
Entre las últimas víctimas mortales se encuentran una niña de 12 años en la provincia del Noroeste, que fue arrastrada por la corriente, y una trabajadora social en el Cabo Occidental, que murió cuando un árbol cayó sobre su coche.
El temporal también ha causado el derrumbe de viviendas, cortes de electricidad masivos, el cierre de al menos 45 carreteras y daños significativos en infraestructuras clave como puentes y escuelas, según recogen medios locales.
El fenómeno meteorológico ha golpeado a las provincias del Cabo Occidental (suroeste), Cabo Oriental (sureste), Cabo del Norte (noroeste), Noroeste (norte), Estado Libre (centro) y Mpumalanga (noreste) desde el 4 de mayo pasado.
Vulnerables ante el invierno
El presidente Cyril Ramaphosa expresó, en un comunicado, su "profunda tristeza" por las víctimas y afirmó que "las autoridades nacionales, provinciales y municipales trabajarán con las comunidades para mitigar los efectos del desastre".
El mandatario también elogió la labor de los equipos de rescate y recuperación, así como la solidaridad de la sociedad civil y el sector privado por el apoyo brindado a los desplazados.
"Con la llegada del invierno, somos vulnerables a eventos que podemos pronosticar, pero cuya intensidad real en lugares específicos puede ser impredecible. Sin embargo, estamos haciendo el mejor uso de la ciencia para anticiparnos a algunos de estos eventos y responder a sus consecuencias", añadió Ramaphosa.
El Servicio Meteorológico de Sudáfrica (SAWS, inglés) advirtió que las fuertes lluvias y las ráfagas de viento intensas podrían continuar hasta este jueves por la llegada de un segundo frente frío que se encuentra afectando las provincias del sur y oeste.
El este de Sudáfrica ya se vio golpeado en junio del año pasado por lluvias torrenciales e inundaciones en las que murieron al menos 101 personas, incluidos 38 niños.



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