Traducido por el equipo de SOTT.net

Cómo se está librando contra ti una guerra cognitiva y de influencia
information warfare propaganda graphic
Todos lo hemos vivido: estás navegando por las redes sociales y una publicación te llama la atención; hace una afirmación o te muestra algo que te hace pensar: «No puede ser verdad», o te provoca una reacción emocional inmediata y, antes de que te des cuenta, ya has empezado a escribir un comentario lleno de indignación mordaz.

Pero detente ahí un momento. Antes de que tus dedos toquen las teclas, antes de compartirlo, antes de hacer una captura de pantalla y enviársela a tres amigos que sabes que estarán tan furiosos como tú.

Pregúntate: ¿Por qué esa publicación? ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué tú?

Esto es lo que la mayoría de la gente no se da cuenta en ese momento: ¿esa reacción que acabas de tener? ¿Ese destello de ira, ese pico de miedo, la certeza embriagadora de que acabas de presenciar algo indignante e innegable? Puede que no te haya pasado por casualidad, puede que haya sido orquestado.

No en un sentido vago y paranoico. Literalmente orquestado. Diseñado, probado, perfeccionado y enviado a tu pantalla concreta en un momento específico, calculado para producir exactamente la respuesta neurológica y emocional que acabas de experimentar, basándose en un perfil psicológico detallado elaborado a partir de miles de tus clics, pausas, compartidos y reacciones anteriores. Un perfil que nunca consentiste que se creara y que probablemente ni siquiera sabes que existe.

Bienvenidos al campo de batalla más trascendental del siglo XXI, donde no hay bombas ni uniformes, ni declaraciones de guerra. Las armas son algoritmos, identidades falsas, vídeos ultrafalsos y narrativas cuidadosamente elaboradas que se difunden por todas las plataformas que usas a diario, incluida esta. Las víctimas de esta guerra son la confianza, una realidad coherente y la capacidad de la gente corriente para dar sentido al mundo que les rodea.

Esto es la «guerra cognitiva» y, a diferencia de cualquier otra forma de guerra en la historia de la humanidad, se está librando contra ti en este mismo momento, no a pesar de que seas un civil, sino precisamente porque lo eres.

La inquietante verdad es que no se trata de una idea nueva: los gobiernos, las agencias de inteligencia y poderosos actores privados llevan más de un siglo estudiando, teorizando y desplegando sistemáticamente operaciones de influencia contra la mente humana. Lo que ha cambiado es la escala, la precisión y, sobre todo, la tecnología, que ha llegado a un punto en el que la manipulación psicológica masiva ya no es dominio exclusivo de los Estados-nación con presupuestos secretos de miles de millones de dólares. Está al alcance de cualquiera que tenga un ordenador portátil, una cuenta en las redes sociales y un conocimiento básico de cómo se propaga la indignación.

Lo que sigue es un informe exhaustivo sobre cómo hemos llegado hasta aquí, que traza la evolución de la guerra cognitiva y de influencia desde sus primeras raíces institucionales, pasando por la maquinaria de la Guerra Fría que integró la propaganda en los cimientos de los medios de comunicación occidentales, y la revolución digital que abrió la psique humana a la explotación algorítmica, hasta llegar al punto en el que nos encontramos hoy, en el umbral de una era en la que la inteligencia artificial y la neurotecnología amenazan con hacer que la manipulación del pensamiento humano no solo sea escalable, sino también prácticamente invisible.

Las implicaciones son civilizacionales y, te guste o no, tú formas parte de esta guerra.

Lee con atención, porque comprender esto es, en sí mismo, una forma de defensa.
venn diagram social media propaganda programming social
La guerra cognitiva es el ataque deliberado a la mente humana, la formación de creencias, la percepción, la toma de decisiones y la confianza social como principal escenario de conflicto. No se trata simplemente de propaganda renombrada, sino literalmente de una evolución doctrinal que trata al propio cerebro como el espacio de batalla definitivo, sintetizando operaciones psicológicas, neurociencia, macrodatos, inteligencia artificial e infraestructura digital en un instrumento de poder unificado que opera las 24 horas del día, los 7 días de la semana, más allá de las fronteras y, en gran medida, por debajo del umbral de la guerra declarada.

