Traducido por el equipo de editores de Sott.net en español

Si desea saber de qué se trata la guerra cultural, no hay que ir más allá de la espectacular erupción que se produjo en Gran Bretaña en los últimos días sobre Jordan Peterson, profesor de psicología de la Universidad de Toronto.

Jordan Peterson and Cathy Newman
© Channel 4
Jordan Peterson and Cathy Newman
Peterson alcanzó prominencia en 2016 cuando se negó a adherirse a una nueva propuesta de ley canadiense contra la discriminación, bajo la cual se afirmaba que los pronombres personales tendrían que ser reemplazados por los términos preferidos por los activistas transgénero como ze o zir.

El asunto para él era la libertad. Declaró que nadie tenía derecho a dictar qué tipo de lenguaje debía utilizar la gente.

Por tener esta postura, se le comparó con Hitler, sus charlas fueron sofocadas por el alboroto y se vio obligado a depender de la financiación colectiva después de que su solicitud para continuar su investigación académica fuera rechazada. Dijo que temía por su vida.

La semana pasada, Peterson estuvo en Londres para promocionar su nuevo libro, 12 Reglas para la vida, y fue entrevistado por Cathy Newman en Channel 4 News.

Las preguntas de Newman tenían una agenda: que Peterson estaba negando la existencia de ciertas inclinaciones sociales incuestionables. Tan profundamente arraigada estaba esta creencia, que ella simplemente no podía procesar el significado de lo que él decía, ni darse cuenta que estaba expresando incorrectamente lo que él acababa de decir, ni entender que ella estaba cambiando las reglas del juego constantemente con una serie non sequiturs [una conclusión o afirmación que no se deriva lógicamente del argumento o afirmación anterior. - NdT].

La oradora creía, por ejemplo, que la diferencia salarial entre hombres y mujeres era indiscutiblemente el resultado de la dominación masculina y la exclusión de las mujeres. Pacientemente, Peterson señaló que, aunque existían algunos prejuicios, la investigación ha revelado muchas otras razones para esta brecha.

¿Entonces él piensa que no importa? ¿que las mujeres no llegan a la cima? Newman preguntó cortésmente, Peterson señaló que no estaba diciendo eso en absoluto.

¿Cómo podía creer -prosiguió ella-, que su derecho a la libertad de expresión está por encima del derecho de una persona transgénero a no ser ofendida? A lo que él respondió: "Porque para poder pensar, hay que arriesgarse a ser ofensivo. Ciertamente usted está dispuesta a arriesgarse a ofenderme en su búsqueda de la verdad. ¿Por qué usted tiene derecho a hacer eso? Ha sido bastante incómodo. ¡Más poder para usted!" Momento en el que ella se quedó sin palabras y él dijo: "¡La pillé!"

El encuentro fue una notable demostración de la racionalidad frente a la disonancia cognitiva, de una mente abierta frente a una mente totalmente cerrada. Lo que hizo que los estándares editoriales de Channel 4 se vieran extremadamente pobres.

La respuesta de la emisora fue convertir a Newman en una víctima. Su editor Ben de Pear dijo que tal era la escala de las "amenazas y abusos" en línea que ella había recibido que él había "llamado a expertos en seguridad para que realizaran un análisis".


Comentario: Resulta que Jordan Peterson y sus seguidores recibieron muchas más amenazas en línea que Cathy Newman: Where's the outrage? Jordan Peterson & his followers received 30 times more abusive tweets than Cathy Newman ("¿Dónde está la indignación? Jordan Peterson y sus seguidores recibieron 30 veces más tuits abusivos que Cathy Newman")


Evidentemente, todo este abuso está mal. Se dice que Newman fue blanco de mensajes obscenos y de una burla pornográfica en Instagram. Eso es vil.

Gran parte de la reacción, sin embargo, consistió meramente en duras críticas a su supuesta hostilidad y parcialidad, mientras que algunos de sus partidarios atacaron a Peterson por abuso violento.

Desafortunadamente, las amenazas y la denigración en los medios de comunicación sociales son ahora una rutina para cualquiera que ponga su cabeza por encima del parapeto. Sin embargo, es algo típico que los ideólogos inflen tal victimización como una forma de chantaje emocional para silenciar las críticas.

La cuestión, sin embargo, no es Newman, sino lo que ella representa: el dogma culturalmente dominante de que ciertas creencias ideológicas son indiscutiblemente verdaderas. Por lo tanto, cuando la evidencia demuestra que están equivocadas, son las evidencias, no las creencias, las que deben ser derribadas.

Para Peterson, quien supuestamente tiene muchos puntos de vista liberales, la preocupación no es sobre los temas de transgénero o las diferencias salariales o cualquiera de las presentes luchas. Más bien es que la verdad y la libertad están ahora bajo el ataque del neomarxismo, que lo define todo en términos de relativismo y poder y que se ha apoderado de las universidades.

La amenaza que Peterson percibe no es sólo contra la libertad política, sino también cognitiva. Su propio uso de las palabras es tan preciso porque, como él cree, las palabras son parte integral de nuestra habilidad para pensar y, por lo tanto, de nuestra libertad para darle sentido al mundo. Así es como llegamos a la verdad tal como la vemos, y para él la verdad supera todo lo demás.

Por eso dijo que se declararía en huelga de hambre en la cárcel en lugar de someterse a que se le dijera qué pronombres personales debía usar.

Peterson se ha convertido en una figura de culto entre los jóvenes. En parte, esto se debe a que él los defiende contra el feminismo militante opresivo. Él los atrae demostrando cómo la inteligencia y la razón pueden revertir el dominio de la emoción y los sentimientos que han secuestrado el discurso público.

Su atractivo, sin embargo, es seguramente aún más profundo. Se ha convertido en una especie de profeta laico que, en una era de conformismo lobotomizado, piensa de manera original. Su inteligencia inquieta y creativa utiliza la historia de Pinocho o fábulas sobre dragones para transmitir su mensaje central a los jóvenes: que no son quienes podrían ser, qué es lo que los detiene y cómo podrían ser mucho mejor de lo que son.

En particular, analiza el miedo que mueve a tantas personas y aconseja cómo superarlo. El miedo, sin embargo, no es sólo el arma usada por los bravucones de la guerra cultural contra sus víctimas; también persigue a los bravucones.

¿Qué los aterroriza tanto? La evidencia de que sus creencias no valen nada. Por eso tratan de silenciar a Peterson, como a muchos otros. Lo que hace que el mensaje de Peterson sea tanto irónico como sumamente vital.