Traducido por el equipo de SOTT.net
La guerra es lo peor del mundo. Es el comportamiento más loco exhibido por los seres humanos. El más destructivo. El más traumático. El menos sostenible. El menos propicio para la prosperidad humana.

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Todas las cosas que más tememos se convierten en la norma en una tierra asolada por la guerra. Muerte. Dolor. Sufrimiento. Violación. Caos. Incertidumbre. Pérdida de seres queridos. Pérdida de hogares. Pérdida de miembros. Vivir en el terror. Ser atacado. Sufrir daños cerebrales. Enfrentarse a decisiones imposibles. Todas las cosas con las que nos asustamos viendo películas de terror se convierten en una realidad de la que no hay escapatoria.
La guerra crea una pesadilla despierta que cualquier persona sensata querría evitar salvo en caso de extrema necesidad.
Y, sin embargo, nos gobiernan personas que la buscan activamente. Que mienten y manipulan para que haya guerras. Que difamarán y calumniarán a cualquiera que se resista en nombre de la paz. Que lucharán activamente contra cualquier impulso saludable en todos los miembros de su sociedad para hacer avanzar su agenda de guerra.
Siempre nos dicen que la nueva guerra que quieren que luchemos es para defendernos, o para liberar a una población oprimida de una dictadura tiránica, o para prevenir el terrorismo, o para difundir la libertad y la democracia. Normalmente, nos dicen que se trata de todas estas cosas.
Pero nunca lo es. Siempre están mintiendo. Siempre. Están empujando a los seres humanos a las peores circunstancias que podrían experimentar aquí en la tierra sin otra razón que el poder y el beneficio. Para hacer avanzar las agendas hegemónicas de los gestores del imperio y para llenar las arcas de los especuladores de la guerra. Eso es todo. Siempre, siempre, siempre.
Dicen lo que sea que tengan que decir y mueven las piezas de ajedrez que tengan que mover para conseguir su guerra, y luego envían a un montón de pobres imbéciles a luchar en ella, mintiéndoles que están haciendo algo noble y heroico.
Los envían a una tierra extranjera, y entonces quedan atrapados. No pueden huir al desierto porque no saben cómo sobrevivir y no tienen forma de volver a casa. No pueden pedir ayuda a los lugareños porque éstos son sus víctimas. No tienen otra opción que luchar y matar a personas que nunca les han hecho daño, o deponer las armas y ser enjaulados como animales.
Si eligen luchar, en el mejor de los casos pasarán el resto de sus vidas sabiendo que mataron a otros seres humanos que querían vivir tanto como ellos, y que tenían tanto derecho como ellos a hacerlo.
Todo porque unas personas que ya tenían demasiado poder querían un poco más.Es la cosa más insensata y retrógrada que se pueda imaginar.
Los individuos más poderosos de nuestro mundo son personas que impulsan activamente los peores resultados posibles. Es exactamente lo contrario de cómo deberían ser las cosas.Sin embargo, nos dicen que es normal. Primero nuestros padres y profesores, y luego los medios de comunicación y Hollywood, nos enseñan a creer que ésta es la realidad en la que vivimos y que debemos esperar y aceptar. La guerra es agresivamente normalizada por expertos, propagandistas y políticos, y glorificada con entusiasmo en películas y documentales.
Aquellos que fueron obligados o engañados para luchar en estos insanos planes de violencia a gran escala son considerados héroes, y cualquiera que no esté de acuerdo con lo que se les envió a hacer es considerado irrespetuoso y desagradecido. Los que abogan por la paz son tachados de traidores que seguramente tienen lealtades encubiertas hacia cualquier gobierno que el imperio esté tratando de atacar en esta ocasión. Los que sugieren que podría haber alguna solución aparte de la guerra, son tachados de soñadores infantiles.
Y una vez que la guerra ha comenzado, es casi imposible detenerla.
Toda la clase política y mediática considera la guerra como la nueva normalidad, y cualquier sugerencia de que ha llegado el momento de poner fin a las cosas se considera descabellada y sospechosa. Nunca es el momento de terminar la guerra, porque tal o cual objetivo no se ha logrado todavía, o porque tal o cual facción podría llegar al poder si se retiran las tropas, o porque tal o cual grupo desempoderado podría sufrir sin nuestros militares allí para protegerlos.
Terminar una guerra es tan difícil como empezarla es fácil. Todas las instituciones que se alinearon perfectamente para ayudar a que la bola rodara hacia la guerra, de repente se transforman en gigantescos pozos de alquitrán de inercia cuando se trata de poner fin al conflicto. Los belicistas dicen que la guerra debe continuar por esta o aquella razón, los políticos respaldan a los belicistas, los medios de comunicación respaldan a los políticos, y la persona que dice que es hora de poner fin a la locura se queda ahí de pie
como si fuera el loco.
Pero ellos no son los locos. Los que nos empujan a la guerra están locos. Todo este sistema está loco. Toda esta civilización.
Los que resisten el empuje hacia la guerra son los que luchan por la cordura. Son los que intentan invertir la marea de la locura y arrastrarnos a un mundo sano.
Si eres tú, no flaquees. No dejes que los belicistas te griten o te hagan callar. Tú tienes razón y ellos están equivocados. Que tu voz truene con confianza. Que nada te haga vacilar.
Bienaventurados los pacificadores. No dejes que nadie te engañe para que dudes de lo que sabes que es verdad.
Si, es verdad, axiomática e incuestionable verdad. Por eso hoy tenemos que estar muy agradecidos de vivir en un mundo, en una sociedad, dónde, no es solamente que "la guerra es la paz" , sino que ello viene reinforzado sobre sus dos pilares básicos que la sostienen: que "la libertad es la esclavitud" y "la ignorancia es la fuerza".
Y es sobre esta Santísima Trinidad, que tantas luchas le ha costado a la Humanidad, que la paz puede funcionar y lograr sus metas. Porque la guerra es lo peor del mundo...