La OTAN la definió formalmente como «actividades llevadas a cabo en sincronía con otros instrumentos de poder, con el fin de modificar actitudes y comportamientos mediante la influencia, protección o alteración de la cognición individual y grupal para obtener ventaja sobre un adversario». La Universidad Nacional de Defensa de Taiwán ha señalado que el término «guerra cognitiva» apareció por primera vez en un informe de la OTAN, en el que se describía como un modo de guerra no convencional que explota los sesgos psicológicos y el pensamiento reflexivo a través de redes tecnológicas para «manipular la cognición humana, inducir cambios en el pensamiento y, de ese modo, causar impactos negativos».
infographic cognitive warfare propaganda misinformation
Del engaño antiguo a la propaganda industrial

El impulso de ganar guerras a través de la mente en lugar del cuerpo es tan antiguo como la propia guerra. Sun Tzu codificó el engaño como el principio fundamental de toda estrategia militar; tanto Alejandro Magno como Genghis Khan utilizaron el miedo, el espectáculo y la reputación fabricada como armas para derrumbar la moral del enemigo antes de que se lanzara una sola flecha. Estos fueron los primitivos precursores de lo que con el tiempo se convertiría en sofisticados sistemas institucionalizados de manipulación psicológica masiva.

La era moderna de la guerra psicológica nació en el crisol de las guerras mundiales. El propio término «guerra psicológica» pasó de Alemania a Estados Unidos en 1941. Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto las potencias aliadas como las del Eje dedicaron enormes recursos a esta disciplina. La operación psicológica aliada más significativa desde el punto de vista de su estructura fue la Operación Fortaleza (la campaña de engaño de múltiples niveles que respaldó el Día D), que inventó ejércitos ficticios completos, filtró documentos falsos sobre el orden de batalla y convenció a los alemanes de que Patton lideraba la verdadera fuerza de invasión hacia Pas-de-Calais en lugar de Normandía. En el frente organizativo, el presidente Roosevelt estableció la Oficina del Coordinador de Información (COI) bajo el mando del coronel William Donovan, que posteriormente se dividió en la Oficina de Información de Guerra (OWI) y la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), antecesora institucional directa de la CIA. La Rama de Operaciones de Moral de la OSS tenía la misión explícita de atacar «la moral y la unidad política del enemigo mediante medios psicológicos».
anti soviet propaganda poster ww2
© OSS
La arquitectura de la Guerra Fría: la construcción de la maquinaria

La Guerra Fría fue la forja en la que se fraguó la doctrina moderna de la guerra cognitiva y de influencia. En 1947, los responsables políticos estadounidenses, alarmados por el peso electoral de los partidos comunistas en Francia e Italia, alcanzaron un consenso bipartidista en torno a la idea de que Estados Unidos debía vencer a la Unión Soviética en su propio juego psicológico, aunque eso significara, como dijo un historiador, recurrir a «subterfugios, medios de comunicación estatales o algo más contundente». El primer documento de la CIA que autorizaba las operaciones psicológicas, el NSC 4-A, era tan amplio que ni siquiera definía el término: simplemente autorizaba cualquier actividad destinada a «contrarrestar las actividades soviéticas y las inspiradas por la Unión Soviética».
state briefing psychological warfare ww2
La Operación Mockingbird y la infiltración en los medios

Lo que se conoció como la «Operación Mockingbird» (aunque la CIA nunca le dio ese nombre oficialmente) comenzó hacia 1948 bajo la dirección de Frank Wisner, jefe de la Oficina de Coordinación de Políticas, a quien se le encomendó la creación de un aparato para la propaganda, la guerra económica y la acción directa preventiva, incluyendo sabotaje, contrasabotaje, demolición y subversión contra Estados hostiles. Wisner reclutó a Philip Graham, del The Washington Post, para dirigir el programa dentro del sector de los medios de comunicación. A principios de la década de 1950, Wisner había cultivado contactos dentro de The New York Times, Newsweek, CBS, Time, el Miami Herald y docenas de otros medios. Llamó a este aparato su «Imponente Wurlitzer», un órgano capaz de tocar cualquier melodía a través de cualquier número de tubos simultáneamente. Los pagos de la CIA a los periodistas infiltrados oscilaban entre 500 y 5000 dólares por cada noticia colocada.
CIAFrank Wisner
© CopyrightFrank Wisner, de la CIA
La operación salió a la luz en 1975 gracias a las investigaciones del Comité Church del Congreso, que revelaron profundas conexiones de la Agencia con periodistas y grupos cívicos. En 1977, Carl Bernstein publicó una investigación histórica en Rolling Stone que documentaba que más de 400 miembros de la prensa estadounidense habían llevado a cabo en secreto misiones para la CIA, entre ellos figuras de The New York Times, CBS y Time Inc. El director de la CIA, William Colby, confirmó ante el Comité Church que la agencia había utilizado a periodistas como activos. Si esto terminó o simplemente evolucionó sigue siendo una cuestión pendiente.

