Traducido por el equipo de SOTT.net

La espeluznante verdad sobre la tortura, violación y degradación sistemáticas de los detenidos palestinos por parte de la ocupación revela una brutalidad enterrada, incluso para los estándares israelíes.
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Mientras el mundo es testigo a diario de las atrocidades y masacres cometidas por el asalto militar israelí contra Gaza, los miles de palestinos detenidos por las fuerzas de ocupación -antes y después de los sucesos del 7 de octubre de 2023- se enfrentan solos a la tortura y la muerte a puerta cerrada.

Peor aún, estos horrores de detención han sido descaradamente publicitados e incluso jactados por los soldados de ocupación, con el apoyo violento y vocalizado de amplios sectores de la sociedad israelí.

En las sombras de las prisiones israelíes, decenas de miles de detenidos palestinos sufren una implacable campaña de crueldad. Los informes detallan desgarradores relatos de palizas, violaciones en grupo y torturas psicológicas, agravadas por la negación de necesidades esenciales como alimentos, agua y atención médica.

Este abuso sistemático, llevado a cabo a escala industrial, es asombroso en su alcance y salvajismo. Han surgido protestas públicas, no para condenar estas atrocidades, sino para exigir la liberación de soldados israelíes implicados en actos de violencia sexual tan graves que su víctima murió trágicamente a causa de las heridas infligidas.

Secreto y sufrimiento en las cárceles israelíes

Ronen Bar, jefe de la agencia de seguridad israelí Shin Bet, lanzó en junio una funesta advertencia al primer ministro Benjamín Netanyahu, en la que describía la situación en las cárceles israelíes como una "bomba de relojería", que puede poner en peligro a altos cargos israelíes en el extranjero y exponerlos a "tribunales internacionales".

La carta de Bar revelaba que había más de 21.000 detenidos palestinos, superando con creces las cifras oficiales y la capacidad de los centros.

En lugar de abordar estas preocupaciones, el extremista ministro de Seguridad de Israel, Itamar Ben Gvir, que ha prohibido el acceso de la Cruz Roja y de la ayuda humanitaria a los detenidos palestinos, respondió jactándose de su papel en el empeoramiento de las condiciones de los presos.

Un documento político del Instituto de Estudios Palestinos destacaba las medidas draconianas aplicadas ya el 17 de octubre, apenas 10 días después del lanzamiento de la Operación Inundación de Al-Aqsa. Estas medidas incluían:
La constricción de los espacios vitales; la retirada de las camas de los detenidos cuando es necesario y su sustitución por colchones en el suelo, lo que provoca el hacinamiento; una política de "cierres" por la que las celdas de las prisiones se cierran con llave y se impone el aislamiento total; el cierre de las prisiones a todas las visitas familiares o de la Cruz Roja o de abogados, y la anulación de la posibilidad de llevar a los detenidos ante los jueces para que todas las sesiones judiciales se lleven a cabo por videoconferencia.
La situación bajo el mandato del ministro de Seguridad se ha deteriorado hasta el punto de que Ben Gvir ha pedido abiertamente la ejecución de los detenidos palestinos, que ofrece como "solución más sencilla". Desde el 7 de octubre, al menos 35 presos palestinos han muerto en cárceles y campos de detención militares israelíes.

Denuncias de violaciones y abusos a pesar de la censura

Aunque muchos detalles permanecen en la oscuridad, los documentos judiciales, los testimonios de testigos presenciales y las fotografías y vídeos filtrados ofrecen una imagen desgarradora de las condiciones en el interior de estos centros.

Un caso especialmente inquietante es el de Bassem Tamimi, residente en Nabi Saleh, Cisjordania, que fue liberado de la detención administrativa -una forma de encarcelamiento sin cargos- físicamente demacrado y emocionalmente destrozado.

Incluso el medio de comunicación israelí Haaretz hizo que su informe sobre el trato dado a Tamimi fuera redactado por las autoridades en un intento de ocultar la amplitud de la brutalidad carcelaria.

