Mandíbulas y cráneos completos de una especie extinta se conservaron bajo 50 metros de profundidad en Yucatán.

Osos 12 mil años cenote
© El Universal
Los descubrimientos forman parte de un proyecto de investigación encabezado desde 2007 hasta la fecha por el arqueólogo Guillermo de Anda Alanís, investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán.
Por primera vez se presentan al público las imágenes en video del interior de una caverna sumergida de Yucatán, donde desde hace 12 mil años reposan cuatro cráneos completos y mandíbulas de osos semejantes a los de una especie ya extinta en América, así como los restos óseos de seis humanos que podrían tener la misma antigüedad.

En un comunicado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) indicó que como si se tratara de un laboratorio natural, donde el tiempo dejó grabados los cambios ocurridos en la Tierra desde hace miles de años por la modificación del clima, además de los restos de osos prehistóricos, en el mismo cenote de más 50 metros de profundidad se descubrieron marcas en sus paredes de los distintos niveles del agua que ha tenido desde hace 12 mil años hasta el siglo X (en la época prehispánica), y que dan cuenta de los cambios climáticos ocurridos en esa región del sureste de México.

Las marcas de los distintos niveles de agua que ha tenido la superficie de la Tierra en esa entidad, fueron descubiertas durante la temporada de exploraciones efectuada en 2011, en el interior de una caverna sumergida, ubicada entre las poblaciones de Sotuta y Homun, donde también en los últimos dos años se hallaron cuatro cráneos completos y mandíbulas de osos posiblemente de la especie Arctotherium, que se extinguió hace 11 mil 300 años.

Los descubrimientos forman parte de un proyecto de investigación encabezado desde 2007 hasta la fecha por el arqueólogo Guillermo de Anda Alanís, investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), con autorización del Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia y puede consultarse en You Tube.

Señaló que dichas exploraciones vienen a enriquecer las investigaciones realizadas durante los últimos diez años en otros cinco cenotes de Yucatán, así como en diversas cuevas inundadas de Quintana Roo, donde también se han encontrado restos humanos antiguos y de fauna extinta.

En su conjunto, los descubrimientos en ambas entidades están dando a la ciencia evidencias importantes de cambios climáticos fuertes, ocurridos en el Pleistoceno (hace 15 mil años) , y que podrían comprobar los periodos de sequía que, de acuerdo con diversas fuentes documentales, ocurrieron en la época prehispánica, durante los siglos VIII, IX y X, como lo refieren las fuentes históricas, reveló Guillermo de Anda, al dar a conocer los avances de la investigación hasta este año.

Antes de la última glaciación, durante el periodo Pleistoceno, la cueva estaba seca; posteriormente con el deshielo el mar subió 50 metros su nivel, lo que provocó que la oquedad se llenara de agua. En este sentido, los restos de los osos encontrados quedaron en lo que hoy es la parte más profunda del cenote.

En la cueva inundada, los investigadores han detectado en sus paredes una serie de líneas que indican una baja en los niveles de agua durante distintos periodos, que varían desde la superficie entre los 2 y 6 metros.

De Anda Alanís comentó que en lo que respecta al hallazgo de los restos de osos, éstos aún se encuentran en el cenote en un proceso de estudio in situ, así como de análisis en gabinete, a través de fotografías captadas bajo el agua.

El arqueólogo también dio a conocer que en la última temporada de exploraciones, en el mismo cenote además se localizaron una mandíbula más y un hueso largo de esta especie de mamífero extinto, así como otra osamenta humana, que se suma a las cinco detectadas en 2010.

Se hallaron a 42 metros de profundidad y hasta el momento no se ha podido definir la temporalidad de estos esqueletos, comentó el investigador al referir que podrían tener la misma antigüedad de los osos, 12 mil años, porque no presentan deformación del cráneo, una práctica común de los mayas prehispánicos.

"Las osamentas están cubiertas por grandes dunas de sedimento y no tienen señales de estar relacionadas con objetos de cerámica, aunque no se descarta la posibilidad de que sean de la época prehispánica", concluyó Guillermo de Anda.