Traducido por el equipo de SOTT.net

Puede que el mayor reto al que se enfrenta la inteligencia artificial no sea, en absoluto, la inteligencia.
Es la electricidad.
Jason Herring
© UnknownJason Herring, fundador de VIVIFY y Syzygy
El mundo avanza a toda velocidad hacia una era marcada por centros de datos de IA, fábricas autónomas, robots humanoides, automatización militar e informática siempre activa. Sin embargo, detrás de cada modelo revolucionario, rack de servidores, robot y sistema automatizado se esconde una obstinada limitación física que el software por sí solo no puede resolver: la energía.

Las cifras ya son abrumadoras. La Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo eléctrico de los centros de datos se duplicará con creces, alcanzando aproximadamente los 945 teravatios-hora para 2030. En Estados Unidos, el Departamento de Energía ha citado estimaciones que sugieren que los centros de datos podrían llegar a consumir hasta el 9 % de la generación eléctrica anual del país a finales de la década.

Y eso antes de que la economía robótica llegue con toda su fuerza. Morgan Stanley ha pronosticado que la población mundial de robots humanoides podría acercarse a los mil millones de unidades para 2050. Otra previsión de la empresa estima que solo en Estados Unidos podría haber 8 millones de robots humanoides en funcionamiento para 2040.

ason Herring
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Jason Herring: ¡Él tiene el poder!
La revolución de la IA no es solo una cuestión de programación. Es una cuestión de energía.

La tensión ya se está haciendo patente. En todo Estados Unidos y en otros lugares, los proyectos de centros de datos se han retrasado, cuestionado o abandonado simplemente porque no se dispone de suficiente energía eléctrica. Utility Dive informó que las cancelaciones de proyectos de centros de datos aumentaron considerablemente en 2025, mientras que otras previsiones del sector han advertido que entre el 30 y el 50 por ciento de las grandes instalaciones cuya finalización está prevista para 2026 podrían sufrir retrasos debido a la escasez de energía, las limitaciones de equipamiento y la creciente oposición pública.

Este es el problema para el que Jason Herring cree que se ha pasado gran parte de su carrera preparándose para abordarlo.

Herring, fundador de VIVIFY Technology, ha sido descrito por algunos de sus seguidores como un posible Elon Musk de la era del hidrógeno. Se trata de una comparación ambiciosa, aunque no del todo infundada. Musk se labró su reputación abordando cuellos de botella a gran escala que otros aceptaban como permanentes: los pagos digitales, los vehículos eléctricos, los vuelos espaciales comerciales, las comunicaciones por satélite y el almacenamiento de energía.

El objetivo de Herring es diferente, pero podría decirse que igual de fundamental. Se centra en lo que podría convertirse en una de las limitaciones determinantes de la era de la IA: la disponibilidad de fuentes de energía fiables, escalables y más limpias.

Sin embargo, Herring no es un emprendedor novato que cuente con poco más que una presentación de ideas.

Su primer gran éxito empresarial llegó en 2015, cuando vendió su empresa de aplicaciones por aproximadamente 70 millones de dólares. La empresa surgió a raíz de un problema que detectó en los clubes de campo y en el sector hotelero. Existían sistemas de software para el golf, el tenis, la hostelería y las funciones de gestión, pero muchos funcionaban de forma independiente, sin poder comunicarse entre sí. Herring creó una plataforma que conectaba esos sistemas inconexos y transformó una frustración persistente del sector en un negocio de éxito.

Según él mismo cuenta, su empresa de software se convirtió en la primera que realmente tuvo importancia en su vida profesional, ya que resolvió un problema con el que muchas organizaciones simplemente habían aprendido a convivir.

La jubilación nunca fue el siguiente paso.
Jason Herring vivify
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Jason Herring y la nueva tecnología vivify
En 2017, Herring fundó Syzygy, una empresa centrada en la fabricación y el diseño de la que sigue siendo propietario. Según la información sobre la trayectoria de la empresa, Syzygy genera actualmente unos ingresos anuales de aproximadamente 50 millones de dólares. Sin embargo, más importante que los ingresos en sí fue lo que la empresa le enseñó. Herring ha descrito Syzygy como el lugar donde aprendió a construir desde cero la infraestructura, los sistemas de fabricación, la cultura organizativa, los procesos operativos y las relaciones comerciales globales.

En muchos aspectos, considera que Syzygy fue el campo de pruebas que, en última instancia, hizo posible VIVIFY. Esa trayectoria determina cómo debe entenderse VIVIFY.

Esta no es la historia de un emprendedor que busca su primer éxito o una ganancia económica rápida. Herring ya ha creado empresas, generado riqueza y llevado a cabo una salida significativa. En entrevistas, ha dado a entender que su motivación ahora va más allá de los resultados económicos. Lo que le interesa, afirma, es crear algo duradero: una empresa capaz de sobrevivir a su fundador y dejar un impacto duradero.

