Traducido por el equipo de SOTT.netEn Turquía, Siria e Irak, la crisis en torno a los ríos Deklath (Tigris) y Froth (Éufrates) ha adoptado dos formas devastadoras: la sequía y las inundaciones. Las causas pueden diferir, pero el resultado es el mismo: sufrimiento y muerte.
La crisis se deriva del control que ejerce Turquía sobre la cuenca alta del Deklath y el Froth a través de su extensa red de presas. Cuando Turquía restringe el caudal de agua, Irak sufre una grave sequía y escasez de agua. Cuando libera grandes cantidades de agua de una sola vez, Siria sufre el impacto de inundaciones destructivas que devastan a la población civil, las infraestructuras y las tierras agrícolas a lo largo de las riberas.
Tras siete años dominados por el primer escenario — la asfixia por la sequía — , las autoridades turcas abrieron recientemente todas las compuertas de la presa de Atatürk, la mayor presa del río Éufrates,
tras las fuertes lluvias y nevadas registradas durante el invierno y la primavera.
La liberación provocó que enormes volúmenes de agua se precipitaran hacia la ciudad siria de Jarablus. Los observadores señalaron que la decisión se debió al temor por la seguridad estructural de la presa y a la posibilidad de que la infraestructura fallara debido al aumento de la presión del agua, con un claro desprecio por el efecto que esto tendría sobre los sirios y los iraquíes.
La repentina descarga provocó un aumento sin precedentes del nivel del agua en Raqqa y Dayro Zcuro (Deir ez-Zor). Según informes locales, se inundaron extensas zonas agrícolas y regiones cercanas a las riberas del río Froth. Varias viviendas, instalaciones, puentes y cruces fundamentales también sufrieron daños.
A medida que el nivel del agua seguía subiendo, crecía la preocupación entre los residentes y los agricultores, especialmente en las comunidades agrícolas situadas a lo largo del río.
Fuentes locales informaron de que el caudal de agua superaba los 1.800 metros cúbicos por segundo y podía alcanzar los 2.000 metros cúbicos por segundo. Las autoridades sirias emitieron posteriormente avisos a los residentes que vivían cerca del río, instándoles a tomar medidas de precaución ante el temor de nuevas inundaciones.
En Dayro Zcuro, las inundaciones dañaron miles de hectáreas de tierras de cultivo. Los agricultores se apresuraron a cosechar los cultivos que quedaban antes de que quedaran sumergidos, ante el temor de nuevas pérdidas que amenazaban tanto la temporada agrícola como la seguridad alimentaria regional.
Las centrales eléctricas situadas a lo largo de las riberas del río también se vieron muy afectadas, y muchas quedaron inundadas y fuera de servicio. En lugar de utilizarse para generar electricidad, los niveles excesivos de agua desbordaron la infraestructura. Las presas a lo largo del río alcanzaron su capacidad máxima, lo que provocó que las turbinas generadoras de electricidad dejaran de funcionar.
Como consecuencia, los equipos de las presas se vieron obligados a abrir compuertas adicionales y a dirigir el exceso de agua hacia territorio iraquí tras siete años de sequía que habían agotado al país y a su población. Durante esos años, muchas presas no habían podido generar electricidad de manera eficiente debido a unos niveles de agua críticamente bajos.
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