Traducido por el equipo de SOTT.net

Hombres lagarto. Sí, claro. Una invención de David Icke. ¿Se basa en la verdad? Quién sabe. Es tan buena como cualquier otra teoría. Pero es bastante común llegar a algo tan extravagante cuando se busca otra manera de conciliar ciertos comportamientos humanos extremadamente viles.
Lizardmen
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Si nos topamos con un personaje del tipo del Hijo de Sam (un asesino en serie llamado David Berkowitz que asesinó a seis personas en Nueva York durante la década de 1970) o incluso con un Hitler (y todos sabemos lo que hizo), es mucho más fácil considerarlos una entidad inhumana que un simple ser humano chiflado.

De lo contrario, tendríamos que admitir que todos somos capaces de cometer tales atrocidades. Tanto Hitler como el Hijo de Sam estaban poseídos por espíritus malignos, o por el mismísimo Diablo. ¿Cómo podrían haber hecho lo que hicieron si no?

Entonces, ¿por qué no decir que todos estos malvados oligarcas son lagartos? Es más fácil definirlos como una raza de humanoides reptiles extraterrestres que cambian de forma que como humanos reales. Los lagartos de Icke son a menudo llamados "draconianos" o "anunnaki", originarios de la constelación de Draco, y todos ellos controlan secretamente la Tierra. Estos seres supuestamente manipulan las sociedades humanas haciéndose pasar por figuras influyentes de la política, la realeza, las finanzas y los medios de comunicación.

Según Icke, mantienen su apariencia humana mediante distorsión holográfica o hibridación genética, pero pueden volver a su forma reptiliana cuando lo deseen. Afirma que han gobernado la humanidad durante milenios, creando y controlando las principales instituciones a través de una red de sociedades secretas, en particular los Illuminati, para mantener el dominio mundial.

Claro, ¿por qué no? Bastante excéntrico, sin duda. Diría que Icke es un auténtico chiflado si no lo conociera mejor. El tipo sería muy difícil de diagnosticar convencionalmente como psicótico o esquizofrénico o algo peor. Simplemente no encaja en el diagnóstico por varias razones. Entonces, ¿qué pasa? ¿Tiene razón? Bueno, a las alturas de esta pesadilla demencial que todos estamos viviendo, no haría falta mucho para convencerme de que estas personas en cuestión son en realidad lagartos. O tal vez secuaces de Satanás, o algo peor. Cada vez es más difícil verlos como humanos chiflados. Aunque todavía es posible, pero, hombre, tendría que haber una gran cantidad de ellos que estuvieran zumbados. Y eso me parece incluso más inverosímil a veces que los lagartos metamorfos de la constelación de Draco.

Piensa en todas las locuras que hemos visto: un virus fantasma supuestamente escapado de un laboratorio en China que realizaba investigaciones de "ganancia de función", respaldado y financiado por el gobierno de EE.UU., en contra de las leyes federales, supuestamente conocido por el director del NIAID, Anthony Fauci. Imagínate, si quieres, al gobierno de los EE.UU. supuestamente involucrado en un plan consciente y deliberado para vacunar a la totalidad del mundo (más de 8 mil millones de seres humanos) con un medicamento que altera la genética y que apenas fue probado (qué importa si fue probado para la seguridad, eso era lo último que querían, una vacuna segura). Entonces, ¿la intención era el genocidio? Eso parece. Entonces imagínate, si quieres, el esfuerzo deliberado y consciente de pinchar a los niños con este brebaje maligno, y de continuar esta campaña (niños y adultos) mucho después de que se determinara claramente que esta vacuna estaba matando a la gente. Desde luego, no estaba ayudando a la gente a superar un virus que hacía tiempo que había desaparecido y que no suponía una amenaza para nadie.

Ahora, hablemos de otros ejemplos de lo que algunos llaman las malvadas acciones de los globalistas para controlar a las masas. El Foro Económico Mundial (FEM), dirigido por Klaus Schwab, suele estar en el centro de estas acusaciones. Su iniciativa "Gran Reinicio", lanzada en 2020, supuestamente tiene como objetivo remodelar las economías globales postcovid, pero los críticos como los de los medios alternativos afirman que es una fachada para consolidar el poder.

