Los opioides matan cada año a miles de estadounidenses y el Gobierno no es capaz de contener el flujo de estas drogas, procedentes de China. Si hasta ahora las autoridades cerraban el grifo a los cárteles en la misma frontera, ahora los opioides acaban en el país por correo postal.
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© AP Photo / U.S. Customs and Border Protection via AP
Millones de personas

Una redada en Baltimore (Maryland, EEUU) en enero de 2017 contra los cárteles de la droga acabó destapando toda una célula criminal que podría haber matado a todos los habitantes del estado. Las autoridades encontraron 2,5 kg de narcóticos sin identificar, 17 kg de heroína y 8,5 kg de fentanilo, este último, un opiáceo sintético extraído de la heroína.

Según los narcotraficantes que acabaron detenidos, el plan era fabricar entre 12 kg y 36 kg de fentanilo. La dosis fatal de este primo sintético de la heroína es de 2 mg. Esos 12 kg habrían sido suficientes para acabar con seis millones de personas.

El opio del pueblo

Durante los últimos años, del fentanilo y de otros opioides se habla mucho en Estados Unidos. Desde hace 15 años el país pasa por una crisis que no ha llegado a su fin a pesar de los esfuerzos de las autoridades. El número de muertes por opiáceos no disminuye. Según los expertos, se trata de una crisis que, por sus dimensiones, supera a las que las anteriores generaciones de estadounidenses tuvieron que hacer frente. Y la fuente de la crisis son las prescripciones médicas de los medicamentos contra el dolor, en cuya fabricación están presentes opioides sintéticos en pequeñas cantidades. En algún momento los médicos comenzaron a recetarlos demasiado a menudo y hacia 2017 el 60% de las dosis letales registradas tenían como causa estos opioides sintéticos. En concreto, el fentanilo.
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© CC0 / UNITED STATES DRUG ENFORCEMENT ADMINISTRATION
2mg de fentanilo: la dosis letal de este opioide
Los datos hablan por sí solos: ahora mueren casi 10 veces más personas que en 2013.

En el mercado negro se vende fentanilo farmacéutico, derivados de este y opioides directamente ilegales. Y a pesar de que las víctimas de este compuesto han aumentado, durante los últimos años no lo ha hecho el número de recetas médicas expedidas con el fentanilo como compuesto. Así que la principal fuente de mortalidad es ahora el fentanilo fabricado al margen de la ley.

En 2006 las autoridades de México y de Estados Unidos hallaron una fábrica clandestina de fentanilo en la ciudad mexicana de Toluca. Con su desmantelamiento se logró detener la entrada de este narcótico por la frontera. Pero ahora el problema ha pasado de estar en México a estar en China.

El gigante opiáceo

El fentanilo entra en Estados Unidos de varias formas. Primero, por la frontera mexicana: en 2017 se confiscaron 388 kg en 65 incidentes. Pero también en 2017 se detectaron 345 intentos de introducir esta sustancia por correo postal o por transporte urgente. En otras palabras, por correo -fuese urgente o postal- se intentaba introducir en el país cinco veces más a menudo que por la frontera. Pero en menos cantidades: fueron confiscados 152 kg de fentanilo.

En junio de 2018 el servicio fronterizo de Filadelfia halló 50 kg de narcóticos procedentes de China por correo postal. El envío destacó por la pureza del material y se convirtió en uno de los paquetes con droga procedentes de China más grandes. Del incidente, la Policía llegó a la conclusión de que el 80% de este narcótico acaba en el buzón de los estadounidenses. Y cada vez más a menudo, cruzando el Pacífico. El gigante asiático es líder en exportar sustancias químicas y fármacos activos

Desde buen principio el control que el Gobierno chino impone sobre estas sustancias ha sido peor que en Estados Unidos y Pekín intenta salir de esta situación. En 2015 las autoridades chinas añadieron 116 sustancias a la lista de sustancias reguladas y en 2017 lo hicieron otros tantos tipos de opioides sintéticos. Pero no fue suficiente.

Como señalan los expertos, para eludir las prohibiciones y este tipo de regulaciones, los proveedores recurren a vías técnicamente legales. Según los informes, los exportadores y transportistas chinos a menudo se 'confunden' al describir el contenido de las cajas de transportan, introducen cambios menores en la composición de los productos químicos y de los componentes, de modo que la nueva composición quede formalmente fuera de la lista negra.

Desde el 1 de mayo, China prohíbe todos los tipos de fentanilo. Pekín cree que esta mejora en la legislación reducirá las exportaciones de drogas. En los países que sufren la entrada de drogas chinas -entre ellos, Estados Unidos y México-, esperan la nueva medida funcione.

China es caldo de cultivo

Según Bryce Pardo, uno de los investigadores de la empresa de investigación RAND que se dedican a analizar las políticas en materia de drogas del Gobierno estadounidense, a las autoridades chinas les faltan recursos para controlar de forma efectiva las exportaciones de opioides. Regular el sector farmacéutico privado no es tan sencillo. El gigante asiático posee uno de los mercados de 'e-commerce' más desarrollados del mundo y, encima, las empresas de transporte son baratas. Así que los fabricantes locales logran meterse con facilidad en el negocio.

Según el Departamento de Estado de EEUU, en China existen cerca de 400.000 fabricantes y distribuidores de sustancias químicas y entre ellos varios funcionan al margen de la ley. Los investigadores estadounidenses señalan que estos se aprovechan de las lagunas en la legislación y en los fallos en la burocracia.

Las fronteras chinas

Otros países también se ven afectados por la corriente de drogas procedentes de China. A los que comparten frontera con el país asiático también les afecta. Es el caso de Rusia, con una frontera con China de 4.000 km.

Las drogas también se envían a través de la frontera en paquetes. Así, en 2015 la aduana de Vladivostok halló drogas sintéticas en 19 paquetes supuestamente procedentes de tiendas en internet. Pesaban unos 20 kg. Estaban escondidos en el interior de electrodomésticos, como en lámparas de mesa, por ejemplo.

El presidente de la Unión Nacional Antidrogas de Rusia, Nikita Lushnikov, despeja las dudas a Sputnik sobre la procedencia de estos opiáceos: "El 80% se produce en China y de una manera tan sofisticada que, ciertamente, nadie sabe cómo luchar contra esto".