Al final del camino, volvía a estar la energía nuclear. Tras décadas de sobrecostes, protestas públicas y catástrofes en otros lugares, China ha surgido como el último gran creyente del mundo, con planes para generar una cantidad ingente de este tipo de energía, rápidamente y a un coste relativamente bajo con el telón de fondo de un futuro sin emisiones de carbono.
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Vista de una central en el noreste de China, en la provincia de Mongolia Interior.
China, el mayor emisor del mundo, planea construir al menos 150 nuevos reactores en los próximos 15 años, más de los que el resto del mundo ha construido en los últimos 35. El esfuerzo podría costar hasta 440.000 millones de dólares. A mediados de esta década, el país superará a EEUU como mayor generador de energía nuclear del mundo.

Pekín nunca ha escondido su interés por la energía nuclear como parte del objetivo del presidente Xi Jinping de hacer que la economía china sea neutra en carbono para mediados de siglo. Sin embargo, a principios de este año se daba un nuevo giro de tuerca: el gobierno señalaba a la energía atómica como la única forma de energía con objetivos provisionales específicos en su plan quinquenal oficial. Poco después, el presidente de China General Nuclear Power, respaldada por el Estado, exponía el objetivo a largo plazo: 200 gigavatios para 2035, suficientes para abastecer a más de una docena de ciudades del tamaño de Pekín.

Sería el tipo de transformación energética al por mayor que las democracias occidentales -con limitaciones presupuestarias, voluntad política exigua y opinión pública en contra- sólo pueden soñar. También se materializaría el objetivo de China de exportar su tecnología al mundo en desarrollo y más allá, impulsada por una crisis energética que ha puesto de manifiesto la fragilidad de otros tipos de fuentes de energía. Los vientos más lentos y las escasas precipitaciones han hecho que el suministro de las presas y los parques eólicos de Europa sea menor de lo previsto, lo que ha agravado la crisis, y el carbón y el gas natural, más caros, han provocado recortes de energía en las fábricas de China e India. Sin embargo, las centrales nucleares han permanecido incondicionales.

China afirma que sus planes podrían evitar unos 1.500 millones de toneladas de emisiones anuales de carbono, más de lo que generan el Reino Unido, España, Francia y Alemania juntos, informa Bloomberg. Para quienes consideran que la energía nuclear es fundamental para desprenderse de los combustibles que calientan el planeta, como el carbón, se trata de un experimento muy interesante a una escala proporcional al problema.

Sin embargo, aunque China pueda desarrollar los reactores nucleares más rentables, seguros y flexibles del mundo, es poco probable que EEUU, India y Europa acojan a su mayor adversario mundial en sus suministros de energía. CGN ha estado en una lista negra del gobierno estadounidense desde 2019 por el presunto robo de tecnología militar. En julio, el Reino Unido comenzó a buscar formas de excluir a CGN de su desarrollo del reactor de Sizewell. Iain Duncan Smith, diputado tory, lo dijo sin tapujos: "La energía nuclear es fundamental para nuestra electricidad, y no podemos confiar en los chinos".
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El plan definitivo de China es sustituir casi todos sus 2.990 generadores de carbón por energía limpia para 2060. Para hacerlo realidad, la energía eólica y la solar pasarán a dominar la combinación energética del país. La energía nuclear, más cara pero también más fiable, ocupará un tercer puesto, según una evaluación realizada el año pasado por investigadores de la Universidad de Tsinghua.

Otros países tendrían que esforzarse para permitirse incluso una fracción de las inversiones de China. Pero alrededor del 70% del coste de los reactores chinos está cubierto por préstamos de bancos estatales, a tipos de interés mucho más bajos que los que pueden conseguir otras naciones, asegura a Bloomberg François Morin, director para China de la Asociación Nuclear Mundial.

