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"Sin lucha no hay progreso ni resultado. Toda ruptura de hábito produce un cambio en la máquina [la estructura del ser humano]." G.I. Gurdjieff

Hace unos días publicamos en Sott.net un artículo titulado
Una vida con significado es más sana que una vida feliz, en el que se mencionaba un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences que analizaba un experimento en el que se estudiaron las diferencias biológicas entre la búsqueda de la felicidad y la indagación del significado de nuestra vida. El estudio llegó a interesantes conclusiones:
"La felicidad sin significado caracteriza una vida relativamente superficial, narcisista o incluso egoísta en que las cosas van bien, las necesidades y deseos son fácilmente satisfechos y los enredos difíciles o comprometedores son simplemente evitados", comentaron los autores del estudio. "El significado, en cambio, es derivado de la contribución a otros de una manera más grande. En parte lo que hacemos como seres humanos es cuidar de los demás y contribuir a los otros. Esto hace la vida significativa pero no necesariamente nos hace felices".
A nivel biológico, el estudio concluyó que:
"Encontraron que las personas que son felices pero no tienen mucho significado en su vida - proverbialmente "sólo estoy aquí por la fiesta" - tienen la misma expresión en los genes que las personas que están respondiendo a una larga adversidad crónica. Es decir, los cuerpos de estas personas felices, al activar la respuesta pro-inflamatoria, los están preparando para amenazas bacteriales. La inflamación crónica está relacionada con enfermedades mayores como el cáncer o los problemas del corazón."
Tal como estamos condicionados, la búsqueda de la felicidad se basa en la autocomplacencia, en el hedonismo. Esa búsqueda egocéntrica, evidentemente, y como demuestra el estudio mencionado, es perniciosa para nuestro Ser - es decir, para todo lo que configura lo que somos-. Nos sumerge en un estado subjetivo que asume como vara de medir el baremo placer-dolor, blanco o negro.

Además, ésa búsqueda hedonista que tan sólo prueba de hallar el placer, con el paso del tiempo puede desembocar en un gran mal macrosocial. Andrew Lobaczewski menciona en La Ponerología Política:
Desde el comienzo de la historia, el hombre ha soñado con una vida en la que los esfuerzos medidos de la mente y el cuerpo son recompensados con un descanso bien merecido. Le gustaría conocer las leyes de la naturaleza, a fin de poder dominarlas y sacar provecho de lo que tienen para ofrecerle [AG: Actitud que tomó más fuerza a partir del siglo XVI con la Reforma Protestante (Leer "El Renacimiento de la Naturaleza" de Rupert Sheldrake para más información)]. El hombre consiguió subyugar el poder natural de los animales con el propósito de convertir sus sueños en realidad, y cuando eso no logró satisfacer sus necesidades, se volcó a su especie con el mismo fin, despojando a otros seres humanos de su humanidad, simplemente porque era más poderoso que ellos.

Por tanto, los sueños de una vida feliz y tranquila llevaron a ejercer la fuerza sobre los demás, un poder que deprava la mente de quien domina. He aquí la razón por la cual la tan soñada felicidad no se ha vuelto realidad en el transcurso de la historia. Esa visión hedonística de la "felicidad" contiene las semillas de la miseria y nutre el ciclo eterno dentro del cual los buenos tiempos dan lugar a los malos que, a su vez, causan el sufrimiento y el esfuerzo mental que conllevan a adquirir experiencia, sentido común, moderación y cierta cantidad de conocimiento psicológico, virtudes que ayudan a reconstruir condiciones de vida más felices.

Durante los buenos tiempos, las personas pierden progresivamente de vista la necesidad de realizar una profunda reflexión e introspección, conocer a los demás y comprender las leyes complejas de la vida. ¿Vale realmente la pena reflexionar largo y tendido acerca de las propiedades de la naturaleza humana y de la personalidad imperfecta del hombre, ya sean propias o ajenas? ¿Podemos comprender el significado creativo del sufrimiento que no hemos experimentado en carne propia, en lugar de tomar el camino más fácil y culpar a la víctima? Cualquier esfuerzo mental adicional parece una tarea sin sentido cuando los placeres de la vida están al alcance de nuestras manos. Una persona inteligente, liberal y feliz es vista con beneplácito, mientras que alguien capaz de ver a futuro y de predecir resultados nefastos se convierte en un aguafiestas.

