Traducido por el equipo de SOTT.net
Amy Eskridge
© CopyrightAmy Eskridge (en la foto) era una científica que investigaba la tecnología de antigravedad antes de su muerte en 2022 a los 34 años
Una científica que experimentaba con tecnología antigravedad fue hallada muerta a los 34 años tras advertir de que su vida podría estar en peligro, lo que supone otro misterioso caso de muertes y desapariciones en los últimos años.

Amy Eskridge tenía solo 34 años cuando supuestamente murió de un disparo autoinfligido en la cabeza en Huntsville, Alabama, el 11 de junio de 2022. Sin embargo, ni la policía ni los forenses han hecho públicos detalles de ninguna investigación que se haya llevado a cabo.

Antes de su muerte, investigaba abiertamente y trataba de desarrollar tecnología antigravedad, una forma de controlar o anular la gravedad, lo que podría revolucionar los viajes espaciales y la producción de energía.

La propulsión antigravedad también ha sido ampliamente debatida por los investigadores de ovnis, quienes han afirmado que esta tecnología avanzada es la que permite a las naves espaciales alienígenas alcanzar velocidades imposibles.

Los teóricos de la conspiración también han afirmado que el ejército estadounidense lleva años experimentando con esta tecnología, pero el Gobierno ha negado que exista tecnología extraterrestre.

En 2020, Eskridge declaró que tenía previsto presentar un novedoso trabajo fundamental sobre la antigravedad, pero que necesitaba la aprobación de la NASA.

Desde su fallecimiento, han salido a la luz detalles impactantes (entre ellos, una entrevista inédita con la propia Eskridge y conclusiones independientes presentadas al Congreso) que apuntan a que la muerte no fue un suicidio, sino que formó parte de una elaborada conspiración de «asesinato».

La muerte de Eskridge supone el undécimo caso de una persona vinculada a los secretos espaciales o nucleares de Estados Unidos que ha fallecido o desaparecido misteriosamente en los últimos años, lo que tiene en vilo a los expertos en seguridad nacional del país.

El Daily Mail se ha puesto en contacto con la familia de Eskridge, así como con las autoridades sanitarias de Huntsville, para recabar comentarios sobre las circunstancias que rodean su muerte.

La científica también afirmó que cofundó específicamente su empresa de investigación, The Institute for Exotic Science (el Instituto de Ciencias Exóticas), para crear una «imagen pública con la que dar a conocer la tecnología antigravedad».

Eskridge dijo durante el podcast: «Si te expones en público, al menos alguien se da cuenta si te cortan la cabeza.

Si te expones en privado... te enterrarán, quemarán tu casa mientras duermes en la cama y ni siquiera saldrá en las noticias. Por eso existe el instituto», advirtió.

Sin embargo, al parecer, el Instituto de Ciencias Exóticas ha cerrado desde la muerte de su cofundadora, y ya no se puede acceder a su sitio web.

Han aparecido en Internet archivos de los registros de la empresa y su declaración de misión, incluidos estudios detallados sobre la propulsión antigravedad e imágenes de supuestas aeronaves inspiradas en ovnis.

Eskridge había fundado el instituto junto con su padre, Richard Eskridge, un ingeniero jubilado de la NASA especializado en física del plasma y tecnología de fusión (otra forma de propulsión avanzada). Según se informa, él ocupaba el cargo de director tecnológico del laboratorio.

En 2018, Eskridge y su padre realizaron una presentación en nombre de su empresa, HoloChron Engineering, en la que describieron experimentos tanto históricos como modernos relacionados con la modificación de la gravedad, incluidos supuestos proyectos secretos que, según se dice, estaban desarrollando naves antigravitatorias triangulares conocidas como «TR3B».

Eskridge habló en una entrevista de podcast de 2020 en la que había detallado un plan para la divulgación pública de los ovnis y los extraterrestres, pero temía que las amenazas contra ella se estuvieran volviendo cada vez más graves.

Eskridge dijo: «Tengo que revelarlo pronto, hombre. Tengo que publicarlo pronto porque la cosa se está intensificando. Se está volviendo cada vez más agresiva. Esto lleva sucediendo como cuatro o cinco años, y en los últimos 12 meses se ha intensificado, con un comportamiento más agresivo, registros más invasivos de mi cajón de la ropa interior y amenazas sexuales».

Antes de su muerte, Eskridge se puso en contacto con el oficial retirado de inteligencia británico Franc Milburn para que le ayudara a investigar los incidentes de acoso e intimidación de los que supuestamente era víctima, y Milburn concluyó finalmente que su muerte no fue un suicidio.

Tanto Eskridge como Milburn documentaron múltiples ocasiones en las que ella había sido objeto de agresiones físicas y psicológicas, entre ellas un incidente en el que un sospechoso desconocido le disparó con un «arma de energía dirigida», causándole quemaduras por todo el cuerpo mediante potentes microondas.

Las conclusiones de Milburn fueron presentadas al Congreso por investigadores independientes en 2023.

El periodista Michael Shellenberger declaró ante una audiencia pública sobre fenómenos anómalos no identificados que Eskridge fue «asesinada por una 'empresa aeroespacial privada' en EE.UU. porque estaba involucrada en el debate sobre los FANI».

Milburn afirmó en el programa de radio de ciencia marginal Coast to Coast AM: «Alguien iba tras su trabajo. Se trataba de uno de dos objetivos principales. Uno, intentar que desistiera de su trabajo, y dos, con estos ataques, con el acoso y los ataques con armas de energía dirigida, detenerla de verdad, debilitarla para que fuera incapaz de realizar su trabajo».

La historia de Eskridge parece continuar una tendencia creciente de científicos fallecidos que investigaban áreas clave de la tecnología o la exploración espacial en la época en que fueron asesinados o hallados muertos.

