Traducido por el equipo de SOTT.net

¿De verdad alguien que tuviera intención de suicidarse se llevaría estas cosas consigo?
Melissa Casias,
© Redes sociales
Nuevas informaciones revelan que Melissa Casias, asistente administrativa del laboratorio nuclear de Los Álamos, salió de casa con objetos cotidianos que sugieren que su intención era sobrevivir (y no acabar con su vida), lo que plantea nuevas preguntas en el creciente patrón de muertes misteriosas entre el personal relacionado con el ámbito nuclear y los ovnis.

Algunos han sugerido que Casias se suicidó, pero nuevos detalles sobre sus últimos momentos muestran que, antes de salir por la puerta de su casa en Ranchos de Taos el 26 de junio de 2025, Casias se llevó consigo su cepillo de dientes y su medicación para la tiroides.

Lauren Conlin, colaboradora de la revista Los Angeles Magazine, que ha seguido de cerca el caso, declaró a NewsNation que se trata de «cosas que podrían indicar que uno tiene intención de seguir con vida».


Además, regresó a casa para dejar tanto su teléfono del trabajo como el personal, de los que más tarde se descubrió que habían sido borrados por completo. Sus restos óseos fueron hallados casi un año después junto a una pistola que, según su familia, no le pertenecía. No se recuperó ninguna bala, a pesar de los informes que apuntaban a una herida de bala en la cabeza.

El investigador Morgan Wright lo expresó sin rodeos: «No te quedas desplomado contra un árbol... La mayoría de las veces, en todas las escenas del crimen en las que he trabajado, hay restos esqueletizados y no queda tejido conectivo. Todo está en el suelo, hecho pedazos».

Estos elementos (los objetos de supervivencia, los teléfonos borrados, el arma desconocida y las incongruencias de la escena del crimen) son ahora objeto de un nuevo escrutinio.


Este último enfoque del caso Casias surge en un contexto en el que se ha documentado una serie de incidentes similares que involucran a científicos y personal de apoyo vinculados a programas sensibles.

El general de división retirado de la Fuerza Aérea William Neil McCasland, descrito durante mucho tiempo como un «guardián» de los ovnis, desapareció apenas unos días después de que el presidente Trump ordenara la divulgación completa de los expedientes sobre FANI.

Un experto en propulsión nuclear de la NASA fue hallado carbonizado en el interior de un Tesla accidentado.

Un ingeniero aeroespacial vinculado a la NASA y varios miembros de su familia fallecieron en un accidente aéreo.

Otros casos elevaron el total a unos 11 a mediados de abril de 2026, muchos de ellos con características comunes, como dispositivos borrados y desviaciones bruscas de la rutina habitual.

El presidente Trump se ha referido directamente a esta amplia serie de casos, declarando a los periodistas que se trata de «un asunto bastante grave» y que la Administración los está revisando. Afirmó que, aunque algunas de las personas eran «figuras muy importantes», «hasta ahora no encontramos que haya mucha conexión entre ellos», y describió muchos de los casos como asuntos individuales. Se comprometió a presentar un informe completo.

Desde entonces se han publicado tres lotes de expedientes desclasificados sobre ovnis o FANI en virtud de las directivas de transparencia de la Administración, y se esperan más lotes.

El ex director adjunto del FBI Chris Swecker ha destacado los riesgos que existen en entornos clasificados, señalando que el personal administrativo de los laboratorios con alto nivel de autorización «básicamente estaría al tanto de lo que ocurre» y que «no sería la primera vez que su asistente administrativo se convierte en objetivo».

Más recientemente, el exagente del FBI Ben Hansen valoró el caso Casias como «un 80 % de juego sucio, aproximadamente» y planteó la posibilidad de que se utilizaran tácticas avanzadas, como armas de energía dirigida o tecnología de transmisión de voz al cráneo, que podrían influir en el comportamiento sin dejar rastros convencionales.

En un contexto en el que Estados Unidos está sacando finalmente a la luz expedientes sobre tecnología avanzada que llevaban mucho tiempo ocultos, la pérdida reiterada de personal con acceso a esos mismos secretos tiene repercusiones para la seguridad nacional. Ya sea que estén implicados actores extranjeros, una resistencia interna a la transparencia u otras fuerzas, este patrón merece un análisis riguroso.

La disposición de la Administración Trump a hacer públicos los expedientes y revisar estos casos supone una ruptura con el secretismo del pasado.

La ciudadanía tiene ahora todo el derecho a exigir el mismo nivel de transparencia en lo que respecta a por qué estas personas concretas (y las pequeñas pero reveladoras decisiones que tomaron en sus últimas horas) siguen desapareciendo del panorama.