Pese a que en junio todo parecía indicar que el gigante transgénico había dado un paso atrás, retirando sus peticiones pendientes de aprobación para desarrollar nuevos cultivos transgénicos en la Unión Europea, la información proporcionada a RT por Frederic Vincent, portavoz del comisario europeo para Salud y Política de consumo, Toni Borg, parece indicar que Monsanto todavía se guarda una carta en la manga.
El maíz transgénico SmartStax, fruto de la colaboración de las estadounidenses Monsanto y Dow AgroSciences, combina los genes de dos variedades de maíz ya modificado e incluye ocho genes añadidos artificialmente (antes el mayor número de genes artificiales en una planta no superaba los tres). Su aprobación fue promovida por Monsanto y Dow AgroSciences desde 2008.
A pesar de que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en ingles) ha confirmado varias veces que el consumo de SmartStax no daña la salud, expertos independientes de Europa sostienen que el cultivo del súper-maíz es extremadamente controvertido, ya que no existen pruebas de largo plazo.