
La postura del Gobierno iraní confronta directamente la retórica emitida desde la Casa Blanca en medio de la escalada bélica.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvo que su país no tolerará el cambio de opinión de Teherán y afirmó: «Hemos destruido su Ejército. Les estamos dando muy duro».
Frente a estas amenazas, Irán reconoció que el acuerdo bilateral ha entrado en «una fase crítica», pero insistió en que su arsenal militar sigue siendo fuerte y capaz de responder cualquier agresión.
El aumento de las hostilidades en la región desencadenó acciones de respuesta por parte de las fuerzas de la República Islámica. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) anunció el inicio de agresiones contra Irán.
En represalia, las fuerzas iraníes atacaron con drones y misiles de crucero objetivos estadounidenses en la región y lanzaron misiles a posiciones de Estados Unidos en Jordania.
Las autoridades de Teherán subrayaron que no están atacando, sino ejerciendo su derecho a la legítima defensa. Además, prometieron que no permitirán que Washington intervenga en la gestión del estratégico estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el tránsito de petróleo.
El actual panorama de confrontación recrudeció tras un intercambio de ataques directos entre las fuerzas de Washington y Teherán durante la noche del sábado 11 y la madrugada del domingo 12 de julio. Las tensiones en la región registran un aumento sostenido desde el inicio de la agresión estadounidense-israelí contra Irán, el 28 de febrero pasado.
Ambas potencias firmaron en junio un memorando de entendimiento que contemplaba un alto el fuego, alcanzado bajo la mediación diplomática de Qatar y Pakistán como fase previa a un acuerdo definitivo. El presidente estadounidense, Donald Trump, rompió el pacto el pasado 8 de julio al anunciar el fin de la tregua en medio de una nueva reactivación de las hostilidades.



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