MK-ULTRA y la ciencia del control mental

church committee report
© The Washington Post
Paralelamente a la infiltración en los medios de comunicación, la CIA llevó a cabo el programa MK-ULTRA (1953-1973), un extenso programa de investigación encubierto destinado a estudiar si era posible controlar directamente la mente humana mediante drogas (LSD, mescalina), hipnosis, privación sensorial, tortura psicológica y terapia electroconvulsiva. MK-ULTRA abarcó al menos 150 programas de investigación en 80 instituciones, entre ellas universidades, hospitales y prisiones, y gran parte de ellos se llevaron a cabo con sujetos que no eran conscientes de ello. El programa representó el primer intento sistemático del Estado de pasar de influir en las mentes a gran escala a reprogramar directamente las mentes individuales. Fue un callejón sin salida para el control directo, pero una rica fuente de datos sobre la vulnerabilidad psicológica y la sumisión.

Control reflexivo soviético

Los soviéticos construyeron su doctrina paralela en torno a un concepto denominado «control reflexivo», derivado de su antiguo principio militar de maskirovka (encubrimiento/engaño). La idea central es de una precisión quirúrgica: proporcionar al adversario información cuidadosamente seleccionada para que este tome voluntariamente exactamente la decisión que se desea que tome, creyendo que ha llegado a ella de forma independiente. No se trata de simple propaganda (difundir contenido falso); es una manipulación arquitectónica del propio proceso de toma de decisiones. El concepto se impartía formalmente en las academias militares rusas, se codificó en la doctrina de seguridad nacional y ha sido estudiado de forma continua por las fuerzas armadas rusas tanto a nivel táctico como operativo.

El giro digital: la guerra de la información como doctrina

La Guerra del Golfo de 1991 supuso un punto de inflexión. La decisiva victoria estadounidense, impulsada por municiones guiadas de precisión, un sistema de mando y control en red y una abrumadora ventaja en materia de inteligencia, desencadenó un intenso periodo de reflexión teórica sobre la relación entre la información y la guerra. Los estudiosos utilizaban términos como «guerra de la era de la información», «ciberguerra», «guerra de sexta generación» y «revolución en los asuntos militares» de forma intercambiable, pero todos coincidían en que los avances tecnológicos habían transformado la información de una herramienta de guerra a su combustible.

En 1999, la doctrina militar estadounidense definió formalmente las Operaciones de Información (IO) como «acciones emprendidas para afectar a la información y los sistemas de información del adversario, al tiempo que se defienden los propios». La Guerra de la Información (IW) era un subconjunto: IO llevadas a cabo durante una crisis o un conflicto para alcanzar objetivos específicos. Fundamentalmente, la IW fue eliminada de la doctrina militar oficial en 2006, a medida que la comunidad de operaciones de información se decantaba por soluciones técnicas de red, operaciones cibernéticas y ataques a redes informáticas, en detrimento de elementos más «cognitivos» como las operaciones psicológicas y el engaño. Este fue un error estratégico que los adversarios aprovecharían.
Lt. Gen. Stephen Fogarty U.S. Army Cyber Command
© CopyrightTeniente general Stephen Fogarty, Mando Cibernético del Ejército de los EE.UU.
En 2019, el teniente general Stephen Fogarty anunció su intención de transformar el Mando Cibernético del Ejército de EE.UU. en un mando de guerra de la información, argumentando: «El poder que vamos a proyectar a nivel mundial es la información». En enero de 2026, el Ejército había creó una rama de Guerra de la Información para formar a oficiales especializados en «engaño militar, influencia y maniobras de armas combinadas, con un énfasis fundamental en la configuración de la percepción y la toma de decisiones».