Señalan el discurso de Schwab sobre el "capitalismo de las partes interesadas" y las asociaciones con empresas como una forma de marginar a los gobiernos democráticos, dando a las élites no elegidas (pensemos en los grandes bancos y los gigantes tecnológicos) más control sobre las políticas mundiales. Algunos incluso relacionan esto con el programa Jóvenes Líderes Globales del FEM, que ha formado a personas como el canadiense Justin Trudeau y el francés Emmanuel Macron, a quienes se acusa de impulsar políticas que dan prioridad a las agendas globalistas sobre los intereses nacionales, como los severos confinamientos por covid o los impuestos sobre el carbono que golpean con más dureza a la clase trabajadora.

Luego está la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la que algunos dicen que está en el bolsillo de intereses privados como las gran farmacia y Bill Gates. Los críticos sostienen que el impulso de la OMS a un tratado mundial sobre pandemias y las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional podrían centralizar la política sanitaria, obligando potencialmente a los países a adoptar vacunaciones obligatorias o confinamientos. Señalan que el 85% de la financiación de la OMS procede de fuentes privadas, no de los gobiernos, lo que sugiere que su objetivo es más el lucro que la salud pública. Por ejemplo, algunos consideran que la prisa por implantar las vacunas de ARNm en todo el mundo, incluso para los niños, a pesar de los escasos datos sobre su seguridad, es una toma de poder para normalizar los mandatos médicos.

Líderes como el anterior primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, a menudo son criticados por ser supuestamente marionetas del FEM, pero otros, como la neozelandesa Jacinda Ardern, también son criticados por aplicar estrictas políticas por covid (como los encierros casi totales y los pasaportes de vacunación) que parecían más de control que científicas, especialmente cuando la amenaza del virus disminuyó. Estas políticas, dicen los críticos, aplastaron a las pequeñas empresas y las libertades personales mientras canalizaban la riqueza hacia los gigantes corporativos. Y no hay que olvidar a chinos como Xi Jinping, cuyo sistema de crédito social es visto por algunos como el último sueño húmedo globalista: vigilancia total y control sobre todos los aspectos de la vida, disfrazado de seguridad pública.

One Nation Under Blackmail
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Ahora pasemos a Jeffrey Epstein y sus amigos, porque aquí es donde la cosa se pone realmente oscura.

La periodista de investigación Whitney Webb, en su libro One Nation Under Blackmail (Una nación bajo chantaje), sostiene que Epstein no era sólo un multimillonario espeluznante, sino una pieza clave en una operación de chantaje patrocinada por el Estado y vinculada a la inteligencia estadounidense e israelí. Afirma que su red, en la que participaban figuras de alto nivel como Bill Gates, el príncipe Andrés y Les Wexner, se utilizaba para atrapar a personas poderosas en situaciones comprometidas, asegurando su lealtad a los programas de las élites.

Webb lo relaciona con el programa de Jóvenes Líderes Mundiales del FEM, señalando cómo las conexiones de Epstein se solapaban con los círculos globalistas, lo que sugiere una red de influencia en la que el sexo, el dinero y el poder mantienen a las masas bajo control. Su punto de vista es que no se trata de delitos aislados, sino que forman parte de un sistema más amplio de manipulación de la gobernanza mundial, en el que Epstein es un engranaje más.

Y luego están las cosas descabelladas de verdad que algunos creen sobre la élite, como rituales satánicos secretos y cosas peores. Ciertos círculos conspirativos, especialmente en Internet, afirman que líderes mundiales y figuras poderosas forman parte de grupos ocultistas que rinden culto a fuerzas oscuras, celebrando extrañas ceremonias para mantener su control del poder. Hablan de una supuesta droga llamada adrenocromo, que, según afirman, se extrae de niños de formas horribles para mantener a las élites jóvenes y llenas de energía. Los ya mencionados hombres (y mujeres) lagarto de Icke también están supuestamente implicados en estos rituales. Estos mismos grupos a veces apuntan a redes clandestinas que creen que trafican con niños para los ricos y poderosos, vinculándolo todo al satanismo (o lagartismo).

Mira, esto es puro territorio de conspiración (cosas que verías en foros marginales, no en ningún informe verificado) pero está ahí fuera, y la gente se lo traga porque es más fácil imaginar individuos poseídos por el mal puro, o lagartos, que humanos corruptos moviendo los hilos.

Es mucho que tragar, lo sé. Ya se trate del FEM, de la OMS o de los amigos de la élite de Epstein, el hilo conductor de los críticos es el control: sobre tu salud, tu cartera, tu libertad. ¿Son todos lagartos? Probablemente no (bueno, quizá sí). Pero cuando se ve este tipo de consolidación del poder, no es de extrañar que la gente empiece a buscar teorías descabelladas para darle sentido.