Traducido por el equipo de Sott.net en español

La revolución democrática que tuvo lugar en Ucrania en 2014 fue en realidad una revolución contra la democracia, que desató a las bestias del vandalismo y el gangsterismo.

ukraine nazis
© Global Look Press / Sergii Kharchenko
Simpatizantes y miembros de diferentes movimientos y partidos nacionalistas de extrema derecha en una marcha anual de antorchas en Kiev, Ucrania, enero de 2018
Katerina Gandzyuk cometió el error de enojar a quienes tienen un interés personal en la corrupción que es un sello distintivo de la Ucrania de hoy. La activista anticorrupción fue asesinada en un ataque con ácido en Kherson, al sur de Ucrania. Antes de sucumbir a sus heridas, Gandzyuk alegó que agentes de policía "corruptos" de alto rango podrían haber estado detrás del ataque, aunque hasta ahora nadie ha sido procesado por ello. Sin embargo, se sospecha de miembros prominentes del grupo de extrema derecha Sector Derecha, lo que plantea la pregunta de dónde termina la extrema derecha y dónde comienza la policía.

El tratamiento del periodista ruso Kirill Vyshinsky arroja aún más luz sobre el fallido experimento de Ucrania en favor de la democracia occidental. Vyshinsky, jefe de la oficina rusa de noticias de RIA Novosti en Ucrania, fue arrestado en mayo por cargos de traición por parte de las autoridades ucranianas y desde entonces se encuentra detenido. Incluso ante la petición de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) de que el periodista sea puesto en libertad, un tribunal ucraniano ha dictaminado que la detención de Vyshinsky sea prolongada hasta finales de diciembre.

Cuando las cosas lleguen a un punto en el que ni siquiera los neoconservadores del Atlantic Council (Consejo Atlántico) sean capaces de maquillar el cerdo del pantano de extrema derecha que es Ucrania en 2018, seguramente se habrá tocado fondo.

Escuche:
"Desde principios de 2018, el C14 y otros grupos de extrema derecha, como la Milicia Nacional, el Sector Derecha, Karpatska Sich y otros, afiliados a Azov, han atacado a grupos de gitanos en varias ocasiones, así como a manifestaciones antifascistas, reuniones del concejo municipal, un evento organizado por Amnistía Internacional, exposiciones de arte, eventos LGBT y activistas medioambientales. El 8 de marzo, grupos violentos lanzaron ataques contra manifestantes del Día Internacional de la Mujer en ciudades de toda Ucrania. En sólo unos pocos de estos casos la policía hizo algo para evitar los ataques, y en algunos incluso arrestaron a manifestantes pacíficos en lugar de a los verdaderos perpetradores".
Más aún:
"Los grupos internacionales de derechos humanos han emitido la voz de alarma. Tras los atentados del 8 de marzo, Amnistía Internacional advirtió que "Ucrania se hunde en el caos de la violencia incontrolada que suponen los grupos radicales y su total impunidad. Prácticamente nadie en el país puede sentirse seguro en estas condiciones".
Todo esto se parece tanto a Munich en 1923, cuando el joven Adolf Hitler y su pandilla nazi de matones fascistas disparaban en las cervecerías para convertir a Alemania en una vasta ciudad de violencia, intimidación y criminalidad de extrema derecha.

¿Dónde están ahora Victoria Nuland y Catherine Ashton, por no hablar de los otros políticos y líderes occidentales que acudieron a la plaza Maidán en Kiev durante los disturbios de principios de 2014, para prestar su apoyo total a la "revolución democrática" que se le aseguró al mundo que estaba en marcha? ¿Y qué decir ahora de la jactancia del recientemente fallecido John McCain, quien dijo a los manifestantes que "Ucrania hará mejor a Europa y Europa hará mejor a Ucrania"?

Sí, ¿dónde están y qué decir ahora?

Porque no nos andemos con rodeos. A gente como Nuland, Ashton, McCain y otros, que prometieron al pueblo ucraniano una tierra de leche y miel si tan sólo volteaban sus caras hacia el Oeste, nunca les importó un ápice el país ni su gente. Para ellos, ambos fueron y siguen siendo un peón en el juego de la política de poder internacional, utilizado como una cuña contra Rusia en su causa que no va por la democracia, la paz y la prosperidad, sino por la contención.

En verdad y a fin de cuentas, a Ucrania se le prometió la democracia jeffersoniana y se le entregó el fascismo. Siempre fue así y siempre lo será.

Y en caso de que alguien cometa el error de pensar que Ucrania fue un "error bien intencionado", el destino de la antigua Yugoslavia, cuyo destino fue sellado de acuerdo con el mismo guion hegemónico, inmediatamente convierte a esta línea de pensamiento en nugatoria.

La dislocación económica y la recesión, exacerbadas por Occidente, hicieron a Yugoslavia vulnerable a las mismas tensiones y discordias étnicas que sobrevinieron en la década de 1990, volteando al país y a la sociedad contra sí mismas para allanar así el camino a la intervención occidental, con el pretexto y la base del humanitarismo, el nuevo imperialismo.

Ucrania en 2014 siguió prácticamente el mismo patrón, aparte de una diferencia clave. Para disgusto de los neoconservadores occidentales, la Rusia de 2014 y la Rusia de los años 90 son dos entidades completamente diferentes: La primera está dispuesta y es capaz de trazar una línea sobre la que no pasarán, mientras que la segunda no pudo ni quiso hacerlo.

Por cierto, ¿mencioné la corrupción? Bueno, en ese caso, permítame compartir con usted las conclusiones extraídas por las buenas personas del Portal Anticorrupción de Gan Business sobre la Ucrania posterior al Maidán, recogidas en un informe de 2017:
"Las empresas se enfrentan a riesgos significativos cuando tratan con la policía ucraniana. Más de la mitad de los ucranianos consideran que la policía es corrupta. La policía a menudo ha podido actuar con impunidad. La misión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ucrania ha destacado la frecuente impunidad de los abusos de las fuerzas de seguridad, que atribuyen a la presión sobre el poder judicial, así como a la incapacidad y falta de voluntad de los fiscales del país para investigar los abusos... Las empresas no confían en que la policía respete la ley y el orden".
Así que ahí lo tiene: Ucrania, querida por los neoconservadores y los ideólogos occidentales en 2014, es en 2018 un lugar donde se acoge el fascismo y se desprecian el estado de derecho y los derechos humanos. Una sociedad corroída de arriba a abajo por la corrupción, es una nueva versión de la ciudad de Chicago de Al Capone a finales de la década de 1920 y principios de la de 1930, que funciona detrás de un manto cada vez más delgado de democracia.

Ucrania marca otra distopía cocinada en el laboratorio de la democracia occidental, testimonio de la búsqueda inquebrantable del sentido de la destrucción que define sus obras.
John Wight ha escrito para una variedad de periódicos y sitios web, incluyendo Independent, Morning Star, Huffington Post, Counterpunch, London Progressive Journal y Foreign Policy Journal.