Los han identificado mediante un análisis de las penínsulas de Yamal y Gudán.
Jamal crater
© Vladimir Pushkarev / Reuters
Miembros de una expedición científica al borde de un cráter recientemente formado en la península de Yamal, el 9 de noviembre de 2014.
La tundra de Siberia continúa dejando sorpresas al descubierto y un reciente estudio de varios geógrafos, geofísicos y climatólogos de Rusia y EE.UU. ha encontrado tres nuevos cráteres en el permafrost — el suelo eternamente congelado — de las penínsulas de Yamal y Gydán.

Los científicos divisaron estos accidentes topográficos mediante el análisis de la información de satélites en Google Earth Engine. El método utilizado les permitió identificar tanto estos tres cráteres antes desconocidos, como los siete previamente mapeados.

El estudio corrobora una de las hipótesis anteriores de los científicos rusos sobre los orígenes de este fenómeno: los investigadores vieron que los cráteres comienzan a formarse en las profundidades del subsuelo, en bolsas de tierra descongelada, que a su vez aparecen a menudo debajo de los lagos árticos después de que se calentara el agua en ellos. El metano u otro gas natural puede acumularse en estos bolsillos y, a medida que aumenta la presión, puede detonar y cientos de metros cúbicos del suelo salen expulsados del interior.

Efectos del calentamiento

La apertura de cráteres forma parte de los cambios más generales del paisaje regional, que anduvieron a un ritmo del 5% durante 33 años, según calculó este equipo. La investigación también estableció que las depresiones dejadas por el deshielo, sin explosión alguna, eran más abundantes que los cráteres en las últimas décadas, pero también han alterado bastante el relieve.

Además, el análisis de datos satelitales puso al descubierto algunos cambios en la vegetación, la elevación del terreno y la extensión del agua. Lagos enteros han desaparecido, drenándose por completo a medida que el permafrost se estaba derritiendo por el aumento de las temperaturas. Por otra parte, hay un rasgo positivo en estos cambios, puesto que grandes áreas se han vuelto más verdes debido a unas temperaturas más altas del aire y del suelo que estimulan el crecimiento de las plantas.

Sin embargo, el portal Gizmodo, que recogió el 10 de febrero los resultados de este análisis, considera el reverdecer del Ártico un problema, ya que el follaje más alto y robusto puede atrapar más nieve alrededor. Esto puede acelerar aún más el descongelamiento del permafrost, porque mucha nieve actúa como un manto que protege el suelo del frío extremo y lo mantiene relativamente más cálido que el aire gélido.

El descongelamiento del permafrost es peligroso en sí porque hace las costas árticas más vulnerables a la erosión y amenaza con liberar mucho metano y dióxido de carbono a la atmósfera. Los cráteres son el ejemplo más dramático de este peligro, pero no son la única forma en que ambos gases de efecto invernadero escapan de la tundra.