El diario de Prisa publica un texto en el que pide abolir matrimonio y familia heterosexuales y que "cada mujer tenga una pistola y sepa usarla".
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© C.Jordá
Pancarta en la última manifestación del 8M.
El País 'celebra' el "Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer" con un impresionante artículo de Paul B. Preciado, un filósofo transgénero feminista, tal y como lo define la Wikipedia.

Titulado "La heterosexualidad es peligrosa", el texto parte de un dato aproximadamente estadístico -que "los asesinatos de mujeres en el ámbito doméstico se producen dentro del marco" de una relación heterosexual- para lanzar sobre esa base una serie de sorprendentes afirmaciones, teorías y propuestas.

Asegura, por ejemplo, que "ser un cuerpo identificado como 'mujer' sobre el planeta tierra en 2019 es una posición política de riesgo", lo que, por cierto está muy lejos de ser cierto: según las estadísticas de Naciones Unidas el 78,7% de las víctimas de homicidio en el mundo son hombres, que por tanto estarían en una posición de mucho mayor riesgo.

Culturas "macho facho neoliberales"

A partir de ahí, asegura que "las mujeres son objeto de violencia porque son culturalmente situadas en una posición política subalterna frente al hombre hetero-patriarcal" y se lanza por una catarata de peculiares citas de escritoras o activistas feministas, como por ejemplo Cristina Morales, de la que toma la afirmación de que vivimos en "culturas 'macho facho neoliberales' donde la violencia se ejerce sobre todas las mujeres y sobre todos los cuerpos no-binarios y no heteronormativos".

El siguiente paso es definir la heterosexualidad como "un régimen sexual necropolítico que sitúa a las mujeres, cis o trans, en la posición de víctima y erotiza la diferencia de poder y la violencia", así que "la heterosexualidad es peligrosa para las mujeres" y, por tanto, éstas deben ser lesbianas como una forma de militancia política y feminista.

Abolición de la familia

Del mismo modo, puesto que hay una "relación silenciada entre violencia y heterosexualidad" y es preciso reconocer "que la mayor parte de los abusos y las violencias sexuales contra niños, niñas y niñes (sic) tienen lugar en el seno de la familia heterosexual" esto nos "llevaría a la abolición de la familia como institución de reproducción social". Y es que, según remata el autor: "No necesitamos casarnos. No necesitamos formar familias. Necesitamos inventar formas de cooperación política que excedan la monógama, la filiación genética y la familia hetero-patriarcal".

El artículo sigue insistiendo en afirmaciones llamativas como que decir "que hay mujeres que son naturalmente heterosexuales es tan falaz como (decir) que los hombres son por naturaleza violentos" o que "la heterosexualidad no es una orientación o una opción sexual, sino una obligación política para las mujeres".

Insiste también en hablar de "heterosexualidad recalcitrante" y de que ésta "no ha dejado de ser por ello igualmente mortífera" y asegura que "los hombres cis" son los que "deben iniciar ahora un proceso de des-identificación crítica con respecto a sus propias posiciones de poder en la heterosexualidad normativa" y, sobre todo, tiene que "des-machificarse, des-fachoizarse, des-neoliberalizarse".

Por último, el artículo se cierra con dos afirmaciones a cada cual más llamativa: que "sólo la des-patriarcalización de la heterosexualidad permitirá redistribuir las posiciones de poder", que "sólo la des-heterosexualización de las relaciones haría posible la liberación no sólo de las mujeres, sino también y paradójicamente, de los hombres" y que, mientras tanto, "que cada mujer tenga una pistola y sepa usarla".