La escuela rusa: Gerasimov y el arte del caos

En febrero de 2013, el jefe del Estado Mayor ruso, el general Valery Gerasimov, publicó un artículo en el que argumentaba que las reglas de la guerra habían cambiado radicalmente, y que los medios no militares para alcanzar objetivos políticos y estratégicos habían llegado a superar el poder de la fuerza convencional. La Doctrina Gerasimov, como se la conoció en los análisis occidentales, declara que «las tácticas no militares no son auxiliares del uso de la fuerza, sino la forma preferida de ganar» y que el caos en sí mismo es el objetivo estratégico dentro de un Estado enemigo. La doctrina integra explícitamente a las Fuerzas de Operaciones Especiales, los medios de comunicación civiles, las fuerzas intermediarias y las capacidades cibernéticas para «influir en todos los actores, interrumpir las comunicaciones y desestabilizar regiones».
Valery Gerasimov
© CopyrightJefe del Estado Mayor de Rusia, el general Valery Gerasimov
Rusia demostró su dominio de la estrategia de control reflexivo en la intervención de Ucrania en 2014: tropas sin insignias, amenazas nucleares simultáneas a la OTAN y negación coordinada de la implicación rusa, todo ello diseñado para paralizar la toma de decisiones del enemigo. La Agencia de Investigación de Internet (IRA), fundada en San Petersburgo y financiada por Yevgeny Prigozhin (el oligarca mercenario detrás del Grupo Wagner), fue el brazo digital de esta doctrina. En 2015, la IRA contaba con aproximadamente 400 empleados que trabajaban en turnos de 12 horas, incluidos 80 troles dedicados exclusivamente a desestabilizar el sistema político estadounidense. La IRA comenzó a centrarse en Estados Unidos ya en 2014, un hecho confirmado en la acusación del gran jurado de Robert Mueller de 2018. Se ordenó a los agentes que vieran programas de televisión estadounidenses, tomaran clases de gramática, utilizaran servidores proxi y crearan identidades estadounidenses falsas para crear cuentas en redes sociales que parecieran auténticas y que acumularan seguidores reales a lo largo de los años antes de ser activadas para operaciones de influencia.

La escuela china: Operaciones en el dominio cognitivo

El Ejército Popular de Liberación de China ha desarrollado lo que denomina «Operaciones en el ámbito cognitivo» (CDO), es decir, la intervención sistemática en la percepción, la confianza y la toma de decisiones humanas con el fin de «ganar sin luchar». Los estrategas del EPL consideran cada vez más que el cerebro humano es el campo de batalla decisivo del siglo XXI. El Instituto Nacional de Estudios de Defensa de Japón (NIDS) documentó cómo China combina la guerra cognitiva con operaciones cibernéticas, coacción económica e intimidación militar en la «zona gris», el espacio entre la paz y la guerra declarada. RAND y la Universidad Nacional de Defensa han seguido de cerca la exploración por parte del EPL de la neurociencia, la ciencia del cerebro, la IA y el análisis de datos específicamente para potenciar los efectos de la guerra psicológica.

article china artificial intelligence propaganda tool
Las categorías de guerra cognitiva del EPL incluyen: intimidación militar, intercambios culturales bilaterales como vectores de influencia, manipulación religiosa, operaciones simbólicas y, más recientemente, ultrafalsedades generadas por IA y contenido dirigido algorítmicamente. El objetivo del PCCh, tal y como lo describe el Laboratorio del Científico Loco del Ejército de los EE.UU., es «difuminar la línea entre realidad y ficción, utilizando algoritmos para crear realidades adaptativas», no simplemente mentir, sino destruir por completo la capacidad del público para distinguir la verdad de la falsedad.

La respuesta de la OTAN

La OTAN reconoció oficialmente la guerra cognitiva como un ámbito operativo diferenciado en 2023. El Mando Aliado de Transformación (ACT) publicó un «Concepto Exploratorio de Guerra Cognitiva» en el que participaron directamente más de 20 países miembros, mandos de la OTAN, el mundo académico y la industria. El marco de la OTAN identifica dos amenazas clave que impulsan la necesidad de una doctrina de guerra cognitiva: en primer lugar, las nuevas tecnologías que permiten a los adversarios acumular y manipular datos y explotar las divisiones sociales; en segundo lugar, la proliferación de las redes sociales, que crean vectores para influir en los pensamientos, las emociones y las acciones a escala popular.
nato cognitive warfare propaganda report cover
El objetivo declarado de la Alianza es una capacidad doble: proteger la toma de decisiones de la OTAN de la manipulación adversaria, al tiempo que se desarrollan efectos cognitivos ofensivos contra los adversarios. Tal y como lo expresaba el análisis de Small Wars Journal de enero de 2026 sobre el informe del científico jefe de la OTAN: la OTAN
«considera la guerra cognitiva como una lucha por la superioridad cognitiva, librada a través de acciones militares y no militares sincronizadas a lo largo de todo el continuo de la competencia... No se esconde tras la jerga. No finge que se trate únicamente de un problema de comunicación».
La infraestructura del sector privado

Uno de los aspectos menos conocidos de la guerra cognitiva y de influencia es hasta qué punto su maquinaria operativa es creada y desplegada por empresas privadas, que operan en gran medida al margen del control democrático y venden sus servicios a actores estatales, empresas, campañas políticas y cualquier otra entidad que pueda pagarlos.
Cambridge Analytica

