Las vacunas contra el coronavirus son como el propio virus: afectan a cada persona de una manera diferente, sin saber por qué unos tienen secuelas más duraderas y otros ni se enteran de que se la han puesto.
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Un médico palpa el cuello a un paciente.
Los efectos de la primera y la segunda dosis de vacuna fue así: daba igual que te hubieras vacunado con Moderna, Pfizer, AstraZeneca o Janssen, que fueras joven o viejo o que tuvieras patologías previas: podías tener o no efectos adversos. Hubo gente que tuvo malestar y algo de fatiga y unos pocos fiebre.

Zona dolorida y otros efectos

Y casi todos, dolor en la zona donde se recibieron los pinchazos.

Otros de los efectos leves son el dolor de cabeza, los dolores musculares y, en casos más extremos -y menos comunes- náuseas y escalofríos.

Casos raros

En casos muy raros, la segunda vacuna puede provocar mielitis transversa, que es una inflamación de ambos lados de una sección de la médula espinal. Se trata de un trastorno neurológico que daña el material aislante que cubre las fibras de las células nerviosas (mielina).

También es raro sufrir parestesia tras ese segundo pinchazo, que consiste en esa sensación de hormigueo, entumecimiento o picazón que se puede producir tras permanecer un rato en una mala postura.

Tras la tercera vacuna

En el caso de las terceras vacunas, aproximadamente un 8% de la gente que se la pone está reportando un extraño efecto secundario: la aparición de bultos, nódulos o adenopatías en las axilas y a veces en el cuello. Dichos bultos no suponen riesgo pero alarman a las personas a las que les aparecen, que también puede experimentar alguna molestia o dolor muy leve como consecuencia de la inflamación en las axilas y el cuello. Sin embargo, se trata de secuelas pasajeras y la inflamación suele desaparecer al cabo de unos días.