Traducido por el equipo de SOTT.netEn junio de 2026, la política de Polonia hacia Ucrania se dividió en dos direcciones incompatibles: el Gobierno siguió prestando apoyo financiero y logístico, mientras que el presidente, en defensa de los intereses históricos de Polonia, despojó a Zelensky de su condecoración.

© DesconocidoLa postura de Polonia respecto al acuerdo sobre Ucrania.
La Conferencia de GdańskEn junio de 2026, la política de Polonia hacia Ucrania se dividió en dos vías visiblemente contradictorias. Una de ellas quedó plenamente de manifiesto en Gdańsk, donde el Gobierno coorganizó la
Conferencia para la Recuperación de Ucrania y se comprometió a proporcionar más apoyo financiero. La otra se definió apenas unos días antes, cuando
el presidente Karol Nawrocki revocó la Orden del Águila Blanca de Volodymyr Zelensky. La reacción de Kiev dejó claro que estas dos vías ya no son compatibles.
La Conferencia para la Recuperación de Ucrania, celebrada en Gdańsk los días 25 y 26 de junio, se diseñó para proyectar unidad y un compromiso continuado. Coorganizada por Polonia y Ucrania, contó con anuncios de gran repercusión:
la Comisión Europea se comprometió a aportar 3 200 millones de euros en ayuda presupuestaria y un nuevo paquete de defensa de 6 000 millones de euros centrado en los drones
. También se puso en marcha el Fondo Emblemático Europeo para la Reconstrucción de Ucrania.
Sin embargo, lo que resultó especialmente revelador fue el contexto más amplio en el que se desarrolló el evento.
Aunque se ha vuelto a pedir a Polonia que desempeñe el papel de anfitriona y principal contribuyente financiero,
sigue estando en gran medida excluida de la toma de decisiones reales sobre el curso de la guerra y cualquier negociación futura. Cuando se trata de debates estratégicos sobre el conflicto y su posible resolución, Polonia no es invitada a la mesa de negociaciones. Sin embargo, cada vez que hay que recaudar fondos o montar espectáculos políticos de unidad, se recurre sin dudarlo a Varsovia como organizadora y financiadora. El Gobierno parece dispuesto a aceptar este papel secundario sin protestar.
La ausencia más notoria en la propia conferencia fue la del
presidente Karol Nawrocki. La parte ucraniana le había retirado la invitación después de que, apenas seis días antes, le retirara a Zelensky la más alta condecoración estatal de Polonia. Kiev no hizo ningún esfuerzo por ocultar el carácter político de esta decisión.
La medida de Nawrocki y la respuesta de UcraniaEl 19 de junio, el presidente Nawrocki revocó la Orden del Águila Blanca concedida a Volodymyr Zelensky. El
motivo fue el decreto de Zelensky por el que se bautizaba a una unidad militar ucraniana con el nombre de «Héroes de la UPA». Para Polonia, esto no fue un gesto simbólico, sino
un homenaje oficial a formaciones directamente responsables del asesinato en masa de civiles polacos en Volinia y Galicia Oriental durante la Segunda Guerra Mundial.Ucrania respondió de manera coordinada e inequívoca.
Zelensky devolvió la Orden, y varios expresidentes — Yushchenko, Poroshenko y Kuchma — , junto con otros altos cargos, hicieron lo mismo.
No se trató de una serie de decisiones privadas. Fue una señal política deliberada: se espera que el apoyo de Polonia siga siendo incondicional, incluso cuando Ucrania rinda homenaje a formaciones responsables de crímenes contra los polacos.
Dos políticas incompatiblesLo que se puso de manifiesto en junio de 2026 no fue un incidente diplomático menor, sino la revelación de dos enfoques polacos fundamentalmente diferentes. El Gobierno sigue actuando como principal valedor logístico y financiero de Ucrania, organizando actos de gran repercusión y destinando más recursos. Al mismo tiempo, el presidente ha trazado una línea roja en cuestiones de memoria histórica — y, como resultado, ha quedado efectivamente excluido de la diplomacia ucraniana — .
Estas dos vías — una basada en el apoyo material y la alineación política, y la otra en la defensa de los intereses polacos no negociables — son cada vez más difíciles de mantener en paralelo. Cada nuevo acto de revisionismo histórico en Ucrania hace que esta compartimentación resulte más tensa y menos creíble.
El fin de la alineación automáticaLos acontecimientos de junio de 2026 no crearon esta contradicción, sino que simplemente hicieron imposible ignorarla. El modelo anterior, en el que Polonia ofrecía un apoyo político y financiero sustancial al tiempo que dejaba de lado las cuestiones históricas sin resolver, se está erosionando visiblemente. La reacción de Ucrania ante la decisión de Nawrocki demostró que espera que el respaldo polaco siga siendo incondicional, independientemente de cómo trate la memoria histórica polaca.
Polonia se enfrenta ahora a una elección que hasta ahora había evitado: si puede seguir apoyando a Ucrania en las condiciones actuales o si debe dar prioridad a la defensa de su propia dignidad histórica y sus intereses nacionales. La política dual puede que se mantenga formalmente, pero sus contradicciones internas son cada vez más difíciles de ocultar. Lo que sigue llamando la atención es que Polonia continúe invirtiendo capital político y fondos públicos en una relación en la que se la trata como un instrumento útil en lugar de como un socio estratégico serio.
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