Traducido por el equipo de SOTT.net
forest scene
La única forma de saber qué hacer

La gente habla sin cesar no sólo sobre la moralidad y las normas morales en general, sino también sobre lo que creen que deberías hacer específicamente.

¿Salir con alguien? ¿No salir con nadie? ¿Casarse o no casarse? ¿Tener hijos o no tenerlos? ¿Trabajar duro y hacerse rico, o pasar desapercibido y salir de la rutina diaria? ¿Tener un trabajo corporativo responsable o renunciar y abrir tu extraña empresa emergente? ¿Escapar al campo o crear un enclave metropolitano futurista? Todo el mundo parece tener sus respuestas y trata de imponérnoslas al resto. Estamos rodeados por un nuevo y estridente «ellos» heideggeriano que nunca se calla, que nos tira de aquí para allá sin cesar y, una vez que recuperamos el equilibrio, vuelve a atacarnos con el peor consejo en el peor momento posible.

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© LucTalks
Traducción del tuit: El «ellos» de Heidegger — el mundo de charlas superficiales y curiosidad ociosa que conforma la sociedad — es cuando te ves zarandeado entre las opiniones candentes de los influencers, pensando una cosa en un momento y otra al siguiente, para acabar volviendo a las preocupaciones y esperanzas insignificantes: imaginando futuros «buenos» basados en una percepción limitada y futuros «malos» basados en el miedo y en una visión estrecha del bien y del mal, donde el mal significa incomodidad y el bien significa mantenerse cómodo; luego te lanzan a la siguiente opinión candente, que aplicas a tus pequeñas esperanzas y preocupaciones, donde la nueva opinión candente contradice la anterior, ya contradictoria en tu mente, mientras aplicas ambas a tonterías imaginarias que solo existen en tu cabeza.
Si esto te pone de los nervios, mejor para ti: es el primer paso para empezar a ser soberano, o moralmente autosuficiente, como me gusta llamarlo. Sin embargo, la mayoría de las veces, la gente se confunde innecesariamente: adoptan alguna verdad a medias que leen en alguna parte, intentan imponerla a la realidad de su situación y luego se preguntan por qué acaban con la cara en el suelo.
  • «No eres un hombre si no estás casado»
  • «No eres un hombre si estás casado»
  • «Necesitas tener un negocio»
  • «Un negocio es un suicidio financiero»
  • «Pide un préstamo» / «Nunca te endeudes»
  • «No tengas hijos para salvar el planeta»
  • «Ten hijos para salvar tu raza»
  • «Sé valiente y lucha abiertamente contra el sistema»
  • «No seas tonto y mantente oculto»
  • «Sé artista» / «Sé emprendedor» / «Tómate las cosas con calma» / «Mantente ocupado»
  • Etc. pp.
Se difunden tonterías similares sobre todo tipo de aspectos importantes y no tan importantes de la vida cuando la gente antepone algún fragmento de una teoría a la realidad experimentada. Solo la música clásica es buena. No, sólo la música de los años 60 es buena; no, eso fue una operación psicológica, y los Beatles estafaron a los negros, ¿o fueron los señores satánicos quienes los crearon para envenenar a la juventud en primer lugar?

Al igual que ninguna teoría generalizada puede sustituir la responsabilidad de cada uno de desarrollar y poseer un gusto musical propio, lo mismo ocurre con las decisiones más importantes de la vida. Depende de ti, y solo tú puedes saber (sentir, intuir, saborear) cómo avanzar en la dirección correcta, en este momento concreto del viaje de tu vida.

Por supuesto, es importante escuchar los consejos de aquellos que son más sabios que nosotros. Pero crear nuestra propia versión de una vida digna, de las que hay un número infinito, es nuestro deber sagrado. Además, hay una gran diferencia entre escuchar los consejos personales de personas sabias y adoptar alguna regla tonta de algún estafador cualquiera en Internet. O incluso de una persona sabia en Internet, si el consejo no es el resultado de un encuentro personal en un amable estado de apertura. Por lo general, quienes dan consejos sólo proyectan y generalizan sus propios caminos personales (que pueden haber funcionado para ellos), confundiéndolos con características eternas de la realidad. No es que, para ser claros, cualquier elección de vida sea tan buena como otra; el realismo moral existe.

Es sólo que hay innumerables variedades de vidas dignas de ser vividas, al igual que hay vidas degradantes. Las fórmulas nunca funcionan qua fórmulas.

Pero aquí está lo realmente importante: al final, lo que debemos o no debemos hacer depende de nuestro destino personal. Sí, el libre albedrío es real, pero para cualquiera que haya prestado atención a cómo se desarrolla la vida, también está claro que no todo es posible. De hecho, el «espacio de posibilidades» en el que navegamos a nivel personal parece estar limitado por algún tipo de reglas dinámicas que no podemos comprender del todo. La vida se parece más a una red de canales y ríos, que nos permite saltar de una rama a otra en determinados momentos, sin dejar de alcanzar inevitablemente ciertos hitos, independientemente del camino que tomemos. Es posible que tengamos más control sobre otros aspectos de nuestra ruta, y que también seamos libres de estropearlo todo por completo. En resumen, hay ciertas cosas que no es posible lograr en esta vida; otras las podemos lograr en cierta medida aplicando la fuerza bruta, pero sería precisamente eso: forzadas y, en última instancia, un callejón sin salida en el mapa del destino. Otras cosas nos llegan de forma natural, pero no sabemos cuál es el destino ni el significado de todo ello: es un proceso de descubrimiento. Lo que significa que nuestra tarea es precisamente esa: descubrir, poco a poco, cuál es nuestro destino, abiertos a todo tipo de posibilidades, incluidas aquellas que quizá no nos gusten. Especialmente esas, de hecho.

La mayoría de las veces, nuestros sueños y aspiraciones, nuestras metas declaradas, no son más que proyecciones de nuestra ignorancia sobre nosotros mismos y el mundo, impulsadas por instintos biológicos básicos de comodidad y homeostasis. Pintamos en nuestra mente un futuro imaginario que nos hace sentir bien, un simple globo inflado con aire caliente y total desconocimiento. No sabemos cuál es realmente nuestro destino y, si lo supiéramos, no nos gustaría; por eso Dios, misericordioso, nos mantiene ciegos hasta que puede confiar en que no huiremos de él. Esto explica dos ideas aparentemente contradictorias que se encuentran en el pensamiento religioso y esotérico: por un lado, se dice que todo en la vida debe ser fácil, fluido, natural, tranquilo, centrado. Por otro lado, debemos ser disciplinados, tener fuerza de voluntad, escuchar a la autoridad adecuada, luchar contra nuestras inclinaciones, deseos y pereza y letargo condicionados por la personalidad, la sociedad, la biología y el temperamento.

La solución a este dilema es fácil de expresar con palabras, pero angustiante de poner en práctica: en lo que respecta a nuestro destino, debemos relajarnos y apartarnos del camino; dejarlo fluir, amigo. Mantenerse abierto y confiar en el destino. Pero para ello, a menudo tenemos que librar una monstruosa batalla cuesta arriba contra las fuerzas descarriladoras y enloquecedoras de la entropía, tanto internas como externas. Lo que incluye a todas aquellas personas que intentan decirte que sólo hay un camino verdadero, una forma de vida que vale la pena, un destino universal. Que les den.

L.P. Koch
L.P. Koch es un alemán que escribe ensayos sobre filosofía en un mundo que se ha vuelto loco. Sus escritos se pueden encontrar en su substack LucTalks. Apoya su escritura aquí.