Esto supone una gran diferencia, ya que la mayor parte del coste de la energía atómica corresponde a la construcción inicial. Con un interés del 1,4%, aproximadamente el mínimo para proyectos de infraestructura en lugares como China o Rusia, la energía nuclear cuesta unos 42 dólares por megavatio-hora, mucho más barato que el carbón y el gas natural en muchos lugares. Con un interés del 10%, en el extremo superior del espectro en las economías desarrolladas, el coste de la energía nuclear se dispara hasta los 97 dólares, más caro que todo lo demás. "La gente dice que la energía nuclear es cara en Occidente, pero se olvida de decir que es cara por los tipos de interés", puntualiza Morin.

China mantiene los costes exactos en secreto de Estado, pero analistas como Bloomberg NEF y la Asociación Nuclear Mundial calculan que China puede construir centrales por unos 2.500 a 3.000 dólares por kilovatio, aproximadamente un tercio del coste de los proyectos recientes en EEUU y Francia. El objetivo de 147 gigavatios adicionales para 2035 costaría entre 370.000 y 440.000 millones de dólares, lo que supondría una ganancia potencial para los inversores de CGN Power, China National Nuclear Power y China Nuclear Engineering & Construction. En la actualidad, las acciones de las unidades cotizadas de las tres empresas estatales han subido entre un 19% y un 43% desde agosto, en comparación con la caída del 2,3% del índice Hang Seng de Hong Kong.

China también espera que sus proyectos nacionales convenzan a los posibles compradores extranjeros. En 2019, el ex presidente de China National Nuclear dijo que China podría construir 30 reactores en el extranjero que podrían hacer ganar a las empresas chinas 145.000 millones de dólares para 2030 a través de su Iniciativa Belt and Road.

Su cliente más ansioso ha sido Pakistán que, al igual que China, comparte una frontera a veces violentamente disputada con la India. China ha construido allí cinco reactores nucleares desde 1993, incluido uno que ha entrado en funcionamiento este año y otro que se espera que esté terminado el año que viene.

Otros países se han mostrado más reticentes. Rumanía canceló el año pasado un acuerdo de dos reactores con CGN y optó por trabajar con Estados Unidos en su lugar. Un acuerdo de 2015 con Argentina se ha estancado por la agitación económica y los cambios en la dirección del país. Los memorandos de entendimiento para construir reactores con países como Kenia y Egipto aún no se han convertido en algo concreto.

Además de las posibles consecuencias geopolíticas, los socios potenciales tienen otras preocupaciones. China no ha firmado ninguno de los tratados internacionales que establecen normas para compartir la responsabilidad en caso de accidente. Tampoco se ha ofrecido a recuperar el combustible gastado, una desventaja añadida frente a Rusia, que sí lo hace.

El 'fantasma' de Fukushima

Antes de la fusión de Fukushima, los objetivos nucleares de China eran aún mayores. Una semana después del tsunami que provocó la fusión de la planta atómica japonesa, el gobierno chino puso una moratoria a los nuevos proyectos e inició una profunda revisión de la seguridad de todo su programa. En 2014, decidió no construir más reactores que requirieran medidas de seguridad activas, como el de Fukushima. Volvió a pausar las aprobaciones durante varios años hasta que estuvo satisfecha con su nueva tecnología.

Fukushima, Chernóbil, Three-Mile Island: Cada nueva catástrofe subraya el riesgo más evidente de la energía nuclear. Las centrales albergan material radiactivo increíblemente peligroso: incluso después de 10 años de enfriamiento, el combustible gastado puede liberar veinte veces la dosis mortal de radiación en una hora. Los científicos afirman que la tecnología ha mejorado y, hasta ahora, los efectos a largo plazo de la fusión de Fukushima han sido menos graves de lo que muchos temían. Pero el apoyo público a la energía nuclear ha disminuido.

El historial de Pekín era prácticamente intachable hasta junio, cuando surgieron informes sobre un problema en la planta diseñada por Francia en Taishan. El incidente puso de manifiesto el problema potencial de los grandes proyectos nucleares, y cómo pueden empeorar por la típica falta de transparencia o responsabilidad pública de las empresas chinas. Aunque el incidente terminó sin incidentes, amplió la ya enorme brecha de confianza entre China y el mercado mundial de la tecnología nuclear. Con estos grandes planes del gigante asiático sobre la mesa, los recelos continuarán.