Traducido por el equipo de SOTT.netAlrededor del año 774 d. C., el Sol entró en erupción con una violencia extraordinaria.
© ArnoldiusAnillos de los árboles vistos en una sección transversal del tronco de un árbol.
Partículas de alta energía impactaron en la atmósfera terrestre, desencadenando reacciones nucleares que produjeron carbono 14 radiactivo.
Los árboles de todo el planeta absorbieron este carbono y lo almacenaron en su madera, conservando un registro de aquella antigua tormenta solar que los científicos aún pueden leer hoy en día.Estos fenómenos extremos, llamados eventos Miyake, representan un clima espacial mucho más poderoso que cualquier otro medido en la era moderna. Eclipsan incluso al evento Carrington de 1859, que creó auroras cerca del ecuador.
Es importante comprender estas antiguas tormentas porque fenómenos similares podrían devastar nuestra civilización dependiente de la tecnología, destruyendo satélites, interrumpiendo el GPS y dañando las redes eléctricas.
Los anillos de los árboles se han convertido en una herramienta invaluable para estudiar estas tormentas. Cuando los rayos cósmicos golpean la atmósfera terrestre, crean carbono 14 que los árboles incorporan a su madera. Durante un evento Miyake, la producción de carbono radiactivo se dispara drásticamente, dejando huellas en los anillos de los árboles que persisten durante milenios.
Pero hay un problema. Los científicos han observado frustrantes inconsistencias al comparar árboles del mismo evento. Algunos muestran picos pronunciados de carbono 14, mientras que otros muestran aumentos graduales.
El momento varía entre especies y ubicaciones, lo que dificulta determinar con exactitud cuándo ocurrieron las tormentas o determinar su verdadera intensidad.
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