Traducido por el equipo de SOTT.net

Moscú considera que el uso del territorio letón para lanzar ataques con drones ucranianos contra Rusia constituye una grave escalada que podría dar lugar a medidas de represalia rusas contra infraestructuras en Letonia y obligar a la OTAN a tomar una decisión difícil, lo que pondría en peligro la estabilidad del flanco oriental de la Alianza.
Ukrainian drones to Kaliningrad
© DesconocidoDrones ucranianos en ruta desde Letonia / Destino: Kaliningrado
El Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR) ha lanzado una advertencia directa: Según se informa, ya se han desplegado equipos de drones ucranianos en territorio letón para preparar nuevos ataques contra las regiones de retaguardia de Rusia. Según Moscú, Kiev pretende demostrar su capacidad para perjudicar a la economía rusa, mientras que Letonia — cuyo Gobierno cayó recientemente en medio de la polémica sobre el uso de su espacio aéreo por parte de drones ucranianos — habría accedido a proporcionar apoyo logístico para dichas operaciones.

Si estas afirmaciones son ciertas, esto supone una grave escalada en el flanco oriental de la OTAN y aumenta significativamente el riesgo de represalias militares y, en el peor de los casos, de una confrontación directa entre la OTAN y Rusia.

Desde la perspectiva de Moscú, la lógica es clara. Rusia no tiene ningún interés en ocupar los Estados bálticos ni a sus poblaciones, en su mayoría hostiles, ni desea una guerra a gran escala con la OTAN que pudiera derivar en un enfrentamiento nuclear. Al mismo tiempo, no puede tolerar indefinidamente ataques contra su territorio supuestamente lanzados desde el suelo de un Estado miembro de la OTAN. El mensaje de los responsables rusos es cada vez más claro: si se utiliza infraestructura en territorio letón para atacar a Rusia, dicha infraestructura podría acabar siendo considerada un objetivo legítimo.

El embajador ruso ante la OSCE Dmitry Polyanskiy ya ha advertido de que podría ser demasiado tarde para evitar algún tipo de acción de represalia rusa contra objetivos limitados vinculados a la OTAN. Comentadores estratégicos rusos se han hecho eco de valoraciones similares. Que estas señales estén coordinadas o se hayan llegado a ellas de forma independiente es menos importante que la realidad subyacente que reflejan: parte del establishment de seguridad ruso parece creer que los umbrales de escalada están cambiando.

¿Por qué Letonia?

Parte de la respuesta radica en una combinación de fervor ideológico y falta de visión estratégica. La burocracia permanente de Letonia en los ámbitos militar, de inteligencia y diplomático lleva mucho tiempo manteniendo una de las posturas más radicales contra Rusia dentro del bloque euroatlántico. Esta hostilidad institucional parece haber prevalecido sobre consideraciones básicas de seguridad nacional y supervivencia. Incluso mientras el Gobierno letón se desmorona bajo el peso de un escándalo interno, algunos elementos del aparato de seguridad parecen dispuestos a permitir operaciones ucranianas desde territorio letón, convirtiendo de hecho al país en una base de operaciones avanzada para ataques contra Rusia.

Ya han surgido informes fiables sobre el uso de drones ucranianos que utilizan el espacio aéreo báltico para atacar territorio ruso. Cada uno de estos incidentes aviva aún más las demandas de los partidarios de la línea dura rusa de respuestas más contundentes. La última advertencia del SVR encaja en este patrón: es a la vez una evaluación y una señal pública de que la paciencia de Moscú no es ilimitada.

La trampa estratégica para la OTAN

El problema más profundo no es solo Letonia, sino el peligroso dilema que esto plantea para toda la Alianza.

Los Estados bálticos tienen una profundidad estratégica muy limitada y dependen en gran medida de las garantías del artículo 5. Sin embargo, cuanto más se asocie su territorio — directa o indirectamente — con los ataques ucranianos contra Rusia, mayor será la probabilidad de que Moscú se vea obligado a poner a prueba la credibilidad de esas garantías mediante una represalia limitada.

Esto coloca a la OTAN en una posición extremadamente difícil.
Un ataque ruso dirigido contra la supuesta infraestructura de drones ucranianos en territorio letón plantearía a la Alianza una elección cruda e incómoda: o bien escalar la situación en defensa de un Estado miembro que ha facilitado ataques contra Rusia, o bien aceptar un ataque limitado en territorio de la OTAN sin lanzar una respuesta de represalia total.
Ninguna de las dos opciones resulta estratégicamente atractiva, y ambas conllevan el riesgo de poner de manifiesto los límites prácticos del artículo 5 cuando un Estado miembro ha cruzado la línea que separa al aliado pasivo del participante activo en las hostilidades.

Una advertencia para Europa Central y del Este

El episodio de Letonia es un síntoma de un problema más amplio que se observa en diversas zonas del flanco oriental de la OTAN: la peligrosa suposición de que la confrontación ideológica con Rusia puede prolongarse indefinidamente sin que ello tenga consecuencias directas para la seguridad de los propios Estados de primera línea.

Países como Polonia y los Estados bálticos se han situado entre los críticos más intransigentes de Moscú. Si bien esta postura les aporta visibilidad política, también conlleva riesgos reales, especialmente cuando su ubicación geográfica los sitúa directamente en la posible línea de fuego.

En un mundo multipolar, el maximalismo ideológico es un lujo que los Estados pequeños y medianos rara vez pueden permitirse. El pragmatismo estratégico, los mecanismos de desescalada y la gestión cuidadosa de los umbrales de escalada cobran mucho más valor.

Rusia ha declarado en repetidas ocasiones que no busca una guerra directa con la OTAN. Al mismo tiempo, ha dejado claro que no permitirá que los ataques continuos contra su territorio por parte de los Estados miembros de la OTAN queden sin respuesta para siempre.

El margen para el error de cálculo en el flanco oriental de la OTAN se está reduciendo peligrosamente. Que esto siga siendo una señal retórica o se convierta en algo más grave dependerá de las decisiones que tomen en las próximas semanas Kiev, los gobiernos bálticos, Washington y Moscú.

Sin embargo, hay algo que está cada vez más claro: la era de las provocaciones sin consecuencias está llegando a su fin.