Traducido por el equipo de SOTT.net
Waiting
© Press BlackEsperando...
Estábamos esperando el fin del mundo
Esperando el fin del mundo, esperando el fin del mundo
Querido Señor, sinceramente espero que vengas
Porque Tú realmente comenzaste algo


- Elvis Costello, Esperando el Fin del Mundo, 1977
No podemos ni empezar a vislumbrar los incesantes efectos dominó derivados del terremoto geopolítico de 2023 que sacudió el mundo: Putin y Xi, en Moscú, señalando de facto el principio del fin de la Pax Americana.

Este ha sido el último anatema para las enrarecidas élites hegemónicas angloestadounidenses durante más de un siglo: una asociación estratégica integral firmada, sellada, de dos competidores iguales, entrelazando una base de manufactura masiva y la preeminencia en el suministro de recursos naturales - con el valor añadido del armamento ruso de última generación y el ingenio diplomático.

Desde el punto de vista de estas élites, cuyo Plan A fue siempre una versión degradada del Divide y Vencerás del Imperio Romano, se suponía que esto nunca iba a ocurrir. De hecho, cegados por la arrogancia, nunca lo vieron venir. Históricamente, esto ni siquiera se puede calificar como una remezcla de Tournament of Shadows; es más como el Imperio Chabacano Abandonado en la Sombra, "echando espuma por la boca" (copyright Maria Zakharova).

Xi y Putin, con un sólo movimiento Sun Tzu, inmovilizaron el orientalismo, el eurocentrismo, el excepcionalismo y, por último pero no por ello menos importante, el neocolonialismo. No es de extrañar que el Sur Global se sintiera fascinado por lo que ocurrió en Moscú.

Para colmo de males, tenemos a China, de lejos la mayor economía del mundo si se mide por la paridad del poder adquisitivo (PPA), así como el mayor exportador. Y tenemos a Rusia, una economía que por PPA es equivalente o incluso mayor que la alemana, con las ventajas añadidas de ser el mayor exportador de energía del mundo y de no verse obligada a desindustrializarse.

Juntos, en sintonía, están centrados en crear las condiciones necesarias para eludir el dólar estadounidense.

Una de las frases cruciales del presidente Putin: "Estamos a favor de utilizar el yuan chino para los acuerdos entre Rusia y los países de Asia, África y América Latina".

Una consecuencia clave de esta alianza geopolítica y geoeconómica, cuidadosamente diseñada a lo largo de los últimos años, ya está en juego: la aparición de una posible tríada en términos de relaciones comerciales globales y, en muchos aspectos, una Guerra Comercial Global.

Eurasia está siendo liderada -y en gran medida organizada- por la alianza Rusia-China. China también desempeñará un papel clave en el Sur Global, pero India también puede llegar a ser bastante influyente, aglutinando lo que sería un Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) con esteroides. Y luego está la antigua "nación indispensable" gobernando sobre los vasallos de la UE y la Anglosfera reunidos en los Cinco Ojos.

Lo que realmente quieren los chinos

El Hegemón, bajo su autoconcebido "orden internacional basado en reglas", esencialmente nunca hizo diplomacia. Divide y Vencerás, por definición, excluye la diplomacia. Ahora su versión de la "diplomacia" ha degenerado aún más en burdos insultos por parte de una serie de funcionarios de EE.UU., la UE y el Reino Unido intelectualmente discapacitados y francamente imbéciles.

No es de extrañar que un verdadero caballero, el ministro de Asuntos Exteriores Serguéi Lavrov, se haya visto obligado a admitir:
"Rusia ya no es un socio de la UE. [...] La Unión Europea 'perdió' a Rusia. Pero la culpa es de la propia Unión. Al fin y al cabo, los Estados miembros de la UE [...] declaran abiertamente que Rusia debe sufrir una derrota estratégica. Por eso consideramos a la UE como una organización enemiga."
Y sin embargo, el nuevo concepto de política exterior rusa, anunciado por Putin el 31 de marzo, lo deja bastante claro: Rusia no se considera "enemiga de Occidente" y no busca el aislamiento.

El problema es que prácticamente no hay ningún adulto con el que hablar al otro lado, más bien un puñado de hienas. Eso ha llevado a Lavrov a subrayar una vez más que se pueden utilizar medidas "simétricas y asimétricas" contra quienes participen en acciones "hostiles" contra Moscú.

