Traducido por el equipo de SOTT.net

Acuñada en Troya en el siglo III a. C., es posible que el objeto fuera enterrado como ofrenda funeraria. Los arqueólogos desconocen exactamente cómo acabó en la actual Alemania.
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© Petri Berlin / Christof HannemannEsta antigua moneda griega se puede ver ahora en Berlín.
Cuando un escolar de 13 años descubrió una pequeña moneda en un campo a las afueras de Berlín, supo que se había topado con algo especial. Pero no fue hasta que los estudiosos analizaron el objeto cuando se dieron cuenta de su verdadera importancia. Acuñada en el siglo III a. C. en la ciudad de Troya, situada en lo que hoy es el oeste de Turquía, la moneda de bronce es el primer artefacto griego antiguo desenterrado jamás en la capital alemana.

El adolescente mostró su hallazgo a los investigadores durante una visita en noviembre de 2025 a Petri Berlin, un laboratorio arqueológico interactivo construido sobre los cimientos de una escuela de latín de la época medieval.

«Nadie sabía exactamente qué era porque era muy pequeña», explica Jens Henker, arqueólogo de la Autoridad del Patrimonio de Berlín, a la revista Smithsonian. «Estaba claro que se trataba de algo antiguo».

Un numismático identificó el hallazgo como una moneda troyana que data aproximadamente de entre el 281 y el 261 a. C. Según un comunicado, en el anverso aparece Atenea, la diosa griega de la guerra y la sabiduría, con un yelmo corintio, mientras que en el reverso se muestra una imagen de la deidad con un tocado kalathos, con una lanza en la mano derecha y un huso en la otra.

Al principio, los expertos no tenían claro si la moneda la había perdido un coleccionista actual en Spandau, un barrio del oeste de Berlín, o si se había enterrado en la tierra en una época más cercana a su creación. Pero Henker pronto se dio cuenta de que el campo donde el niño había encontrado la moneda era un yacimiento arqueológico muy conocido.

Las excavaciones realizadas en las décadas de 1950 y 1970 sugirieron que la zona se utilizó como cementerio, quizá desde principios de la Edad del Hierro (aproximadamente entre el 800 y el 450 a. C.) y durante siglos. Entre los artefactos descubiertos en el yacimiento se encuentran fragmentos de cerámica, un botón de bronce y una pieza de una funda de cuchillo eslava.
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Con 12 milímetros de diámetro, la moneda recién descubierta es considerablemente más pequeña que una moneda de diez centavos estadounidense. Henker sugiere que, dado su tamaño, la moneda tenía poco valor para los pueblos de habla germánica que vivían en la región en aquella época. Al carecer de un sistema monetario, estas tribus consideraban las monedas de grupos externos principalmente como una fuente de plata, oro y otros metales preciosos.

Las monedas antiguas que no fueron fundidas para su reutilización se han encontrado típicamente en cementerios, lo que sugiere que fueron «colocadas en las tumbas como una especie de ofrenda funeraria», explica Henker a Sarah Hucal, de Deutsche Welle. «Esto parece ser como un recuerdo utilizado para recordar algo, tal vez incluso una experiencia en la vida de alguien».

Aún no está claro cómo llegó exactamente la moneda de Troya a Berlín. Aunque esta ficha de bronce es la primera de este tipo desenterrada en la ciudad, Henker señala que ya se han encontrado monedas griegas antiguas en otras partes de Alemania. Por su parte, arqueólogos griegos también han descubierto en tumbas milenarias objetos importados de esta parte de Europa, como ámbar utilizado para elaborar joyas y otros artículos.
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Las tribus germánicas no dejaron registros escritos. Pero un libro publicado alrededor del año 320 a. C. por el navegante griego Piteas ofrece pruebas adicionales de las interacciones entre estos grupos y el mundo griego antiguo. Aunque el texto original se ha perdido, las reconstrucciones basadas en historias escritas siglos después de los hechos indican que Piteas documentó sus viajes a las Islas Británicas y a la costa atlántica de Europa. Los griegos «eran conscientes, por supuesto, de que los europeos se enfrentaban al océano, un océano envolvente que muchos creían que rodeaba el mundo conocido», escribió el arqueólogo Barry W. Cunliffe en El extraordinario viaje de Piteas el griego. «También sabían que de algún lugar a lo largo de esta misteriosa frontera procedían el estaño, el ámbar y el oro».

Piteas, sin embargo, fue el primer griego en viajar más allá del «mundo conocido» y registrar lo que vio. Sus hallazgos desafiaron la imagen de los habitantes de estas regiones como «bárbaros», por lo que los griegos «lo menospreciaron un poco en aquella época», explica Henker a Smithsonian. «Decían: 'Se lo está inventando. Es imposible que eso exista'».

Por ahora, Henker y sus colegas solo pueden especular sobre cómo se desarrolló el recorrido de la moneda. El comercio es una posible explicación, pero Henker también sugiere que los antiguos griegos podrían haber reclutado a pueblos germánicos como soldados, al igual que harían los romanos unos siglos más tarde.

«Hay periodos, especialmente en la Edad del Hierro, en los que se produce una pérdida de población y no sabemos adónde fue esa gente», afirma Henker. «De repente desaparecen. Quizá se dirigieron hacia los griegos para alistarse en sus fuerzas militares». Aun así, advierte: «Ni siquiera es una hipótesis. Es solo una idea».