"Si Washington hubiera financiado y armado antes y mejor a los insurgentes sirios cuando empezaron las protestas
contra Al Assad, el Estado Islámico no estaría avanzando en Oriente Medio" Hillary Clinton. The Atlantic
Estas declaraciones del 2014, en las que Hillary Clinton reconoce públicamente el papel que EEUU y aliados jugaron en el inicio de la guerra siria, deberían ser suficientes para plantearse el porqué se sigue hablando de un conflicto religioso o de una guerra civil, lo que no deja de ser un conflicto armado, creado, fomentado y financiado desde el exterior con claros objetivos imperialistas. Y eso sirve para todos los casos. Cada uno de ellos. Lo que está sucediendo en Siria no es nuevo. EEUU ya financió a Al Qaeda en Afganistan en los años ochenta, asesinó a Sadam Husein en nombre de unas "armas de destrucción masiva" que nunca existieron y promovió la caída y asesinato de Gadafi en el 2011.

"¡Llegamos, vimos, murió!", alardeó Hillary en una entrevista concedida a la CBS cuando se supo de la captura y asesinato del líder libio. Hasta 2011, Libia había conseguido la independencia económica, contaba con su propia agua, alimentación, petróleo y su propio banco estatal. Había dejado de ser uno de los países más pobres para convertirse en el más rico de África. La educación y los tratamientos médicos eran gratuitos; la vivienda se consideraba parte de los derechos humanos y los libios participaban en un original sistema de democracia local.

Libia alardeaba - y con motivos - de tener el sistema de irrigación más grande del mundo, el proyecto del Gran Río Artificial, que trasportaba agua desde el desierto a las ciudades y las zonas costeras. Gadafi estaba embarcado en un programa para extender ese modelo por toda África.

Hace ya mucho tiempo que existe un proyecto perfectamente articulado para acabar con todos los estados laicos del mundo árabe. No es casualidad que las mal llamadas "primaveras árabes" hayan tenido lugar en aquellos países donde existía esa separación entre Estado y religión. Tras el terrible y lamentable atentado sucedido en Barcelona, muchas son las voces que se han levantado contra la relación que Casa Real tiene con Arabia Saudí o incluso por la foto que Pablo Iglesias se hizo con el embajador de Qatar; lamentable foto en cualquiera de los supuestos que se hubiera producido y que han intentado justificar.
"En un e-mail dirigido a su jefe de campaña (John Podesta), Hillary hace un repaso a los numerosos acontecimientos en Oriente Medio, en los que reconoce que Arabia Saudi y Qatar dan apoyo "logístico y financiero" de forma "clandestina" al Estado Islámico." Tercera Información
No deja de resultar curiosa esa foto ahora que Qatar ha caído en desgracia por enfrentarse a Arabia Saudi por Yemen. Es probable que el líder podemita, que confunde "wahabismo" con "wasabismo", ni siquiera supiera quién era el tipo de la foto. El tipo de la foto sabía exactamente con quién tenía que hacérsela, que hace mucho que el gobierno de Qatar intenta blanquear sus negocios en España, para integrarse en el mercado europeo y que no se tengan en cuenta sus "relaciones" con el mundo yihadista. Financiación podríamos llamarle.

Lo sucedido en Barcelona nos deja múltiples imágenes pero, probablemente, la más desastrosa sea saltarse nuestra Constitución, llevando a lo religioso la respuesta a una agresión terrorista, algo que evidentemente se ha hecho al celebrar representantes de las administraciones públicas, actos religiosos en memoria de las víctimas.

Hemos pasado de una teórica separación de poderes entre Estado e instituciones religiosas a abrazar a un imán o ensalzar la figura de mujeres musulmanas sólo por el hecho de serlo. Claro que no todos los musulmanes son terroristas, pero si nos quedamos únicamente con ese análisis tras el atentado y defendemos y damos protagonismo a las religiones, sea la que sea, se cometen errores graves como obviar que el terrorismo yihadista existe porque hay países como EEUU, Reino Unido, Francia, Turquía, Israel y un largo etc, que lo han apoyado y financiado, directa o indirectamente. El petróleo que el ISIS robaba en Siria - hasta que las fuerzas aéreas rusas les bombardearon la ruta - y Turquía compraba, acababa en todos los mercados.

No, no se trata únicamente de Arabia Saudí y Qatar, hay mucha responsabilidad en aquellos países que suministran armas a los mal llamados "rebeldes" en Siria o continúan haciendo negocios con ellos, los que apoyaron la invasión de Irak, la destrucción de Libia o aplaudieron a los muyahidines en Afganistán. De esos barros son los lodos que se han vivido estos días en Barcelona.