En enero, un informe conjunto publicado por el Comité Público contra la Tortura en Israel (PCATI) detallaba lo que denominaba tortura "sistemática" de palestinos. Uno de los testimonios presentados en el informe, de un detenido llamado "Preso R" recluido en la prisión de Ketziot, revelaba los siguientes detalles:
Los guardianes amenazaban con matar a los presos cuando entraban en las celdas [...] Los guardianes realizaban cacheos mientras los presos estaban desnudos, colocaban a los presos desnudos unos contra otros y les introducían en las nalgas el dispositivo de aluminio utilizado en los cacheos. En otro caso, los guardias introdujeron una tarjeta en las nalgas de un preso. Todo esto ocurría a la vista de otros presos y guardias, mientras los guardias disfrutaban golpeando los genitales del preso.
Tras un intercambio de prisioneros entre Israel y Hamás a finales de noviembre, empezaron a surgir denuncias de graves torturas y violaciones, testimonios que en gran medida cayeron en saco roto. El 1 de diciembre, Baraah Abo Ramouz, periodista palestino recién excarcelado, declaró a la prensa que:
La situación en las prisiones es devastadora. Se abusa de los presos. Son golpeados constantemente. Están siendo agredidos sexualmente. Los violan. No exagero. Los prisioneros son violados.
La violencia de género como castigo colectivo

Al salir de las prisiones, muchos detenidos palestinos optaron por guardar silencio sobre sus experiencias en los centros de detención israelíes por temor a represalias, pero también por un profundo sentimiento de vergüenza y por la necesidad de preservar su honor en una sociedad conservadora.

En aquel momento, el ministro de Seguridad israelí ordenó al comisario de policía Kobi Shabtai que reprimiera cualquier celebración por parte de las familias de los presos liberados. Como Ben Gvir declaró públicamente:
Mis instrucciones son claras: no debe haber expresiones de alegría [...] Las expresiones de alegría equivalen a respaldar el terrorismo; las celebraciones de victoria respaldan a esa escoria humana.
Un informe de la ONU publicado el 12 de junio se centra casi por completo en los casos de abusos sexuales y violaciones cometidos contra hombres, mujeres y niños palestinos durante su detención. Según el informe, las fuerzas israelíes:
Sistemáticamente atacaron y sometieron a palestinos a violencia sexual y de género en línea y en persona desde el 7 de octubre, incluso mediante desnudez pública forzada, tortura y abusos sexualizados, y humillación y acoso sexuales.
El informe afirma además que la violencia de género "dirigida contra las mujeres palestinas tenía por objeto humillar y degradar a la población palestina en su conjunto". Los hombres y los niños pequeños eran desnudados y paseados por las calles, y las mujeres eran obligadas a mirar mientras los cautivos secuestrados, esposados y con los ojos vendados eran "coaccionados a realizar movimientos físicos mientras estaban desnudos."

En Gaza, no sólo se acorrala y somete a degradación pública a civiles palestinos al azar, sino que muchos son trasladados después a centros de detención israelíes, sin cargos, para sufrir torturas e incluso la muerte.

Según testimonios de testigos presenciales recogidos por el Club de Presos Palestinos (PPC) en julio, cuatro detenidos sin cargos y con los ojos vendados fueron

El Abu Ghraib palestino

Tal vez los casos más infames de abusos, torturas y violaciones contra detenidos palestinos hayan surgido del centro de detención de Sde Teiman, un centro situado en un emplazamiento militar israelí en el desierto de Naqab (Negev) que está diseñado específicamente para personas secuestradas en Gaza.

En virtud de una enmienda a la legislación israelí introducida en diciembre, el ejército puede retener a "presuntos terroristas" hasta 45 días sin cargos antes de trasladarlos al Sistema Penitenciario Israelí (SPI). Sin embargo, a muchos de los secuestrados palestinos se les retuvo durante mucho más tiempo aprovechando las lagunas del sistema jurídico y penitenciario israelí.

A pesar de los innumerables informes filtrados sobre las condiciones en que se encuentran los detenidos de Gaza, entre ellos mujeres, niños, médicos, personas con discapacidad y ancianos, la primera revelación real que traspasó la barrera de los medios de comunicación de habla inglesa fue un artículo de investigación publicado por la CNN en mayo.

El medio estadounidense filtró fotos de prisioneros maniatados, con los ojos vendados y retenidos tras alambradas de espino en posiciones de estrés, y citó a denunciantes israelíes que trabajaban en el centro.

