Encuentran evidencia de que las raíces de las plantas son capaces de liberar señales que ahuyentan a los gusanos que las podrían infectar.
nematodes
© BTI/Murli Manohar
Estas raíces de tomate han sido infectadas con nematodos del nudo de la raíz sur (Meloidogyne incognita). Los gusanos redondos microscópicos forman hileras o "nudos" donde se alimentan, lo que finalmente atrofia las plantas y reduce el rendimiento.
Desde creer que lo que no se ve no existe a suponer que lo que no se mueve es cuasi inerte hay solo un paso. Al ser cuestionados sobre lo que creen que es un ser vivo los niños pequeños siempre señalan a los animales. ¿Por qué? Porque saben que éstos se mueven. Los niños menores de cuatro años se sorprenden al saber que las plantas están tan vivas como ellos aunque no se muevan ni se comuniquen con ellos ni visual ni auditivamente. Pero muchos adultos aún se sorprenden cuando se les dice que las plantas tienen la capacidad de comunicarse con su entorno y de modificar en consecuencia el comportamiento de otros seres vivos según sus necesidades.

Ya se había descubierto que las plantas eran capaces de liberar moléculas que actúan como neurotransmisores cuando son atacadas por insectos fitófagos, estas moléculas alertando a otras plantas circundantes acerca del peligro para que comiencen a adoptar medidas preventivas. Por otro lado, un grupo de investigadores de Tel Aviv (Israel) demostró recientemente que las plantas producen ultrasonidos perceptibles a metros de distancia cuando están estresadas, señales que podrían estar influenciando en consecuencia el comportamiento de otros seres vivos circundantes, animales o vegetales. Ahora un grupo de investigadores del Instituto Boyce Thompson y de la Universidad de Cornell hallaron que los nematodos que parasitan las raíces de las plantas pueden ser engañados por sus huéspedes para desalentarlos de acomodarse.

Estos gusanos son odiados por los productores agrícolas por causar pérdidas de millones cada año al infectar los cultivos. Pero sus
días de frustración podrían estar contados si esta nueva investigación da los frutos suficientes.


La misma descubrió que las plantas son capaces de generar feromonas normalmente producidas por estos gusanos para ahuyentarlos y evitar así nuevas infecciones. Específicamente, los investigadores se enfocaron en un grupo de sustancias químicas llamadas ascarósidos, una familia de feromonas que los nematodos utilizan para comunicarse de forma intraespecífica. En efecto, las plantas son capaces de reaccionar al ascarósido ascr#18, molécula que mayor segregan los nematodos parasitarios de plantas, reforzando sus defensas inmunes y por ende aumentando su protección contra el ataque de otros patógenos. Pero este estudio demostró que las plantas pueden haber evolucionado para segregar este compuesto a su vez como una forma de engañar a otros nematodos para que crean que éstas están más infectadas de lo que realmente están.

Los investigadores estudiaron los efectos de ascr#18 en tres especies de plantas, arabidopsis, trigo y tomate, y hallaron que estas plantas segregaban tres metabolitos diferentes de este ascarósido en el suelo en presencia de ascr#18. Uno de estos metabolitos, el ascr#9, en altas concentraciones resultó ahuyentar particularmente a los nematodos invasores de las raíces de las plantas estudiadas. Los científicos plantearon entonces la posibilidad de que las plantas se encuentren liberando señales a ser percibidas por los gusanos para hacerles creer que sus raíces ya se encuentran infectadas y superpobladas, lo que desalienta a los parásitos de emprender una infección.

Esto no significa ni que las plantas ni los nematodos se encuentren realmente «hablando» entre sí, sino que sus metabolismos evolucionaron para segregar compuestos similares como una forma de adaptación que busca maximizar su supervivencia: los gusanos segregan ascarósidos para evitar superpoblar una sola planta mientras que las plantas los segregan a su vez logrando fingir estarlo y así evitando ser parasitadas.