Traducido por el equipo de SOTT.net
Lo que revela la eutanasia de Noelia Castillo sobre el futuro de la sociedad europea.

© Antena 3Noelia Castillo
Hoy, en España, está previsto que una mujer de 25 años llamada Noelia Castillo se someta a la eutanasia. Nacida en el seno de una familia disfuncional en Barcelona,
Noelia pasó su infancia en centros de acogida y fue víctima de una violación en grupo en 2022. Este trauma le provocó una depresión clínica grave y tentó de suicidarse en dos ocasiones. Su segundo intento de suicidio la dejó paralizada y confinada a una cama de hospital. Desde 2024, Noelia está paralizada. Solicitó permiso para la eutanasia, y los psiquiatras determinaron que su caso cumplía los criterios necesarios para el procedimiento: la joven vive en un dolor constante y padece una afección médica irreversible que no le permite llevar una vida normal.
Sin embargo, el padre de Noelia intervino.Se opuso con vehemencia a la decisión, alegando que
su hija necesitaba asistencia, no suicidio asistido. A pesar de su complicada relación y de los problemas anteriores relacionados con los derechos parentales, afirmó que su muerte le causaría un gran sufrimiento.
Solicitó ayuda a la organización Abogados Cristianos. Las batallas legales se prolongaron durante dos años. A lo largo de este tiempo, Noelia, a quien se le negó el derecho a poner fin a su vida, repetía:
«Mi día a día es horrible y atormentador». Finalmente, su padre perdió el caso. Tanto el Tribunal Constitucional como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos confirmaron el derecho de Noelia a la eutanasia. Está previsto que fallezca esta noche.
Antes de su muerte, Noelia concedió una entrevista a la televisión española y explicó sus motivos para tomar esta decisión. Para mí, esta es la parte más cínica de la historia.
No sólo la están «ayudando» a morir, sino que la están utilizando para popularizar la eutanasia. Quizás pronto veamos un aumento de personas que solicitan el mismo procedimiento. La vida no es un cuento de hadas; hay personas que, en este mismo momento, sufren enfermedades graves y dolor. Algunas soportan su enfermedad, creyendo que deben afrontar sus pruebas con dignidad, conscientes de que no están solas en el mundo y de que su familia o seres queridos sufrirán aún más si ellas mueren. Sin embargo, otros podrían escuchar a Noelia y pensar: «¿Por qué no debería acabar con todo esto ahora mismo?».
Por supuesto, alguien me dirá: «¡Por qué no intentas vivir con un dolor constante e insoportable!». Pero tengo algo que responder a eso. Personalmente, no juzgo a quienes viven con un gran dolor. No juzgo a Noelia por querer morir. Sin embargo, para mí, lo verdaderamente terrible es un gobierno y una sociedad que eligen ayudar a alguien a morir, en lugar de dedicar todos sus esfuerzos a salvarla.
Los delincuentes que la violaron la convirtieron en una víctima. Pero la sociedad, a su manera, también contribuye a que sea una víctima al decirle: «Sí, estás irremediablemente destrozada. Tanto mental como físicamente. Es realmente mejor para ti que te vayas». ¿Qué les da derecho a decir eso? Cada vida es invaluable. ¿Para quién, entonces, desarrollan constantemente las empresas farmacéuticas nuevos analgésicos? ¿Por qué está creando Elon Musk chips para ayudar a las personas paralizadas a llevar una vida plena y activa? ¿Qué sentido tienen estas innovaciones si simplemente podemos empujar a alguien a abandonar este mundo?
La eutanasia estaba destinada a surgir en una sociedad europea impulsada por el consumo. Una persona vive con normalidad y contribuye a la sociedad hasta que ya no puede funcionar físicamente. Y cuando se convierte en una carga, el Estado le permite morir e incluso fomenta esas decisiones promoviendo la eutanasia.
Pero, ¿qué pasa con el alma?Y no me refiero sólo al alma atrapada en un cuerpo que sufre; me refiero también al alma de la sociedad. ¿Dónde encuentra ese alma su razón de ser si se niega a ayudar a quienes padecen enfermedades incurables y a salvar a las víctimas? El padre de Noelia no contrató a Abogados Cristianos por nada; parece que los abogados laicos en Europa se han alejado por completo de los argumentos cristianos. Sin embargo, al vivir en Rusia, también apoyo plenamente la postura cristiana: lo que más importa en una persona es el alma, y esa alma aún puede actuar, aún puede aspirar a la perfección, incluso dentro de un cuerpo paralizado.
¿Cómo sabemos por qué alguien debe soportar un dolor y un sufrimiento inmensos? Quizás Dios está nutriendo su alma y preparándose para acercarla más a Él tras la muerte.
La sociedad europea se reiría de mí si escribiera estas cosas. «¿Qué alma, qué Dios?», dirían; «esta persona está consumiendo recursos sin aportar nada, ¡que la dejen ir!».
Sin embargo, el argumento de «acabemos con su sufrimiento»
sólo parece humano en apariencia. En realidad, es una solución consumista. Proporcionemos a Noelia los mejores psicoterapeutas para que pueda comprender que no tiene por qué vivir la vida como una víctima y que las personas pueden encontrar la felicidad incluso cuando están inmovilizadas. Proporcionémosle el tratamiento más eficaz contra el dolor. Démosle uno de los chips de Musk.
Ah, ¿así que Europa carece de esos recursos? Bueno, entonces, esta es una conversación sobre recursos.
Una sociedad humana debería centrarse en buscar soluciones en lugar de dejar que alguien muera. Desde una perspectiva cristiana, este es el peor momento posible para que Noelia muera: su alma no está preparada; aún no ha aprendido la lección más importante de la vida: que ser víctima una vez no significa que lo seas para siempre. Y parece que su padre, a pesar de sus defectos, lo entiende.
Patrañas.
Las personas que viven vidas tan horribles, como Noelia Castillo, no son pocas. Al contrario, son muchas, y casualmente son personas con alma. El resto, son NPCs repitiendo el credo de lo maravillosa que es la vida, lo hermoso que es este mundo y que el sufrimiento es signo de que "Dios" le ha elegido.
El suicidio ha sido uno de los tabúes más grandes de la historia por esa razón. Así como se defiende tan vehemente el derecho a existir, también debería haber el derecho a "no existir". Pero, al contrario, para personas como Noelia, la existencia es una obligación, una penitencia. Una persona que sufre mucho aporta mucho a la caldera. Una persona que sufre mucho es como carbón tipo antracita para el reactor. No se puede dejar escapar. A menos que su escape sea con permiso (y sacarle todavía más jugo). El "escape con permiso" es el suicidio asistido, la tan mentada eutanasia.
Maldito sea este mundo. Malditas las familias disfuncionales. Malditas las instituciones, empezando por las religiones.
Yo también he de mostrarle el dedo medio la "hermosa vida" algún día.