Esta figurita de plata con forma de toro en una postura similar a la humana pudo haber sido enterrada en un ritual para marcar los límites de un templo hace 5.000 años.

El toro forma parte de la colección del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Mide 16,3 centímetros de altura y está fabricado con plata pura al 98,5 %, según un estudio de 1970 por Kate Lefferts, entonces conservadora del Met. En el interior de la figura hueca, Lefferts encontró cinco guijarros de piedra caliza, que probablemente fueron incluidos por el artista para crear un sonido de tintineo. La fibra adherida a la estatua estaba hecha de hilo animal.
En un estudio de 1970, Donald Hansen, entonces profesor de bellas artes en la Universidad de Nueva York, describió la figura como una notable mezcla de características parcialmente humanas y parcialmente animales. La cabeza bovina, con cuernos curvados, descansa sobre hombros de aspecto humano, y la criatura está vestida con una túnica decorada que cubre sus piernas arrodilladas. Los brazos extendidos del toro son de aspecto humano, pero terminan en pezuñas que sostienen un recipiente. La figurita no tiene una base plana, señaló Hansen, lo que significa que no podía mantenerse en pie por sí sola sobre una superficie dura.
La figurita fue realizada en Elam, una antigua región que corresponde al suroeste del Irán actual. Esta zona fue la sede de los protoelamitas, una antigua civilización del Cercano Oriente en la Edad del Cobre. Los protoelamitas inventaron los sellos cilíndricos, cilindros grabados con escenas figurativas que se utilizaban con fines administrativos, muchos de los cuales representan animales en poses humanas. Es probable que el Toro arrodillado se fabricara siguiendo esta tradición protoelamita de crear híbridos entre animales y humanos míticos, pero de aspecto realista.
No está claro por qué alguien decidió hacer el Toro arrodillado hace cinco milenios. Pero las piedras calizas que hay dentro de la estatuilla y la tela que se adhiere a ella sugieren que se utilizaba en un ritual o ceremonia, según Hansen. Incluso podría haber sido una "figurita de cimentación". Estos objetos se enterraban intencionadamente durante la construcción de los templos protoelamitas para marcar simbólicamente el terreno sagrado. Si el Toro arrodillado se creó como figurita de cimentación, nunca se pensó que volviera a verse.




Cuando yo era muy chico, en el cole nos decían que esta era una suerte de representación antropo-zoo-mórfica. La palabra se explica sola. Pero seguíamos sin saber si una figura de estas representaba algo salido de la imaginación de un artista o una realidad antropo-zoo-mórfica. Traslademos este escenario a nuestra historia conocida y al futuro cercano. El David, de Miguel Ángel. Tiene bolas y falo. Todos saben lo que son, porque las tienen o porque parieron a uno que las tiene. Nada del otro mundo. Empero, dentro de pocas décadas, los así promovidos post-humanos no tendrán sexo ni se reproducirán. Y, si aparte, quienes administran este manicomio, sepultan la historia de nuestra era y se inventan una nueva (que los mantenga como dioses), nadie sabrá que son las bolas y el falo. Y si algún arqueólogo post-humano desentierra a El David, a los niños les inventarán una complicada palabra (digamos... sexualo-morfo) para clasificar ese raro e irreal arte de una era perdida en los eones, y habrá locas teorías que digan que antes había gente así, con órganos sexuales, y que los seres humanos se reproducían entre ellos. O sea, que lo sexualo-morfo no era una forma de arte sino de la biología. Pero nadie podrá probarlo.
Ahora pensad en cuanta criatura "mitológica" (las comillas, porque mito significa que no es verdad ) puedas evocar, y también en las tantas veces que ha habido Great Resets y la historia ha sido inundada, sepultada o militarizada.
¿No te hace esto volar la imaginación? Espero de corazón que sí, para que no seas un NPC con la mente dentro de una caja.