
Posteriormente, el hijo de la dueña, el joven Osmar Moscoso, acudió por el ganado y notó que algunas de los animales "estaban temblando".
En el trayecto de regreso al establo, una a una las vacas fueron murieron, de las cuales solamente 12 pudieron ser salvadas, gracias a la intervención de un veterinario que acudió al sitio.
Para resolver las causas de la muerte, las autoridades envió a un equipo de biólogos y veterinarios para que analice muestras del ganado, además de la vegetación del pastizal, y de esta forma saber si se trató de un evento casual o de un envenenamiento premeditado.




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