Los orígenes de VIVIFY se remontan a mucho antes del reciente auge de la IA. Según la documentación de la empresa, VIVIFY se fundó originalmente en 2013, pero posteriormente quedó en segundo plano mientras Herring se concentraba en hacer crecer Syzygy. El proyecto permaneció en segundo plano durante años. Herring lo describe como un esfuerzo a largo plazo que mucha gente consideraba poco realista o imposible antes de que finalmente empezara a surgir un sistema operativo.

Sin embargo, en 2024, las circunstancias habían cambiado drásticamente. La inteligencia artificial había desencadenado una carrera mundial por las infraestructuras. Los operadores de centros de datos, las empresas tecnológicas y los inversores se encontraron de repente debatiendo sobre la electricidad con la misma urgencia con la que las empresas de semiconductores debaten sobre las cadenas de suministro de chips. El sector se enfrentaba a una realidad sencilla: la potencia computacional solo tiene el valor de la energía que la sustenta.

Así pues, Herring volvió a trabajar a tiempo completo en VIVIFY. Una figura clave en esta iniciativa es Buddy Paul, ingeniero distinguido y arquitecto jefe de sistemas de VIVIFY. Los registros públicos indican que Paul cuenta con experiencia en la NASA, mientras que las bases de datos de patentes lo citan como inventor en solicitudes de patentes relacionadas con el sector aeroespacial y vinculadas a Lockheed Martin.

Juntos, Herring y Paul han dedicado años a desarrollar lo que VIVIFY describe como un nuevo enfoque para la generación de energía a base de hidrógeno.

En el centro de ese proyecto se encuentra el HOG (o Generador de Hidrógeno y Oxígeno), el sistema de circuito cerrado insignia de la empresa. Según VIVIFY, la plataforma genera hidrógeno in situ utilizando agua como materia prima principal. Se introducen aproximadamente dos toneladas de agua en el sistema, donde un conjunto patentado denominado «Pulsar» realiza la electrólisis para producir hidrógeno bajo demanda. A continuación, ese hidrógeno se utiliza para impulsar turbinas multietapa de alta eficiencia capaces de generar electricidad y calor.

La empresa afirma que el sistema funciona sin una cadena de suministro de combustible externa tradicional y puede alcanzar reducciones de emisiones cercanas al 99 % en determinadas condiciones de funcionamiento. El concepto resulta más fácil de visualizar a través del producto más destacado de VIVIFY: el Flying Pig.

Presentado el 21 de mayo, el Flying Pig es una plataforma energética en contenedor que funciona con hidrógeno, diseñada para caber dentro de un contenedor de transporte estándar. Según la empresa, cada unidad es capaz de generar un megavatio de potencia, y se puede aumentar la capacidad conectando varios módulos entre sí.

VIVIFY prevé aplicaciones que van desde centros de datos de inteligencia artificial e instalaciones industriales hasta operaciones de respuesta ante catástrofes, despliegues militares y, en última instancia, entornos muy remotos. Los materiales de la empresa y los anuncios sobre el producto describen el sistema como un esfuerzo por proporcionar independencia energética escalable allí donde la infraestructura convencional pueda no estar disponible o resultar poco práctica.

Es aquí donde las comparaciones con Musk cobran mayor relevancia. Tesla no inventó el vehículo eléctrico, pero aceleró el compromiso del sector con la electrificación. SpaceX no inventó los cohetes, pero cuestionó supuestos arraigados sobre los costes de lanzamiento y la reutilización.

Si la tecnología de VIVIFY funciona tal y como se promete, podría forzar una reconsideración similar dentro del sector energético. La premisa subyacente es sencilla, pero potencialmente disruptiva: la generación de energía a gran escala puede que no siempre requiera suministros centralizados de combustible, extensas redes de infraestructura o años de espera para las conexiones a la red eléctrica.

La visión es, en esencia, energía suministrada en una caja:

- Las unidades militares podrían reducir su dependencia de líneas de suministro vulnerables.
- Remote industrial operations could operate without diesel dependence.
- Las operaciones industriales remotas podrían funcionar sin depender del diésel.
- Communities could strengthen resilience through localized backup power.
- Las comunidades podrían reforzar su resiliencia mediante sistemas de energía de reserva localizados.

Estas posibilidades son significativas. También requieren un análisis minucioso. Las tecnologías que prometen transformar el panorama energético deben, en última instancia, demostrar su valía mediante pruebas rigurosas, evaluaciones de seguridad, validación por parte de terceros, implementaciones exitosas y un rendimiento sostenido en el mundo real. La historia está repleta de avances energéticos que generaron entusiasmo en la fase de prototipo, pero que tropezaron al enfrentarse a las realidades de la fabricación, la economía y la escala.

Si VIVIFY acabará sumándose a esa lista (o se convertirá en una de las pocas empresas que alteran de forma fundamental la forma en que se produce y distribuye la energía) sigue siendo una incógnita.

Lo que está claro es que la era de la IA que se avecina exigirá cantidades extraordinarias de energía. La carrera por construir el futuro se está convirtiendo cada vez más en una carrera por suministrarle energía. Y los emprendedores que puedan resolver ese problema pueden resultar tan importantes como los tecnólogos que construyen las máquinas que la consumen.