Los testimonios daban fe de las horribles condiciones sanitarias y las torturas rutinarias practicadas allí, que según un denunciante israelí les habían "despojado de todo lo que se asemeja a un ser humano".

Posteriormente, el New York Times publicó su propia investigación de tres meses de duración sobre el centro de Sde Teiman, en la que confirmaba tres casos de electrocución, dos casos de rotura de costillas a prisioneros durante palizas arbitrarias y crímenes atroces como la violación anal de detenidos.

También detallaba cómo se humillaba a los presos y se les obligaba a llevar sólo pañales durante los interrogatorios. Corroborando las pruebas aportadas por la investigación, un fragmento filtrado de un informe de la ONU sobre el centro citaba directamente a los presos, revelando detalles escalofriantes.

"Vimos gusanos saliendo de su cuerpo"

En un testimonio recogido por UNRWA, un ex detenido de 41 años dijo:
Me hicieron sentarme sobre algo parecido a un palo de metal caliente, y sentí como fuego - tengo quemaduras [en el ano]. Los soldados me golpearon con sus zapatos en el pecho y utilizaron algo parecido a un palo de metal que tenía un pequeño clavo en el lateral [...] Nos pidieron que bebiéramos del retrete e hicieron que los perros nos atacaran [...] Hubo personas que fueron detenidas y asesinadas, tal vez nueve de ellas. Uno de ellos murió después de que le metieran el palo eléctrico [por el ano]. Se puso muy enfermo; vimos que le salían gusanos del cuerpo, y luego murió".
Una mujer de unos 30 años también declaró que le mostraron una vista aérea de su barrio y la amenazaron con bombardear a miembros de su familia. Otra mujer de 32 años describió su angustiosa experiencia mientras la trasladaban de un centro de detención a otro:
Pidieron a los soldados que me escupieran, diciendo: 'Es una b****, es de Gaza'. Nos golpeaban mientras nos movíamos y decían que nos pondrían pimienta en nuestras partes sensibles [genitales]. Tiraron de nosotras, nos golpearon, nos llevaron en autobús a la prisión de Damon al cabo de cinco días. Un soldado nos quitó el hiyab, nos pellizcaron y nos tocaron el cuerpo, incluidos los pechos. Teníamos los ojos vendados y sentíamos que nos tocaban, que nos empujaban la cabeza hacia el autobús. Empezamos a apretarnos para intentar protegernos de los tocamientos. Decían 'b****, b****'. Les dijeron a los soldados que se quitaran los zapatos y nos abofetearan con ellos.
Deshumanización de los presos palestinos

Confirmando informes anteriores sobre el tema, Haaretz también publicó un artículo sobre la amputación de miembros de prisioneros por personas no cualificadas, que se llevó a cabo debido a los largos periodos en que los detenidos estuvieron encadenados, dejando que su carne privada de circulación se pudriera e infectara.

Un gazatí de 32 años, que habló con The Cradle bajo condición de anonimato, afirma que los guardias israelíes "me golpearon repetidamente y luego orinaron sobre mí" mientras estaba recluido en el centro de detención de Sde Teiman. Atestigua también haber sufrido graves torturas.

"Allí había incluso médicos, discapacitados y jóvenes, pero les daba igual quién fueras; a todos nos trataban por debajo de los animales", afirma, y explica que constantemente ponían sonidos para interrumpir el sueño y hacer imposible saber qué hora era.

Continúa diciendo que lo golpeaban con herramientas metálicas y que los guardias de la prisión se burlaban de él y lo amenazaban con matar al resto de su familia, con pleno conocimiento de que su hermano había sido asesinado en una serie previa de ataques aéreos israelíes antes de su secuestro, y utilizando la información para atormentarlo mentalmente.

El director del Complejo Médico Al-Shifa de la ciudad de Gaza, el Dr. Mohammad Abu Salmiya, que fue puesto en libertad tras pasar siete meses detenido por Israel sin cargos, dio testimonio de lo que presenció tras ser trasladado por diversos centros de detención, incluido Sde Teiman.

El Dr. Abu Salmiya declaró que "los presos de las cárceles israelíes sufren distintos tipos de tortura. El ejército los trata como si fueran objetos inanimados, y los médicos israelíes nos agredieron físicamente".

