
La sífilis congénita, que transmite la madre embarazada al hijo que lleva en su vientre, fue detectada principalmente gracias a anomalías en las dentaduras halladas en esqueletos del siglo XIV. "Encontramos lo que se suele llamar dientes de Hutchinson, con hendiduras centrales, bordes convergentes y molares moriformes, signos característicos de la sífilis," explican los autores Kanz y Großschmidt (Departamento de Biología Celular y del Desarrollo). Sus descubrimientos han sido publicados ahora en la Journal of Biological and Clinical Anthropology ("Revista de Antropología Biológica y Clínica").
Los investigadores del Centro de Anatomía y Biología Celular de la Universidad Médica de Viena prepararon finas secciones de hueso no descalcificado extraídas de los huesos y dientes de los esqueletos para proceder a su análisis y examen histológico. Estas finas láminas, que solo pueden obtenerse en unos pocos laboratorios de todo el mundo, fueron a continuación examinadas mediante una técnica especial de microscopio óptico para determinar morfológicamente el patógeno presente.
Hasta ahora se han recuperado un total de 9.000 esqueletos en las excavaciones de la plaza de la catedral de St. Pölten, siendo los más antiguos del siglo IX. El gran número de individuos desenterrados en un solo yacimiento arqueológico es único en Europa. Los trabajos fueron llevados a cabo en estrecha colaboración con el Departamento de Arqueología Urbana de la capital del estado de la Baja Austria. Se iniciaron también estudios adicionales sobre las condiciones de vida y las enfermedades reveladas por estos esqueletos.
Este notable descubrimiento de la más antigua evidencia de sífilis conocida entre los años 1320 y 1390 espera ahora su confirmación por medio de pruebas biológicas y proteómicas (examen del proteoma utilizando métodos bioquímicos). Los científicos esperan obtener datos más concretos del análisis proteómico, ya que el ADN de la sífilis se descompone muy rápidamente.
Imagen de portada: La sífilis se encontraba muy extendida en Centroeuropa incluso antes del viaje de Colón a América, según los científicos, lo que sugiere que no se puede culpar a Colón de haber introducido la enfermedad en Europa. Fotografía cortesía de la Universidad Médica de Viena.




Comentario: Exculpemos entonces a Colón de esto, porque ya bastante culpa tiene por las atrocidades que cometió en una América que él no descubrió: