Traducido por el equipo de SOTT.net

Hay quien diría que Elon Musk es un enigma: un empresario multimillonario centrado en la tecnología verde y el impacto medioambiental que solía apoyar a figuras destacadas del Partido Demócrata como Hillary Clinton y Barack Obama, para acabar convirtiéndose en uno de los mayores oponentes del poder establecido progresista. ¿Qué ocurrió?
Zanny Minton Beddoes elon musk interview economist magazine
© The EconomistZanny Minton Beddoes, redactora jefe de The Economist, entrevista a Elon Musk el 23 de julio de 2026
Como Musk admite sin reparos, el movimiento progresista cambió y él no. Se podría argumentar que el movimiento progresista no cambió, sino que simplemente se quitó la máscara y reveló el monstruoso rostro que había debajo. En cualquier caso, cualquiera que viera ese rostro repugnante durante la locura despótica de la era de la pandemia y se negara a adaptarse y aceptarlo fue tachado de «enemigo de la democracia».

Musk lo vio con toda claridad y, evidentemente, sintió repulsión.

Tras 2022, cuando Musk declaró su separación total de los demócratas, a los que calificó de «partido de la división y el odio», los medios de comunicación de izquierdas se abalanzaron como si fueran un enjambre de monos voladores salidos del castillo de una bruja malvada. Los ataques han sido implacables. Cuando Musk dio el paso de comprar Twitter y alteró de forma radical el dominio de la izquierda política en el panorama de las redes sociales, estos chillaron de rabia y escupieron veneno. Fue glorioso.

En una reciente entrevista con The Economist el veneno quedó plenamente de manifiesto, pero las tácticas de los agentes de desinformación y los provocadores de los medios se han vuelto manidas, repetitivas y tediosas. Se notaba la exasperación de Musk ante todo aquello. Ya ha oído mil veces todas esas preguntas capciosas e insinuaciones sesgadas.

El medio de extrema izquierda Gizmodo, de propiedad suiza y con presencia en línea, publicó un artículo difamatorio sobre la entrevista y describió a Musk como alguien que «perdía los estribos» ante «preguntas normales». Este tipo de manipulación psicológica de la izquierda es habitual, y la proyección es palpable. La reacción de Gizmodo fue una verdadera pérdida de estribos; simplemente no pueden soportar la idea de que se ponga al descubierto la deshonestidad de los medios.

Las personas más deshonestas con las intenciones más nefastas suelen lanzar acusaciones disfrazándolas de «preguntas». El titular de portada de esta misma entrevista de The Economist era: «¿Deberías tener miedo de Elon Musk?».

Musk ha sido acusado, tanto directa como indirectamente, de promover el racismo, el fascismo, el sexismo e incluso el genocidio. A través del DOGE y del tan necesario cierre de la corrupta institución USAID, ahora se le acusa de «matar a millones» al retener fondos humanitarios.



La verdadera agenda está implícita en esta línea de interrogatorio. Las élites globales y la extrema izquierda presentan una falsa narrativa de consenso: la idea de que representan a la mayoría y de que la «mayoría» está muy enfadada con Elon por sus transgresiones contra el orden liberal. Quizá más que con Twitter, se muestran especialmente sensibles ante el cierre de la USAID.

¿Por qué? No porque les importen los pobres niños hambrientos y con sida de África. Es cuestionable cuántos dólares estadounidenses se destinaban realmente a estos proyectos humanitarios frente a la cantidad de dólares que acababa en los bolsillos ávidos de los políticos demócratas y las ONG de izquierdas. La realidad que los medios no quieren abordar es que la USAID era un centro de financiación clave para la difusión de la ideología «woke» y la propaganda por todo el mundo.

Sin el flujo interminable de dinero procedente del fraude de la USAID, la visión multicultural e interseccional de la extrema izquierda se ve muy obstaculizada. Basta con ver, por ejemplo, la rapidez con la que se disiparon los movimientos del Orgullo y de los activistas transgénero una vez que se agotó la financiación federal a través de organizaciones como la USAID.

¿Y qué hay de la inmigración masiva? ¿De verdad tienen los estadounidenses que financiar centros de acogida y servicios para los migrantes que atraviesan México con el objetivo de entrar ilegalmente en EE.UU.? Porque eso es precisamente lo que estaba haciendo la USAID.

El DOGE desmanteló una organización que era un cáncer para el mundo entero, incluido EE.UU. Eso es lo que realmente molesta a los medios de comunicación. Y cabe señalar que EE.UU. no es responsable del bienestar del mundo entero. Si la gente de los países del tercer mundo no puede sobrevivir sin las ayudas estadounidenses, quizá deberían aprender a hacerlo.


Pero el delito más atroz de Musk fue abandonar la plantación liberal. Los izquierdistas son colectivistas radicales y consideran que el éxito personal de cada individuo es una plataforma para servir a los intereses del movimiento en su conjunto. Cualquier persona que se aleje del colectivo y se lleve consigo su plataforma es vista como un traidor, pero también como un ladrón.

Los progresistas ven a Musk como de su propiedad. Consideran que todo lo que él construye les pertenece. Creen que Musk les debe algo.
La afirmación de la editora de The Economist Zanny Minton Beddoes de que su medio y sus compañeros son «liberales tradicionales» que promueven un gobierno limitado y la libertad individual es quizás la afirmación más ridícula que un periodista haya pronunciado en los últimos tiempos. The Economist es una plataforma de noticias globalista y fue propiedad parcial de la familia Rothschild durante décadas, hasta marzo de este año, cuando vendieron su participación.

The Economist promovió agresivamente políticas contrarias a la libertad durante la Administración Biden, incluida la vacunación obligatoria durante la pandemia covid. También apoyó, en teoría, la idea de los pasaportes de vacunación, lo que habría supuesto el mayor retroceso opresivo en materia de libertad personal de la historia moderna. Atacó constantemente a quienes se oponían a las medidas obligatorias por «difundir desinformación» y defendió el concepto de la presión gubernamental sobre la ciudadanía.

Por supuesto, ninguna de las medidas impuestas por los gobiernos liberales ha demostrado tener ningún efecto en la propagación de la covid, y la tasa de letalidad se mantiene relativamente estable, con una media del 0,23 %. Toda esa histeria y tiranía por un virus al que el 99,8 % de la población sobreviviría fácilmente.

El liberalismo tradicional en los medios de comunicación lleva mucho tiempo muerto. No existe. Ha sido sustituido por el autoritarismo «woke».

Por eso, como señala Musk, nadie confía en los medios, y la mayoría de la gente los odia. En 2025, más del 70 % de los adultos estadounidenses afirmaron tener poca o ninguna confianza en los principales medios. Puede que estas empresas cuenten con cantidades increíbles de dinero a sus espaldas, pero todo eso es irrelevante sin la confianza del público.