Durante los "buenos" tiempos, percibir la verdad acerca de nuestro entorno y, en especial, comprender la personalidad humana y sus valores, dejan de ser una virtud; todo aquél que se haga preguntas y plantee dudas es menospreciado y se le juzga de ser un entrometido incapaz de dejar el bienestar tranquilo. A su vez, esa actitud conlleva al empobrecimiento del conocimiento psicológico, así como de la capacidad para diferenciar las propiedades de la naturaleza humana y de la personalidad, y de la habilidad para moldear la mente de manera creativa. El culto del poder reemplaza así aquellos valores mentales tan esenciales para mantener las leyes y el orden de manera pacífica. Podríamos decir que el enriquecimiento de una nación con respecto a la visión psicológica del mundo, o por el contrario, su involución, permiten predecir si su futuro será bueno o malo.

La búsqueda de la verdad resulta problemática durante los tiempos "buenos" debido a que revela hechos incómodos. Es preferible albergar pensamientos más sencillos y placenteros. La eliminación inconsciente de información a simple vista innecesaria se convierte en un hábito, y gradualmente pasa a ser una costumbre aceptada por la sociedad en general. El problema es que resulta difícil sacar conclusiones correctas mediante el uso de un proceso de pensamiento basado en información tan parcializada, que con el tiempo reemplaza de manera inconsciente aquellas premisas incómodas por otras más convenientes, aproximándose de ese modo a los límites de la psicopatología.

Dichas épocas felices para un grupo (frecuentemente alcanzadas a raíz de injusticias hacia otros pueblos o naciones [AG: Véase la situación actual; los productos tecnológicos, la ropa, el petróleo y otros enseres son producidos en condiciones esclavistas y represoras en países neocolonizados] ) comienzan a coartar la capacidad de desarrollar una consciencia individual y social; los factores subconscientes asumen un rol decisivo en la vida. Una sociedad de este tipo, que ya ha sido infectada por ese estado histeroide (La histeria es un estado de la mente caracterizado por miedos incontrolables o una excitabilidad excesiva. Aquí se emplea este término para describir "el miedo a la verdad" o el miedo a reflexionar acerca de verdades poco placenteras a fin de no "sacudir el barco" de la felicidad actual. NdE), considera que toda percepción derivada de una verdad incómoda es señal de "mala educación". [...] En esos tiempos, la capacidad para reflexionar de manera lógica y disciplinada, que nace durante las épocas difíciles, comienza a desvanecerse. Cuando las comunidades pierden la capacidad de desarrollar el razonamiento psicológico y la crítica moral, se intensifican los procesos de creación del mal en todas las escalas sociales, ya sea a nivel individual o macrosocial, hasta que todo vuelve a dar lugar a los malos tiempos.

[...]

Cuando unas pocas generaciones que gozan de la despreocupación característica de los "buenos tiempos" culminan con un déficit social tanto en lo que concierne a la habilidad psicológica como a la crítica moral, se abre el camino para que conspiradores patológicos, encantadores de serpientes e incluso impostores más primitivos, comiencen a actuar y a fundirse con los procesos de origen del mal. Esas personas constituyen factores esenciales en la concretización de este último.
La búsqueda hedonista de la felicidad es desfavorable en cuanto a las posibilidades de desarrollo interno, y así la exploración de la comprensión y el significado de la vida son desplazados a un plano oscuro y vacío. A su vez, desaparece la tendencia a colaborar con los demás, a crear lazos reales con nuestros semejantes, y nos convierte en seres vulnerables ante las eventualidades de la vida.

Entonces, tenemos ante nosotros la prueba biopsicológica de que el merchandising promocionado por la industria de la psicología popular, la New Age y demás movimientos similares, denostan indirectamente - o directamente según se mire- el auténtico Trabajo sobre Sí, y al mismo tiempo, en lugar de ayudarnos a crecer, menguan nuestras capacidades.

La búsqueda del conocimiento interno y externo de la vida, la creación de lazos con personas con las que compartimos y creamos objetivos en común y el consiguiente desarrollo de nuestro Potencial Creativo son claves que nos permiten encontrar el significado a nuestras vidas y estar en armonía con nosotros mismos y nuestro entorno. A diferencia de la búsqueda de la felicidad, que es superficial y egoísta, la búsqueda de significado da forma y un volumen sólido a nuestra integridad como seres humanos.
"El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida." - Viktor Frankl