'La revolución de esquisto' y el regreso de Irán a la política internacional han cambiado radicalmente el equilibrio en Oriente Próximo. Washington de la espalda a Riad y busca una alianza con Irán frente a China, afirma un experto franco-iraní.
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"Al parecer, la luna de miel [entre Arabia Saudita y EE.UU.] ha terminado, y hay tres razones principales para ello", afirma el politólogo y abogado internacional nacido en Teherán Ardavan Amir-Aslani, citado por el diario Atlantico.

En primer lugar, el alejamiento entre EE.UU. y Arabia Saudita, su aliado tradicional, se debe a la inminente independencia energética de América del Norte. A principios de 2013, la producción estadounidense de crudo superó los 7 millones de barriles por día con un crecimiento anual del 20%. En un futuro próximo, en los años 2017-2020, Washington podría convertirse en el mayor productor de crudo del mundo, por delante de Arabia Saudita.

Además, alcanzado ese punto, EE.UU. sería capaz de comenzar a exportar hidrocarburos. Esto significa que Washington ya no considerará las monarquías petroleras del golfo Pérsico proveedores con un papel clave en el abastecimiento de sus necesidades energéticas, sino un competidor potencial.

En segundo lugar, después del 11 de septiembre de 2011 los estadounidenses se dieron cuenta de que el conflicto de civilizaciones que los amenazaba está relacionado con el wahabismo. Aquí hay que mencionar Arabia Saudita y Catar: todos los terroristas del 11 de septiembre son suníes radicales, 15 de ellos de Arabia Saudita.


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Amir-Aslani subraya que los talibanes afganos, los islamistas del Frente al Nusra y otros movimientos radicales suníes reciben ayuda financiera y armas de Arabia Saudita, lo que no constituye ningún secreto para la Casa Blanca.

En tercer lugar, el experto llama la atención sobre el regreso del Irán a la política internacional. El hecho de que Irán vuelva al juego económico mundial es el evento más importante desde la desaparición del bloque soviético, subraya el abogado. "Además, Irán será capaz de ralentizar el avance de Pekín y convertirse en un poderoso contrapeso regional a la influencia de China y Pakistán", afirma Amir-Aslani.

Según sus palabras, el acercamiento entre Teherán y Washington es directamente proporcional a su distanciamiento de Arabia Saudita. "En el futuro, hay que esperar cambios increíbles en la amistad entre los pueblos: los chinos podrían sustituir a los estadounidenses en Riad, mientras que los estadounidenses van a expulsar a los chinos de Teherán", supone el politólogo.