Desde que Eskridge falleció en 2022, han muerto otros cinco investigadores destacados, incluidos dos que fueron asesinados en sus propios hogares.

Nuno Loureiro, de 47 años, fue asesinado en su casa de Brookline, un suburbio de Boston, el 15 de diciembre de 2025. Las autoridades afirmaron que el autor del tiroteo fue Claudio Neves Valente, un antiguo compañero de clase de Portugal.

Sin embargo, un antiguo funcionario del FBI e investigadores independientes han señalado que el revolucionario trabajo de Loureiro en el campo de la fusión nuclear podría haberlo convertido en el blanco de una conspiración más amplia contra los científicos estadounidenses.

Al igual que el trabajo de Eskridge con la tecnología antigravedad como fuente potencial para la producción de energía y los viajes de larga distancia, la investigación de Loureiro se centró en la física del plasma, el estudio de los gases ionizados a temperaturas extremadamente altas, y en cómo aplicarlos a la energía de fusión, una prometedora fuente de energía limpia.

Un avance en este campo podría revolucionar la industria de los combustibles, valorada en billones de dólares, al reducir la demanda de petróleo, gas y carbón, especialmente para la generación de energía y el transporte. Los usuarios con gran demanda, como los centros de datos, también podrían pasarse a la fusión para obtener energía fiable y ecológica.

Otro científico fue asesinado a tiros en un ataque no provocado en su domicilio de California. El astrofísico Carl Grillmair, de 67 años, fue asesinado el 16 de febrero de 2026, tras recibir un disparo en el porche de su casa alrededor de las 6 de la mañana, hora local.

El científico había trabajado en los proyectos NEOWISE y NEO Surveyor, telescopios infrarrojos de la NASA que rastrean asteroides pero utilizan la misma física que los sistemas militares para rastrear satélites y misiles.

El Departamento del Sheriff del condado de Los Ángeles identificó a Freddy Snyder, de 29 años, como sospechoso en el caso de homicidio de Grillmair y posteriormente lo acusó de asesinato, robo de vehículo y allanamiento de morada.

Por su parte, los científicos de la NASA Michael David Hicks y Frank Maiwald, que trabajaban en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la agencia espacial en California, fallecieron en circunstancias desconocidas a una edad temprana.

Maiwald, de 61 años, era el investigador principal de un avance que podría ayudar a futuras misiones espaciales a detectar signos claros de vida en otros mundos, apenas 13 meses antes de su fallecimiento en 2024.

Hicks, que falleció en 2023, apenas un año después de dejar el JPL a los 59 años, había participado en el Proyecto DART, la prueba de la NASA para ver si los humanos podrían desviar asteroides peligrosos lejos de la Tierra.

El JPL de la NASA no ha hecho comentarios sobre las muertes de Maiwald o Hicks, y no respondió a las preguntas del Daily Mail sobre la naturaleza del trabajo de los científicos antes de sus muertes.

En otro misterioso incidente, Jason Thomas, un investigador farmacéutico que probaba tratamientos contra el cáncer en Novartis, fue hallado muerto en un lago de Massachusetts el 17 de marzo de 2026, tras desaparecer sin dejar rastro tres meses antes. La policía local ha afirmado que no se sospecha de ningún acto delictivo.

En cuanto a las personas que desaparecieron y aún no han sido encontradas, cuatro casos se han relacionado con la desaparición del general de la Fuerza Aérea William Neil McCasland, quien tenía conocimiento supuestamente de los secretos gubernamentales relacionados con lo nuclear y los ovnis.

El congresista de Tennessee Tim Burchett declaró a la emisora de radio WABC de Nueva York que McCasland había sido la figura clave en la investigación secreta de Estados Unidos sobre ovnis y tecnología extraterrestre antes de su jubilación.

Burchett afirmó: «Es el tipo que tenía un montón de secretos nucleares. Varias fuentes me han dicho que era el guardián de todo lo relacionado con los ovnis».

Las extrañas circunstancias que rodearon la desaparición del general el 27 de febrero en Nuevo México fueron casi idénticas a las de los cuatro casos de personas desaparecidas que tuvieron lugar entre mayo y agosto de 2025 en el suroeste.

Los investigadores nucleares Steven García, Anthony Chávez y Melissa Casias, así como la científica de la NASA Monica Reza, han estado vinculados a McCasland a través de su labor al frente del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea (AFRL).

El AFRL también tiene su sede en la Base Aérea Wright-Patterson, de la que se rumorea que estudia tecnología extraterrestre desde el accidente ovni de Roswell en 1947.

Durante su estancia en Wright-Patterson, McCasland supervisó y, según se informa, aprobó la financiación del trabajo de Reza sobre un metal de la era espacial para motores de cohetes llamado Mondaloy.

Reza, de 60 años, desapareció mientras hacía senderismo con amigos en California el 22 de junio de 2025. Acababa de convertirse en directora del Grupo de Procesamiento de Materiales del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

Las otras tres desapariciones afectaron a trabajadores de algunas de las instalaciones nucleares más importantes de Estados Unidos, y los tres fueron vistos por última vez saliendo de sus casas sin sus teléfonos ni llaves, al igual que McCasland.

Una fuente anónima declaró al Daily Mail que McCasland también supervisó investigaciones en la Base Aérea de Kirtland, en Nuevo México, durante su carrera, la cual colabora estrechamente con los laboratorios nucleares del país en proyectos de seguridad nacional.

«Toda esa misión se lleva a cabo desde la Base Aérea de Kirtland. Una gran parte de ella, incluida la tecnología y la producción de la tecnología que utilizan, se desarrolla íntegramente en Albuquerque. Por lo tanto, McCasland sin duda habría estado al corriente y habría visitado esas instalaciones», reveló la fuente.