El caso más públicamente documentado es el de Cambridge Analytica, la empresa británica de análisis de datos que recopiló datos de unos 87 millones de usuarios de Facebook a través de una laguna de privacidad relacionada con una aplicación de terceros para realizar test de personalidad creada por el investigador de Cambridge Aleksandr Kogan. El arma de Cambridge Analytica fue el modelo psicográfico OCEAN, un algoritmo que puntuaba a los usuarios en función de su apertura, conciencia, extraversión, amabilidad y neuroticismo, utilizando los «me gusta» y las actualizaciones de estado de Facebook como datos de entrada.
Cambridge Analytica
© AlamyLa ICO dedicó tres años a investigar a la empresa y, en el marco de la investigación, examinó 700 terabytes de datos.
La empresa elaboró perfiles de personalidad de más de 100 millones de votantes registrados en EE.UU. y utilizó dichos perfiles para ofrecer publicidad política microdirigida de forma individualizada, con mensajes distintos, diseñados para aprovechar diferentes vulnerabilidades psicológicas y dirigidos a personas concretas. Esta estrategia funcionó tanto en la campaña de Trump de 2016 como en la campaña a favor del Brexit. Aunque los investigadores siguen debatiendo si la segmentación psicográfica fue el factor decisivo, no cabe duda de la arquitectura que reveló: perfiles psicológicos masivos + manipulación microdirigida + datos personales recopilados.
Psy-Group y Black Cube

La zona gris del sector de inteligencia israelí ha dado lugar a una industria artesanal de empresas privadas de operaciones de influencia. Psy-Group (fundada en 2014 por antiguos oficiales de inteligencia militar israelíes) operaba bajo el lema corporativo: «La realidad es una cuestión de percepción». Su folleto de marketing ofrecía servicios que incluían «diligencia debida profunda», «segmentación y monitorización» y «trampas y operaciones encubiertas». Psy-Group creó ecosistemas completos de redes sociales con identidades falsas, elaborados sitios web de noticias falsas disfrazados de portales de noticias legítimos, influyentes falsos y campañas narrativas coordinadas para clientes corporativos y políticos. Ofreció sus servicios a los super-PAC de la campaña de Trump en 2016, fue investigada por Robert Mueller y, posteriormente, cerró bajo esa presión legal.

black cube business intelligence propaganda private
Black Cube (fundada en 2010) se especializó en operaciones de inteligencia humana: reclutaba a antiguos agentes del Mossad y de la inteligencia militar israelí para llevar a cabo operaciones encubiertas, recabar información comprometedora y difundir cobertura mediática difamatoria contra sus objetivos. Black Cube saltó a la palestra pública sobre todo por el caso de Harvey Weinstein (quien la contrató para vigilar a periodistas y silenciar a las víctimas) y a través de documentos judiciales canadienses que revelaron su implicación junto con Psy-Group en un caso de espionaje empresarial. Terrogence, fundada en 2004, fue una de las primeras empresas israelíes pioneras en infiltrarse sistemáticamente en foros de Internet utilizando perfiles falsos.

Estas empresas representan la vanguardia privatizada del sector de las operaciones de influencia: técnicas desarrolladas dentro de los servicios de inteligencia estatales, comercializadas y ofrecidas en el mercado abierto.

El propio aparato cognitivo del Gobierno de EE.UU.

EE.UU. ha operado una arquitectura de influencia cognitiva vasta y con múltiples capas, gran parte de la cual se dirige tanto a audiencias extranjeras como nacionales (a menudo de formas legalmente ambiguas).
brain graphic electrical signals propaganda darpa
DARPA: Ingeniería de la mente

