Musulmana, de alguna manera me estoy mostrando culpable del delito que describe. Deploro el uso actual de esta palabra, ya que implica que existe un estado mental peculiar e irracional del que proceden todas las objeciones al Islam. Yo mismo distingo el Islam, como una fe y una forma de vida, de los radicales que cometen crímenes en su nombre. Siento respeto y ternura hacia el primero, y odio hacia el segundo. Pero cada vez es más difícil, con el actual abuso de la lengua, hacer esta afirmación, o animar a los musulmanes a que la hagan también.

Pienso que "homofobia" es una palabra similar, diseñada para cerrar todo debate sobre un asunto en el que ahora sólo se considera permisible un solo punto de vista. Aparentemente una vez escribí que la homosexualidad "no es normal", pero nadie me ha dicho dónde ni por qué es algo particularmente ofensivo. Los pelirrojos tampoco son normales, como tampoco lo es la decencia entre los periodistas de izquierda. En Sexual Desire (1986), sostuve que la homosexualidad es diferente de la heterosexualidad, pero no es en sí misma una perversión. Y traté de explicar la respuesta negativa que muchas personas tienen hacia las relaciones homosexuales en otros términos.

Por último, mis comentarios sobre China: Estaba describiendo el intento del Partido Comunista Chino de lograr la conformidad del comportamiento en todo aquello que pudiera amenazar su control político global, y creo que es justo describirlo como un intento de robotizar al pueblo chino. El Partido Comunista espera que cada persona replique el código de conducta, sin cuestionar su autoridad y hallando seguridad en la imitación. Mucha gente ve la amenaza de esto en la actitud de Pekín hacia Hong Kong. Mucho más importante, en mi opinión, es la reclusión de un millón o más de musulmanes uigures, con el fin de limpiar sus mentes de la peligrosa idea de Dios y reprogramarlas con la idea del Partido en su lugar. Si no se nos permite criticar esto como robotización de las víctimas, entonces, ¿qué es lo que se nos permite criticar y cómo?

En Gran Bretaña estamos entrando en una peligrosa condición social en la que la expresión directa de opiniones que entran en conflicto -o que simplemente parecen entrar en conflicto- con un estrecho conjunto de ortodoxias es castigada instantáneamente por una banda de autoproclamados vigilantes. Estamos siendo acobardados hacia una conformidad abyecta en torno a un dudoso conjunto de doctrinas oficiales y se nos dice que adoptemos una visión del mundo que no podemos examinar por temor a ser humillados públicamente por los censuradores. Esta visión del mundo puede llevar a un nuevo orden social liberado; o puede llevar a la destrucción social y espiritual de nuestro país. ¿Cómo lo sabremos, si tenemos tanto miedo de debatirlo?