Traducido por el equipo de SOTT.net

Un estudio de los genomas de antiguos pueblos siberianos muestra vínculos genéticos con personas que viven en Estonia, Finlandia y Hungría en la actualidad.
Saami with Reindeer
© Getty ImagesEl pueblo saami, autóctono de Finlandia, habla una lengua urálica.
Según un nuevo estudio de genomas antiguos, los actuales hablantes de húngaro, finlandés y estonio tienen importantes ancestros siberianos. Es probable que estas raíces se extendieran hacia el oeste desde un grupo de personas que vivían en las estepas boscosas de los montes Altai, en Asia Central y Oriental, hace 4.500 años.

El ADN antiguo reveló que este grupo era patrilineal, es decir, organizado en base a la descendencia paterna.

Sin embargo, aunque el ADN antiguo puede mostrar hacia dónde se desplazó un grupo a lo largo del tiempo, es difícil utilizar la genética para rastrear el lenguaje. Por ello, los expertos han señalado que los resultados no prueban definitivamente que exista un vínculo entre los hablantes de estas lenguas y el antiguo patrón de ADN.

Migración fuera de Siberia

En un estudio publicado el 2 de julio en la revista Nature, los investigadores analizaron a 180 personas que vivieron en el norte de Eurasia entre el periodo Mesolítico y la Edad de Bronce (hace entre 11.000 y 4.000 años). A continuación, el equipo añadió estos individuos a una base de datos de más de 1.300 personas antiguas analizadas previamente, y luego comparó estos genomas con los de personas modernas. Un hallazgo significativo provino de los genomas datados entre el Neolítico tardío y la Edad de Bronce temprana (hace entre 4.500 y 3.200 años).

Descubrieron que las ubicaciones geográficas de los pueblos antiguos con un patrón de ADN que denominaron Yakutia_LNBA estaban "inequívocamente asociadas con poblaciones de habla urálica antiguas y actuales", escriben los investigadores en el estudio.

Las lenguas urálicas son un grupo de más de 20 lenguas habladas por millones de personas, pero las más destacadas son el estonio, el finlandés y el húngaro. Los lingüistas se han interesado por estas tres grandes lenguas urálicas porque son diferentes de las indoeuropeas que se hablan en los países de su entorno.

"Las poblaciones vecinas que hablan lenguas indoeuropeas no suelen tener ascendencia de Yakutia_LNBA ni de ningún otro tipo de Asia oriental", explica a Live Science por correo electrónico Tian Chen Zeng, autor principal del estudio y estudiante de posgrado de Biología Evolutiva Humana en la Universidad de Harvard. "La ascendencia Yakutia_LNBA es la única ascendencia de Asia Oriental presente en la composición genética de casi todas las poblaciones de habla urálica actuales y antiguas".

Los investigadores identificaron el grupo Yakutia_LNBA en los huesos de personas que vivieron hace entre 4.500 y 3.200 años en Siberia. Es posible que formaran parte de la cultura Ymyyakhtakh, una antigua cultura del noreste de Siberia que contaba con tecnología cerámica, objetos de bronce y puntas de flecha de piedra y hueso.

Los arqueólogos habían descubierto anteriormente que la cerámica Ymyyakhtakh se extendió hacia el sur, a las estepas boscosas de la región de Altai-Sayan, cerca de la intersección de las actuales Rusia, Mongolia, Kazajstán y China, hace unos 4.000 años. Los investigadores sugirieron que el patrón de ADN Yakutia_LNBA podría por tanto estar vinculado a culturas prehistóricas de habla urálica.

"Una interpretación directa de esto es que la ascendencia Yakutia_LNBA se dispersó de Este a Oeste junto con las lenguas urálicas", dijo Zeng.

"Demostramos que Yakutia_LNBA puede servir como un excelente colorante trazador de la propagación de las primeras comunidades de habla urálica", señalaron los investigadores en el estudio.

Los científicos también descubrieron que este grupo, que acabó extendiéndose hacia el oeste, pudo estar organizado por descendencia patrilineal, basándose en los patrones del cromosoma Y en el ADN antiguo.

Los retos de rastrear las lenguas

Pero la asociación entre genética y lengua es complicada de demostrar, sobre todo en el pasado.

"La composición genética de una persona no ofrece ninguna pista sobre la variedad de lenguas que puede hablar, ni sobre cuál de ellas considera su lengua principal", declaró por correo electrónico a Live Science Catherine Frieman, arqueóloga de la Universidad Nacional de Australia que no participó en el estudio.

Dado que las personas se comunican de formas complejas, "creo que debemos considerar cómo el multilingüismo, incluso entre familias lingüísticas, puede haber moldeado o afectado a la difusión y el cambio de las lenguas", señaló Frieman.

Aunque los investigadores no abordan el multilingüismo en su estudio, Zeng afirmó que "es muy probable que las poblaciones antiguas fueran multilingües". Sin embargo, añadió, "un cambio lingüístico extenso probablemente habría implicado la migración -o, como mínimo, la integración de una fracción sustancial de recién llegados lingüísticos en poblaciones de toda una región- a un nivel que probablemente dejaría algún impacto genético."

Pero Frieman advierte que debemos tener cuidado de no equiparar un grupo genético a una lengua o familia concreta, sobre todo cuando pensamos en cómo vivían los pueblos del pasado.

Aunque el estudio presenta "un enfoque interesante y bienvenido sobre el ADN [antiguo] de Eurasia oriental", dijo Frieman, "este manuscrito en particular fue diseñado en gran medida para responder a preguntas sobre genómica de poblaciones", no sobre el lenguaje, dijo Frieman.