
Según informa Simón Cortés, la violación de los protocolos de actuación en las fumigaciones es constante. También alega que "es muy común que se fumigue por parte de trabajadores que carecen de permisos y formación adecuada". Asímismo, trabajadores fitosanitarios señalan que el material utilizado es insuficiente y su uso entraña riesgos para la salud.
Sin embargo, las irregularidades no sólo se restringen al ámbito laboral. Desde ARBA se advierte de que los períodos de aislamiento en zonas fumigadas son pasados por alto. La plataforma comunicaba a Diagonal que "el tiempo de acción del glifosato oscila entre los ocho y los diez días y, sin embargo, es usual ver zonas fumigadas que no están señalizadas ni aisladas". En este sentido, la plataforma Stop Herbicidas ha denunciado las fumigaciones llevadas a cabo en primavera en el municipio de Rivas Vaciamadrid y en zonas urbanas de Madrid capital. Durante estas fumigaciones no se informó a los ciudadanos del uso del herbicida Roundup ni se cerraron las zonas debidamente.
También ha llamado la atención de varias plataformas el uso de glifosato en localidades próximas a la ribera del río Jarama, lo que, según informaba Simón Cortés, "entraña un gran peligro para la fauna por la contaminación del agua".
Valladolid y Guadalajara han sido dos provincias en las que se han producido fumigaciones sin previo aviso. En varias localidades vallisoletanas se detectó el uso de Roundup sin conocimiento de los vecinos. Mientras tanto, vecinos de la provincia de Guadalajara y de la sierra oeste madrileña denuncian fumigaciones indiscriminadas en campo abierto.
Riesgo para la salud
"El problema para la salud que plantea el glifosato es la alteración extrema de las funciones y los ciclos de vida de los microbios", afirma David Ortega, licenciado en Biomedicina. Esto, unido a la inhibición de enzimas que desintoxican compuestos químicos extraños, contribuye a aumentar los efectos dañinos de las sustancias químicas a las que está expuesto el cuerpo humano.
Varias investigaciones han estudiado los problemas que puede generar la inhibición de enzimas y la alteración de los microbios. Algunos expertos internacionales como Stephanie Seneff o Anthony Samsel, del Instituto Tecnológico de Massachussetts, han analizado las posibles enfermedades que el contacto con glifosato puede generar. Entre otras, se considera que la desaparición o afección de las bacterias presentes en el sistema digestivo puede ser la causa de diarrea crónica, colitis y enfermedad de Crohn.
Por otro lado, la descomposición del glifosato por ciertos microbios puede ser causa de la inflamación cerebral que puede acarrear Alzheimer o autismo. También se contempla que la depresión, enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de alergias, el Parkinson, la infertilidad, la esclerosis múltiple o varios tipos de cáncer pueden ser consecuencia de una exposición continuada al herbicida.
Estudios alternativos llevados a cabo en países como Argentina o Paraguay evidencian la toxicidad del glifosato en las células de embriones y placenta. En concreto, un estudio en Paraguay demostró que los bebés que nacían en un radio de un kilómetro de la fumigación del glifosato tenían el doble de malformaciones.
La posible aprobación por parte de la Unión Europea de 14 cultivos transgénicos ha puesto al glifosato en el punto de mira de grupos ecologistas. Numerosos colectivos se han sumado al rechazo de estos cultivos de manera sistemática por el riesgo que conllevan. Entre los peligros se contempla un uso desmesurado de glifosato, debido a la resistencia de estas plantaciones a los herbicidas.
Entre los cultivos transgénicos que utilizan glifosato, destacan la soja y el maíz, señalan desde ARBA. Recientemente varios países europeos limitaron o restringieron las importaciones de maíz, tras descubrirse campos cultivados de maíz transgénico no autorizado en Oregón (EE UU).



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