Cuando se trata de Excepcionalistán, eso es evidente: Moscú designa a Estados Unidos como el principal instigador antirruso, y describe la política colectiva general de Occidente como "un nuevo tipo de Guerra Híbrida".

Sin embargo, lo que realmente importa a Moscú son los aspectos positivos más adelante en el camino: integración continua de Eurasia; lazos más estrechos con los "centros globales amigos" China e India; mayor ayuda a África; más cooperación estratégica con América Latina y el Caribe, las tierras del Islam -Turquía, Irán, Arabia Saudí, Siria, Egipto- y la ASEAN.

Y eso nos lleva a algo esencial que fue -como era de esperar- ignorado en masa por los medios de comunicación occidentales: el Foro de Boao de Asia, que se celebró casi simultáneamente al anuncio del nuevo concepto de política exterior de Rusia.

El Foro de Boao, iniciado a principios de 2001, todavía en la era anterior al 11-S, se ha inspirado en Davos, pero es Top China hasta la médula, con un secretariado con sede en Pekín. Boao está en la provincia de Hainan, una de las islas del golfo de Tonkín y hoy paraíso turístico.

Una de las sesiones clave del foro de este año fue la dedicada al desarrollo y la seguridad, presidida por el ex secretario general de la ONU Ban Ki-moon, actual presidente de Boao.

Hubo bastantes referencias a la Iniciativa de Desarrollo Global de Xi, así como a la Iniciativa de Seguridad Global, que por cierto se lanzó en Boao en 2022.

El problema es que estas dos iniciativas están directamente vinculadas al concepto de paz y seguridad de la ONU y a la extremadamente dudosa Agenda 2030 sobre "desarrollo sostenible", que no trata exactamente de desarrollo y mucho menos de "sostenible": es un invento supercorporativo de Davos. La ONU, por su parte, es básicamente rehén de los caprichos de Washington. Pekín, de momento, le sigue el juego.

El primer ministro Li Qiang fue más específico. Haciendo hincapié en el concepto característico de "comunidad de futuro compartido para la humanidad" como base para la paz y el desarrollo, vinculó la coexistencia pacífica con el "Espíritu de Bandung" -en continuidad directa con el surgimiento del MNOAL en 1955: esa debería ser la "Manera Asiática" de respeto mutuo y construcción de consenso- en oposición al "uso indiscriminado de sanciones unilaterales y jurisdicción de largo alcance", y al rechazo de "una nueva Guerra Fría".

Y eso llevó a Li Qiang a enfatizar el impulso chino para profundizar el acuerdo comercial de Asia Oriental RCEP, y también avanzar en las negociaciones sobre el acuerdo de libre comercio entre China y la ASEAN. Y todo ello integrado con la nueva expansión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), en contraposición al proteccionismo comercial.

Así que para los chinos lo importante, entrelazado con los negocios, son las interacciones culturales; la inclusividad; la confianza mutua; y un severo rechazo al "choque de civilizaciones" y a la confrontación ideológica.

Por mucho que Moscú suscriba fácilmente todo lo anterior -y de hecho lo practique con sutileza diplomática-, Washington está aterrorizado por lo convincente que es esta narrativa china para todo el Sur Global. Al fin y al cabo, la única oferta de Excepcionalistán en el mercado de las ideas es la dominación unilateral; Divide y Vencerás; y "estás con nosotros o contra nosotros". Y en este último caso serás sancionado, acosado, bombardeado y/o cambiado de régimen.

¿Otra vez 1848?

Mientras tanto, en los territorios vasallos, surge la posibilidad de revivir 1848, cuando una gran oleada revolucionaria azotó toda Europa.

En 1848 se trataba de revoluciones liberales; hoy tenemos revoluciones esencialmente populares antiliberales (y antibelicistas), desde los campesinos en Holanda y Bélgica hasta los populistas no reconstruidos en Italia y los populistas de izquierda y derecha combinados en Francia.

Quizá sea demasiado pronto para considerar que estamos ante una Primavera Europea. Pero lo que es seguro en varias latitudes es que los ciudadanos europeos promedio se sienten cada vez más inclinados a deshacerse del yugo de la Tecnocracia Neoliberal y su dictadura del Capital y la Vigilancia. Por no hablar del belicismo de la OTAN.