Continuó diciendo que había "graves torturas y agresiones casi diarias dentro de las cárceles y se nos negaban tratamientos médicos", añadiendo que "ninguna organización internacional nos visitó en las cárceles israelíes y se nos prohibió reunirnos con ningún abogado". Muchos detenidos siguen en muy malas condiciones sanitarias y psicológicas".

Las duchas conllevan severos castigos

Más allá de los innumerables centros de detención improvisados y erigidos apresuradamente dentro de Gaza -donde se desnudaba a los prisioneros, se les vendaban los ojos y se les dejaba en la arena para que soportaran las duras condiciones climáticas-, hay tres centros de detención oficiales específicos para palestinos de Gaza, que rodean el territorio costero asediado.

El abogado palestino con ciudadanía israelí, Khaled Mahajneh, proporcionó un esclarecedor relato de primera mano sobre las condiciones a las que se enfrentan en el campo de detención de Sde Teiman tras habérsele concedido una rara visita, afirmando que "el trato es más horrible que todo lo que hemos oído sobre Abu Ghraib y Guantánamo".

Mahajneh relató el testimonio de un preso, que reveló que el único momento en que se quitaban los grilletes era durante una ducha semanal de un minuto. Pero los detenidos palestinos empezaron a rechazar estas duchas porque sobrepasar el límite de un minuto, sin un temporizador que les guiara, daba lugar a "severos castigos, incluyendo horas a la intemperie bajo el calor o la lluvia."

Tras meses de acumular pruebas sobre las mortíferas condiciones a las que se enfrentaban en Sde Teiman, 10 soldados reservistas israelíes fueron acusados de violar en grupo a un prisionero palestino con un palo. Nueve de los acusados fueron detenidos, uno de los cuales sería puesto en libertad al día siguiente y pasaría a jactarse de sus actos en la televisión israelí.

Las detenciones, sin embargo, desencadenaron la invasión de las instalaciones militares por miles de manifestantes israelíes, respaldados por Ben Gvir, que ensalzaron a los violadores como "héroes". Incluso se produjo un debate sobre el incidente en la Knesset israelí , donde el MK del Partido Likud Hanoch Milwidsky argumentó a favor de la violación en grupo.

Desde entonces, ha aparecido un vídeo de la agresión, y la organización israelí de asistencia jurídica Honenu, que representa a cuatro de los acusados, ha afirmado que sus clientes actuaron en "defensa propia."

No es sólo un centro

En una rueda de prensa celebrada en la ciudad cisjordana de Ramala a mediados de julio, Mahajneh reveló también que se había enterado, durante una visita al centro de detención de Ofer, situado en Cisjordania, de que una reclusa palestina de 27 años había sido brutalmente violada de la siguiente manera:
Se utilizó el tubo de un extintor contra un preso esposado. Se le obligó a tumbarse boca abajo, se le despojó de toda su ropa y se introdujo el tubo del extintor en el recto del preso. A continuación, activar el extintor [...] ante los ojos de los demás presos.
El caso del culturista palestino Muazzaz Abayat, de Belén, que perdió la mitad de su peso corporal durante su encarcelamiento de nueve meses, es indicativo de las condiciones inhumanas a las que se somete a todos los presos y de que el trato vejatorio no se limita en modo alguno a los campos de detención que rodean Gaza.

Las cifras oficiales israelíes cifran en algo menos de 10.000 el número de presos políticos palestinos, incluidos 3.380 detenidos administrativos y 250 niños. Estas cifras son a todas luces inexactas, dado que el director del Shin Bet de Israel ya estimó en junio que el número de detenidos rondaba los 21.000. Las cifras exactas siguen siendo imprecisas, y muchos prisioneros permanecen en paradero desconocido. El número confirmado de muertos entre los presos palestinos, que actualmente es de 53, también es probablemente una subestimación, ya que muchos detenidos siguen considerándose desaparecidos.

En marcado contraste con la intensa cobertura mediática y la preocupación política por los cautivos israelíes retenidos en Gaza, la difícil situación de los detenidos palestinos se ignora en gran medida.

Hay más niños palestinos retenidos como rehenes por Israel que el número total de israelíes capturados el 7 de octubre, incluso según la estimación más baja de 10.000 prisioneros. En comparación con el sufrimiento de los detenidos palestinos, el número de sus homólogos israelíes -menos de 100, según algunas estimaciones- es una mera gota en el océano.