La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) ha invertido miles de millones en la neurociencia cognitiva con aplicaciones militares. El programa Neurotecnología no quirúrgica de próxima generación (N3) tiene como objetivo desarrollar «interfaces cerebro-máquina bidireccionales de alto rendimiento para militares sin discapacidades», lo que permitirá a los soldados controlar vehículos no tripulados y sistemas de ciberdefensa con sus pensamientos, sin necesidad de cirugía. El programa SCEPTER estudia cómo potenciar directamente la cognición humana. La campaña más amplia de la DARPA, AI Next, invirtió más de 2000 millones de dólares para impulsar la IA en pro de la seguridad nacional, y aproximadamente el 70 % de los programas actuales de la DARPA incorporan ahora IA y aprendizaje automático.
IARPA: La ciberpsicología como arma
iarpa Intelligence Advanced Research Projects Activity logo propaganda information warfare
La Actividad de Proyectos de Investigación Avanzada en Inteligencia (IARPA), creada en 2007 como el equivalente de la comunidad de inteligencia a la DARPA, ha centrado explícitamente su atención en la psicología tanto de los atacantes como de los defensores en el ámbito de la información. En 2024, la IARPA puso en marcha ReSCIND (Reinventar la Seguridad con Defensas de Red Basadas en la Ciberpsicología), un programa diseñado para aprovechar las vulnerabilidades cognitivas de los ciberatacantes en su contra. El director del programa afirmó que el objetivo era «dificultar aún más la tarea del atacante» explotando sus sesgos inherentes en la toma de decisiones. El proyecto MICrONS de la IARPA, independiente de este, busca realizar ingeniería inversa de un milímetro cúbico de tejido cerebral humano para mejorar los algoritmos de aprendizaje automático. La IARPA también ha solicitado investigaciones sobre «métodos y enfoques para caracterizar los efectos cognitivos en las operaciones cibernéticas», estableciendo explícitamente paralelismos entre las técnicas «actualmente utilizadas en la publicidad en línea, las campañas políticas, el comercio electrónico y los juegos en línea» y los vectores de ciberataque
SOCOM y MISO: La capa operativa
SOCOM MISO military information operations propaganda misinformation information warfare
© Joint MISO Web Operations
El Mando de Operaciones Especiales de EE.UU. (SOCOM) es el organismo conjunto designado para las Operaciones de Apoyo a la Información Militar (MISO), lo que antes se denominaba PSYOP. El SOCOM creó el Centro Conjunto de Operaciones Web MISO (JMWC) en 2018 para apoyar las campañas MISO en Internet dirigidas por los comandos de combate. Las actividades MISO abarcan «televisión terrestre y por satélite, radio, productos impresos, mensajes de texto, redes sociales y sitios web» dirigidos a «públicos extranjeros» en regiones que van desde Sudamérica y Oriente Medio hasta Europa del Este y el África subsahariana.

En 2022, Facebook y Twitter eliminarion cerca de 230 cuentas vinculadas a operaciones militares secretas de EE.UU. por infringir las políticas de la plataforma sobre «manipulación de la plataforma y correo basura» y «comportamiento inauténtico coordinado». La investigación conjunta del Observatorio de Internet de Stanford y Graphika, «Unheard Voice», documentó una red interconectada de cuentas en Twitter, Facebook, Instagram y otras cinco plataformas que llevaban a cabo campañas de influencia encubiertas prooccidentales desde hacía aproximadamente cinco años. Un caso notable fue una noticia falsa sobre el robo de órganos, diseñada para crear divisiones entre afganos e iraníes. La revelación llevó al subsecretario de Defensa, Colin Kahl, a exigir una auditoría interna urgente en todas las ramas militares, reconociendo así, en esencia, que las operaciones existían.

El GEC y el «complejo industrial de la censura»
article state deparment propaganda disinformation
El presidente Obama creó el Centro de Compromiso Global (GEC) en marzo de 2016, inicialmente para contrarrestar el reclutamiento del ISIS en las redes sociales. El Congreso amplió su mandato en 2017 para incluir la lucha contra «la propaganda y la desinformación de Estados extranjeros y de actores no estatales». En los años siguientes, el GEC financió organizaciones como el Índice Global de Desinformación (GDI), que publicó estudios en los que calificaba a medios conservadores estadounidenses como Newsmax, OAN y el New York Post de «alto riesgo» de desinformación, lo que provocó duras acusaciones por parte de los republicanos de que el GEC se había convertido en cómplice de la censura de los estadounidenses en lugar de la de los adversarios extranjeros.

Por otra parte, la Agencia de Seguridad Cibernética y de Infraestructuras (CISA) amplió su misión, pasando de proteger las infraestructuras críticas a supervisar las redes sociales nacionales en busca de «información errónea, desinformación y desinformación maliciosa» relacionada con las elecciones, las vacunas covid y otros temas, estableciendo una operación de «centralización» para remitir las publicaciones señaladas por los funcionarios electorales directamente a las plataformas de redes sociales para su eliminación. Un informe de 2023 del Comité Judicial de la Cámara de Representantes describió a la CISA como el «centro neurálgico de las operaciones de vigilancia y censura nacionales del Gobierno federal en las redes sociales».
cover report censorship industrial complex
© House Select Committee
El entramado que conectaba a estas entidades gubernamentales con socios del ámbito académico y de la sociedad civil — el Observatorio de Internet de Stanford, Graphika, el Laboratorio de Investigación Forense Digital (DFRLab) del Consejo Atlántico y el Centro para un Público Informado de la Universidad de Washington — fue lo que los críticos denominaron el «complejo industrial de la censura». En 2024, bajo una presión legal y parlamentaria sostenida, el Observatorio de Internet de Stanford se derrumbó de hecho, perdiendo a su director fundador, a su director de investigación y a la mayor parte de su personal. En abril de 2025, el secretario de Estado Marco Rubio anunció el cierre total del GEC, acusando a la oficina de ser utilizada para «silenciar y censurar activamente las voces de los estadounidenses a los que se suponía que debía servir».
El arsenal tecnológico
Ultrafalsedades y medios sintéticos