Como prácticamente todos los medios de comunicación europeos están controlados por tecnócratas, la gente no verá este debate en los medios de comunicación. Sin embargo, hay una sensación en el aire de que esto puede estar anunciando el fin -al estilo chino- de una dinastía.

En el calendario chino es siempre así: su reloj histórico-social funciona siempre con periodos de entre 200 y 400 años por dinastía. De hecho, hay indicios de que Europa puede estar asistiendo a un renacimiento.

El período de turbulencias será largo y arduo -debido a las hordas de anarcoliberales que son tan idiotas útiles para la oligarquía occidental- o todo podría llegar a un punto crítico en un solo día. El objetivo está muy claro: la muerte de la Tecnocracia Neoliberal.

Así es como el punto de vista Xi-Putin podría abrirse paso en el Occidente colectivo: mostrar que esta "modernidad" sucedánea (que incorpora la rabiosa cultura de la cancelación) es esencialmente vacua en comparación con los valores culturales tradicionales y profundamente arraigados, ya sea el confucianismo, el taoísmo o la ortodoxia oriental. Los conceptos chino y ruso de civilización-Estado son mucho más atractivos de lo que parecen.

Bueno, la revolución (cultural) no será televisada; pero puede que ejerza sus encantos a través de innumerables canales de Telegram. Francia, encaprichada con la rebelión a lo largo de su historia, bien podría saltar a la vanguardia... de nuevo.

Sin embargo, nada cambiará si no se subvierte el casino financiero mundial. Rusia dio una lección al mundo: se estaba preparando, en silencio, para una Guerra Total a largo plazo. Tanto es así que su contragolpe calibrado puso patas arriba la Guerra Financiera, desestabilizando por completo el casino. China, mientras tanto, se está reequilibrando, y está en camino de estar también preparada para la Guerra Total, híbrida y de otro tipo.

El inestimable Michael Hudson, que acaba de publicar su último libro, El colapso de la Antigüedad, donde analiza hábilmente el papel de la deuda en Grecia y Roma, las raíces de la civilización occidental, explica sucintamente nuestra situación actual:
"Estados Unidos ha impulsado una revolución de color en lo alto, en Alemania, Holanda, Inglaterra y Francia, esencialmente, donde la política exterior de Europa no está representando sus propios intereses económicos (...) Estados Unidos simplemente dijo: - Estamos comprometidos a apoyar una guerra de (lo que ellos llaman) democracia (con lo que quieren decir oligarquía, incluyendo el nazismo de Ucrania) contra la autocracia (...) Autocracia es cualquier país lo suficientemente fuerte como para impedir la aparición de una oligarquía acreedora, como China ha impedido la oligarquía acreedora."
Así que la "oligarquía acreedora", de hecho, puede explicarse como la intersección tóxica entre los húmedos sueños globalistas de control total y la Dominación de Espectro Completo militarizada.

La diferencia ahora es que Rusia y China están mostrando al Sur Global que lo que los estrategas estadounidenses tenían reservado para ellos -os vais a "congelar en la oscuridad" si os desviáis de lo que decimos- ya no es aplicable. La mayor parte del Sur Global está ahora en abierta revuelta geoeconómica.

El totalitarismo neoliberal globalista, por supuesto, no desaparecerá bajo una tormenta de arena. Al menos no todavía. Todavía queda por delante una vorágine de toxicidad:
suspensión de los derechos constitucionales; propaganda orwelliana; escuadrones de matones; censura; cultura de la cancelación; conformidad ideológica; restricciones irracionales a la libertad de movimiento; odio e incluso persecución de los -eslavos- Untermenschen; segregación; criminalización de la disidencia; quema de libros, juicios espectáculo; falsos mandatos de arresto por parte de la CPI canguro; terror al estilo ISIS.
Pero el vector más importante es que tanto China como Rusia, cada una con sus propias y complejas particularidades -y ambas descartadas por Occidente como Otros inasimilables- están fuertemente comprometidas en la construcción de modelos económicos viables que no estén conectados, en varios grados, al casino financiero occidental y/o a las redes de la cadena de suministro. Y eso es lo que está volviendo locos a los Excepcionalistas, incluso más locos de lo que ya están.
Sobre el Autor:

Pepe Escobar es autor y analista geopolítico independiente de toda Eurasia. Su último libro es Raging Twenties (Nimble Books, 2021). Síguele en Telegram en @rocknrollgeopolitics