Los echan de los restaurantes, insultan y maldicen por trabajar para el presidente de EE.UU. Hasta The Washignton Post, que destaca por su duras críticas contra Trump, salió en defensa de los funcionarios.
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© Jonathan Ernst / Reuters
Manifestantes instan a "poner fin a la detención de familias" y se pronuncian en contra de la política migratoria de Trump, Washington, el 29 de junio de 2018.
Con la agudización de la polémica por la política migratoria de la Casa Blanca y la separación de las familias de migrantes que ingresan en EE.UU. de manera ilegal, los miembros de la Administración de Donald Trump sienten en carne propia la ira de algunos ciudadanos.

Los casos de acoso a funcionarios en Washington han llamado la atención del diario The Washington Post, que instó a que "dejen que el equipo de Trump coma tranquilamente".

La secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen

El 19 de junio, la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, que defendió públicamente la política de 'tolerancia cero' de Trump para frenar la migración ilegal, fue a un restaurante mexicano en Washington, donde se encontró con una docena de manifestantes.

Permaneció sentada más de diez minutos bajo cánticos '¡Qué vergüenza!' y '¡Fin a la separación de las familias!'. "¿Cómo te atreves a pasar la tarde cenando aquí siendo cómplice de la separación y deportación de más de 10.000 niños separados de sus familias? ¿Cómo puedes disfrutar de una cena mexicana mientras deportas y encarcelas a decenas de miles de personas que vienen a EE.UU. en busca de asilo?", le preguntó uno de los participantes en la protesta.


Finalmente, Nielsen que, según otros clientes del establecimiento, intentó al principio fingir que no pasaba nada, acabó por abandonar el restaurante.

El consejero presidencial Stephen Miller

Otro caso es el del consejero presidencial Stephen Miller, considerado uno de los ideólogos de la política migratoria de Trump, que un día pidió sushi para llevar en un restaurante de comida japonesa cerca de su casa en Washington y fue seguido luego por la calle por un camarero que le mostró sus dos dedos medios mientras le maldecía.

Tras esto, Miller tiró su pedido a la basura por miedo a que algún empleado hubiera escupido en su comida o hubiera puesto algún ingrediente no deseado, según contó posteriormente a sus colegas de la Casa Blanca. Además, grupos de manifestantes también se congregaron cerca de su apartamento para mostrarle su repudio.


Stephen Bannon y Scott Pruitt

El pasado sábado, otro consejero que trabajó para Trump, Stephen Bannon, fue llamado basura" por una mujer en una librería. El propietario de la tienda intervino y amenazó con llamar a la Policía, haciendo que la mujer se fuera del lugar.

El recién dimitido director de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), Scott Pruitt, fue interrumpido mientras almorzaba hace una semana por una maestra llamada Kristin Mink, que se acercó a su mesa con su hijo de dos años y le soltó a la cara todo lo que opina sobre la política de la agencia que tenía bajo su mando y le instó a que dimitiera.


Sarah Sanders

A diferencia de sus colegas, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, se topó con el descontento público fuera de Washington, en un restaurante de Lexington, en el estado de Virginia. La dueña del establecimento la echó de su local por trabajar para Trump. Según explicó luego, lo hizo "para defender la moral".


"Anoche, la dueña de Red Hen en Lexington, Virginia, me dijo que me fuera porque trabajo para el presidente de EE.UU. y yo me fui cortésmente. Sus acciones dicen mucho más de ella que de mí. Siempre me esfuerzo al máximo para tratar con respeto a las personas, incluidas aquellas con las que no estoy de acuerdo, y continuaré haciéndolo", escribió Sanders al respecto en su cuenta de Twitter.
Kellyanne Conway

Por su parte, la consejera de Trump Kellyanne Conway contó que, poco después de llegar a la capital estadounidense, un hombre se le acercó mientras compraba en uno de los supermercados del centro de la ciudad y le dijo que "debería estar avergonzada de sí misma". "¡Mírate en el espejo!", le espetó.

Conway decidió salir de la situación con humor y le contestó que los espejos estaban en otro pasillo. "Iré a por uno ahora", dijo. Sin embargo, el periodista de GQ Jay Willis puso en duda la veracidad de la historia de Conway señalando que en el centro de Washington no hay ningún supermercado como el descrito por la consejera.