En EEUU aún no terminamos de entender la historia de Jussie Smollett, quien aparentemente le pago a su entrenador personal para que lo atacara en la madrugada de una noche helada en Chicago, para luego poder utilizar esto como prueba de un crimen de odio, y ya tenemos nuevo crimen de odio inventado.
Nikki Joly
© Fox
La historia de Jussie continua dando de qué hablar, incluso tras haber sido imputado por el departamento de policía de Chicago por haber mentido en sus declaraciones. Al final, Jussie aparentemente estaba buscando no ser despedido de su trabajo o conseguir un mejor empleo.

En Estados Unidos, la cultura ha llegado a tal extremo que lo único que tiene que hacer una figura pública es hacerse la víctima de un crimen de odio, ya sea xenófobo, homófobo o racista, para conseguir la notoriedad que le permita mantenerse en el disparadero mediático. En algunos casos, como el de Smollett, la única víctima de esta mentalidad enfermedad es el propio usuario lunático, y siempre que sea así, todo anda bien.

Sin embargo, esta mañana me encontré con otro caso en el que esta histeria fue llevada a un nivel mucho más preocupante, esta historia como siempre empieza de una manera aparentemente noble:
Cuando la casa de Nikki Joly se quemó en 2017, matando a cinco mascotas, el FBI la investigó como un crimen de odio.

Después de todo, el hombre transgénero y activista de los derechos de los homosexuales había recibido amenazas después de pasar un año en esta ciudad conservadora.

En los últimos seis meses, ayudó a abrir el primer centro comunitario gay de la ciudad, organizó el primer festival gay y, después de 18 años de intentos fallidos, ayudó a dirigir una batalla de moretones por una ordenanza que prohíbe la discriminación contra los gays.

Por sus esfuerzos, un periódico local lo nombró Ciudadano del Año.
Pero:
Nikki Joly, activista transgénero, comparece en la Corte de Circuito en Jackson, Michigan, frente al Juez John McBain el viernes, 1 de febrero de 2019, y se le concede un aplazamiento. Joly está acusado de incendio provocado en relación con un incendio en su casa que mató a sus cinco mascotas.

Más tarde, las autoridades determinaron que el incendio fue intencional, pero la persona que arrestaron fue un shock tanto para los partidarios como para los opositores del movimiento de los derechos de los homosexuales. Era la ciudadana del año, Nikki Joly.

El por qué Joly, de 54 años, supuestamente quemaría su casa sigue siendo un misterio. No era el dueño de la casa, que estaba asegurada por su dueño, dijo la policía.

Su abogado dijo que la falta de un motivo ponía en duda el caso.

Mientras tanto, un informe de la policía sugiere una posible razón del incendio.

Los funcionarios de la iglesia, Barbara Shelton y Bobby James, cuando la policía les preguntó sobre un posible motivo para el incendio, dijeron que Joly estaba decepcionado por el Desfile y Festival del Orgullo de Jackson, que se llevó a cabo cinco días antes del incendio, y que no había recibido más atención ni protestas.

Contactado por un reportero, James se negó a hacer comentarios. Pero Shelton objetó la forma en que la policía caracterizó sus comentarios, diciendo que no tenía ni idea de si Joly estaba frustrado por la falta de controversia.
RT agrega que:
Joly era "muy engañoso" y mostraba "capas de manipulación", dijeron los funcionarios a la policía, señalando que había roto el Centro del Orgullo de la iglesia que lo albergaba sin informarles de la mudanza, a pesar de que habían conseguido los fondos para el centro en primer lugar.

Aunque Joly no era el dueño de la casa y no ganó nada del dinero del seguro, la comunidad LGBT de Jackson recaudó 58.000 dólares para él y su esposa después del incendio. Mientras el dinero fluía, el FBI estaba concentrado en Joly como el culpable, en lugar de un hombre local que se había opuesto a los planes de exhibir una bandera gay en un parque de la ciudad durante el Festival del Orgullo. Aunque inicialmente investigaron el incendio provocado como un crimen de odio, la cronología de los hechos descartó a cualquier otro sospechoso que no fuera Joly, y estuvieron seguros en dos semanas de que tenían a su hombre. A pesar de sus pruebas - y de la falta de negación por parte del propio Joly - se tardó más de un año en presentar cargos contra él, ya que el fiscal quería más pruebas antes de acusar al amado activista gay de la localidad de organizar un ataque de odio contra sí mismo.
Así es, nos encontramos en una era en la que es más importante impulsar una agenda ideológica que la verdad o la vida de las mascotas.

Existen víctimas reales de crímenes de odio, pero este tipo de actos consigue dos cosas, la primera es robarles la credibilidad a dichas víctimas reales. La segunda es dar a entender que las personas que dicen luchar por los derechos de los homosexuales o las minorías, en realidad no lo hacen en respuesta a un deseo innato de ayudar o por compasión, como nos lo dicen a diario.

Lo hacen por su propio deseo de conseguir dinero, poder, atención o por tener la razón. Es un deseo egoísta, obtuso e instintivo con tal alcance, que no dudarían en sacrificar a quien sea necesario con tal de que su narrativa ideológica no corra peligro.