El vídeo ultrafalso de febrero de 2022 en el que el presidente ucraniano Zelensky parecía ordenar a sus tropas que se rindieran, rudimentario para los estándares actuales, representó lo que los investigadores denominan «la primera salva de una nueva era de guerra de la información». En 2026, las ultrafalsedades han «cruzado un umbral crítico»: la tecnología ha eliminado los fallos reveladores de antaño y ahora es accesible para cualquiera que tenga un smartphone.


En las elecciones presidenciales de Irlanda de 2025, una ultrafalsedad mostraba falsamente al que acabaría siendo el ganador retirando su candidatura, acompañado de imágenes falsas de cadenas nacionales de televisión que confirmaban la noticia, y se difundió apenas unos días antes de las elecciones. La red rusa CopyCop (Storm-1516) ha lanzado más de 200 sitios web engañosos en múltiples idiomas, desde el ucraniano hasta el swahili, utilizando ultrafalsedades, entrevistas inventadas y contenido generado por IA para introducir narrativas falsas en los ecosistemas de información a nivel mundial.

Los grandes modelos de lenguaje generan ahora textos persuasivos indistinguibles de la escritura humana en docenas de idiomas. La clonación de voz requiere apenas unos segundos de audio. La síntesis de vídeo puede producir imágenes fotorrealistas de acontecimientos que nunca ocurrieron. «La propaganda histórica requería recursos significativos», lo que generaba cuellos de botella. «Esas limitaciones han desaparecido ahora». Un solo operador puede proyectar ahora una escala de influencia que antes requería agencias gubernamentales enteras.

Neuroarmas e interfaces cerebro-ordenador
cover artile information weaponization
© Modern Diplomacy
La frontera más especulativa, pero más seria desde el punto de vista institucional, de la guerra cognitiva es la manipulación neurológica directa. El programa N3 de la DARPA está desarrollando activamente interfaces cerebro-máquina para aplicaciones de combate. Un estudio realizado por la Universidad del Ejército de Corea demostró en 2022 la alteración de las ondas cerebrales mediante tecnología EEG y BCI. Los investigadores han identificado aplicaciones militares que pueden dividirse, a grandes rasgos, en dos categorías: mejora del rendimiento (vinculación cognitiva de los soldados con sistemas semiautónomos) y degradación del rendimiento/militarización (inducción de confusión, miedo o sumisión en las fuerzas enemigas o la población civil).
military neurtechnology weaponization report
© UNIDIR
El Dr. James Giordano, de la Universidad de Georgetown, un neurocientífico que asesora a la OTAN y al ejército de EE.UU., ha afirmado claramente: «El cerebro es el campo de batalla del siglo XXI». Las tecnologías que se están desarrollando actualmente incluyen microchips «neurogranos» del tamaño de cristales de sal capaces de registrar y reescribir la actividad neurológica, así como fármacos que pueden suprimir las respuestas de miedo en los soldados, y dispositivos informáticos inyectables guiados magnéticamente capaces de afectar a regiones específicas del cerebro.

Los incidentes del Síndrome de la Havana, en los que diplomáticos estadounidenses en Cuba (2016), China y docenas de otros lugares sufrieron síntomas neurológicos compatibles con la exposición a energía dirigida, representan un posible despliegue en el mundo real de dicha tecnología, aunque su atribución sigue siendo objeto de controversia oficial.
Las implicaciones futuras y el punto de inflexión que se avecina

En 2026, el principal problema estructural es que el espacio de batalla cognitivo se mueve a la velocidad de los algoritmos de las redes sociales, mientras que las instituciones de gobierno de EE.UU. se diseñaron para la velocidad de los procesos burocráticos. Un análisis de 2026 publicado en el Small Wars Journal plantea el problema sin rodeos: «En el tiempo que tarda Washington en programar una reunión interinstitucional, un adversario puede manipular un incidente para que afecte a medio mundo». La solución recomendada, que consiste en situar la gobernanza de la guerra cognitiva por encima del nivel departamental, directamente dentro del Consejo de Seguridad Nacional, se enfrenta a objeciones inmediatas en materia de libertades civiles, ya que cualquier sistema diseñado para responder a operaciones cognitivas adversarias en el espacio informativo nacional corre el riesgo de convertirse en un instrumento de control político interno.

