
José Capriles, profesor asociado de antropología de Penn State y autor principal de un estudio sobre el descubrimiento del templo publicado hoy (24 de junio) en la revista Antiquity, explicó que aún se desconoce mucho sobre la civilización Tiwanaku.
"Su sociedad se derrumbó en torno al año 1000 EC y era una ruina cuando los incas conquistaron los Andes en el siglo XV", explica Capriles. EC se refiere a la era común del calendario actual. "En su apogeo, ostentaba una estructura social altamente organizada, dejando tras de sí restos de monumentos arquitectónicos como pirámides, templos en terrazas y monolitos, la mayoría de los cuales se encuentran distribuidos en sitios alrededor del lago Titicaca y, aunque sabemos que el control y la influencia de Tiwanaku se extendían mucho más allá, los estudiosos debaten cuánto control real tenía sobre lugares distantes."

En la época de Tiwanaku, el lugar conectaba tres rutas comerciales principales para tres ecosistemas enormemente diferentes: las productivas tierras altas alrededor del lago Titicaca al norte, el árido Altiplano ideal para el pastoreo de llamas al oeste y los valles andinos orientales de Cochabamba, agrícolamente productivos, al este.
Por ello, los investigadores entendieron que el lugar debía de tener cierta importancia para conectar a la gente. Capriles explicó que la gente se desplazaba, comerciaba y construía monumentos en lugares de importancia por todo el árido paisaje montañoso. Tras detectar un terreno cuadrangular sin cartografiar, los investigadores utilizaron diversas técnicas para visualizar la zona.

Las alineaciones de piedras revelaron un antiguo templo, llamado Palaspata por el nombre nativo de la zona. El complejo del templo mide aproximadamente 125 metros de largo por 145 de ancho -el tamaño aproximado de una manzana- e incluye 15 recintos cuadrangulares dispuestos alrededor de un patio interior rectangular. Su disposición parece alineada para realizar rituales tras el equinoccio solar, el momento en que el sol se sitúa directamente sobre el ecuador, explicó Capriles. A partir de los datos recogidos, los investigadores elaboraron una reconstrucción que revela el posible aspecto del antiguo templo.

Capriles dijo que el templo probablemente tenía un propósito religioso, evidenciado por las áreas rituales designadas, así como por su conexión física que mediaba en el comercio y la distribución de las cosechas.
"La mayoría de las transacciones económicas y políticas tenían que estar mediadas por la divinidad, porque sería un lenguaje común que facilitaría la cooperación entre varios individuos", explicó, ya que la religión era a menudo el punto en común que unía a los distintos grupos.
El descubrimiento fue una sorpresa incluso para los habitantes de la zona, explicó Justo Ventura Guarayo, alcalde del municipio de Caracollo donde se encuentra el yacimiento.
"Los hallazgos arqueológicos de Palaspata son significativos porque ponen de relieve un aspecto crucial de nuestro patrimonio local que se había pasado completamente por alto", declaró Ventura Guarayo. "Este descubrimiento es vital para nuestra comunidad, y creemos que su documentación tendrá un valor incalculable para promover el turismo y mostrar la rica historia de nuestra región".

"Con más información sobre el pasado de este antiguo yacimiento, obtenemos una ventana a cómo la gente gestionaba la cooperación, y cómo podemos ver materialmente pruebas de control político y económico", añadió Capriles. "Aún queda mucho por descubrir que desconocemos y que podría estar escondido a plena vista. Sólo hace falta abrir los ojos para ver lo que hay ahí fuera".
Los investigadores trabajaron con el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización de Bolivia para exportar muestras, que fueron datadas en el Laboratorio de Datación por Radiocarbono del Instituto de Energía y Medio Ambiente de Penn State.
Este artículo ha sido escrito conjuntamente con Sergio Calla Maldonado, estudiante boliviano de posgrado en la Universidad de Granada; Juan Pablo Calero, arquitecto boliviano; y Christophe Delaere, investigador asociado belga de la Université libre de Bruxelles. La National Science Foundation de EE.UU. financió en parte esta investigación mediante las becas BCS-2015924 y DEB-2208411.




Comentarios del Lector
a nuestro Boletín