Las elecciones locales en Bélgica tendrán lugar el 24 de octubre y el partido "Islam", fundado en 2012 por Redouane Ahrouch presenta candidaturas en 24 municipios de Bruselas y Valonia. El partido espera obtener buenos resultados toda vez que la población musulmana ya es un tercio en la capital, Bruselas.

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Mujer velada en Bruselas.
Su programa es la "sharia occidental", el adjetivo es una operación de distracción. Las propuestas son legalizar la poligamia, los matrimonios convenidos con adolescentes o desde los nueve años, la segregación por sexos en el transporte público, penalización del aborto y la eutanasia y la recuperación de la pena de muerte para el adulterio y la homosexualidad. También propugna la prohibición de tatuajes y piercing.

En 2012 obtuvo el 4,12% de los votos en el distrito de Anderlecht; ahora esperan mejorar sustancialmente los resultados. La alarma ha saltado y partidos belgas como DéFI, M, CDH y PS, ya están pidiendo su prohibición, acusándolo de llevar "un proyecto teocrático contrario a la democracia", según Olivier Maingain, presidente del partido liberal DéFI. "La ley Sharia es una violación de los derechos humanos. Los partidos de la Sharia son por lo tanto antidemocráticos ", respondió Theo Francker, Secretario de Estado de Asilo y Migración.

En Holanda, el partido Denk liderado por Tunahan Kuzu, y apoyado por Erdogan, obtuvo en las legislativas 200.000 votos y cuenta con 3 diputados. En sus mítines se dice con claridad que "Alá debe castigar a los infieles". Recientemente Kuzu provocó una intensa polémica cuando declaró que "si no les gusta que haya cambios en Holanda con culturas diferentes, deberían irse del país".

El islamismo se está organizando políticamente con un sentido de conquista. Tras lo que el imaginario progre denomina como diversidad lo que se esconde es el intento de islamizar las naciones occidentales e imponer la sharia.

En España, los partidos An Nahda (Renacimiento), de Túnez, y los marroquíes Justicia y Desarrollo y Justicia y Caridad han dado órdenes a sus militantes de que se infiltren en formaciones políticas de izquierdas, como PSOE y Podemos, para adquirir experiencia política organizativa a fin de promover un partido islámico fundamentalista.

Esta estrategia de dominio, a través de las urnas, espera conseguir mejores resultados en la medida en que la demografía les sea más favorable.