El análisis de la guerra cognitiva de la OTAN de 2026, elaborado por la Universidad Nacional de Defensa, enmarca lo que está en juego en términos que van más allá de la competencia militar. Describe el entorno de amenaza de la guerra cognitiva como dirigido contra «redes de confianza, narrativas de identidad y legitimidad institucional», no solo contra las creencias individuales. Cuando los adversarios pueden erosionar el sustrato fáctico compartido que requiere la deliberación democrática, no necesitan ganar elecciones ni batallas militares; simplemente necesitan hacer imposible el autogobierno.

Quizá el fenómeno más peligroso sea lo que los investigadores denominan el dividendo del mentiroso: dado que ahora todo el mundo sabe que existen las ultrafalsedades, el contenido falsificado no solo engaña, sino que proporciona una coartada permanente para el contenido veraz. Las atrocidades reales pueden descartarse como ultrafalsedades. Las pruebas reales pueden descartarse como producto de la IA. El mero hecho de saber que existen las ultrafalsedades puede hacernos dudar de lo que leemos y vemos, incluso de la verdad.

Estamos viendo cómo se desarrolla este fenómeno en tiempo real con la guerra en curso en Irán y solo empeorará a medida que nos refugiamos en nuestros respectivos búnkeres ideológicos. Ofrece quizás la ilustración más clara hasta la fecha de la guerra cognitiva operando a escala industrial total en un conflicto en directo.

Desde las primeras horas de las hostilidades, el entorno informativo se fracturó siguiendo líneas que no tenían nada que ver con la geografía y todo que ver con identidades ideológicas preexistentes. Dependiendo de los canales, cuentas y plataformas que siga una persona, está viviendo versiones totalmente diferentes de la misma guerra. Un público ve ataques de precisión que neutralizan una amenaza nuclear existencial.
new york times article ai fake photos news
© New York Times
Otro ve una agresión ilegal contra una nación soberana y un gran número de víctimas civiles. Un tercero ve una crisis fabricada, diseñada para servir a intereses políticos internos de múltiples bandos al mismo tiempo. Los tres públicos creen que están viendo la guerra real. Los tres consumen contenidos (algunos auténticos, otros manipulados y otros totalmente inventados) que les han sido sugeridos mediante algoritmos porque están calibrados con precisión para confirmar lo que ya creen y profundizar en el compromiso emocional que ya tienen.

Las cifras de víctimas se discuten en tiempo real, con imágenes generadas por IA introducidas en flujos de noticias legítimos antes de que los verificadores de datos puedan responder. Actores estatales de múltiples bandos están llevando a cabo campañas coordinadas de comportamiento inauténtico en todas las grandes plataformas, no principalmente para convencer al enemigo, sino para moldear a las audiencias nacionales y aliadas, para paralizar la respuesta internacional y para hacer que el coste de adoptar una posición clara resulte demasiado alto para cualquiera que se mantenga en la ambigüedad. La niebla de la guerra siempre ha existido. Lo nuevo es que ahora esa niebla se fabrica y distribuye a demanda mediante sistemas capaces de generarla más rápido de lo que cualquier institución humana puede disiparla.

Y aquí está la parte que más debería preocuparte: la guerra en Irán terminará, como todas las guerras. Se declarará un alto el fuego, o el frente se estabilizará, o el agotamiento impondrá sus propias condiciones. Pero la infraestructura cognitiva que se está poniendo a prueba en este conflicto (los canales de ultrafalsedades, las redes de difusión de narrativas, los sistemas de segmentación psicográfica, las granjas de contenido generadas por IA que operan en docenas de idiomas), nada de eso desaparecerá. Se perfecciona y se comercializa. Se orienta hacia las próximas elecciones, la próxima crisis de salud pública, el próximo punto de fractura social, el próximo momento en que la población esté asustada y busque una explicación.

Ese es el verdadero peligro para el mundo que espero haber articulado en este informe. No es que una sola pieza de desinformación vaya a destruir una democracia, sino que el efecto acumulativo y agravante de vivir en un entorno informativo permanentemente manipulado acaba destruyendo lo único sin lo que ninguna democracia puede sobrevivir: la capacidad compartida de razonar juntos sobre lo que es real.

La guerra por tu mente ya ha comenzado. Que seas un combatiente o una víctima sigue siendo, en gran medida, tu elección.