
Esta forma tan descarada, sin el menor recato, de "elecciones a la española", zafia y vil, mediante la cual se reparten los escaños entre los partidos del sistema (más correcto sería afirmar que España es un país de partido único multimarca, en lugar de democracia parlamentaria, o expresiones similares), es el procedimiento mediante el cual se turnan en el poder y los puestos de mando del Estado los oligarcas y caciques, aparentando formas democráticas.
Este fue el sistema electoral pactado en la denominada transición, de la dictadura a la democracia, por políticos franquistas y políticos del PSOE, PCE, etc. la mayoría de estos últimos, también provenientes del "movimiento" y del sindicato vertical franquistas. El único objetivo de tan grosero, burdo y tosco sistema es controlar y apacentar, tal cual si fuera un rebaño, a la infantil sociedad española, para evitar que en algún momento llegue a tener la tentación de ejercer la libertad política.
De este modo la representación política es imposible, solo es posible la adhesión, más o menos entusiasta, a los partidos políticos, tal como haría un forofo de un equipo de futbol o de un cantante.
Evidentemente los diputados de los diversos partidos no representan a los votantes, son simplemente representantes de los partidos; pues, la obediencia debida a los jefes, a los oligarcas y caciques de los partidos que, son quienes han decidido incluirlos en las listas, conducen a lazos de fidelidad y obediencia más fuertes que los vínculos a los que supuestamente están obligados con los ciudadanos que han votado las listas electorales. Es más, en la mayoría de las ocasiones sus votantes son incapaces de nombrar a quiénes han votado.
En la democracia a la española que, es lo menos parecido a la democracia como forma de gobierno, los diputados electos son peones con los que trapichean los oligarcas de cada partido; la ausencia de verdadera participación y representación política de los votantes es una de las principales causas de la corrupción política y económica del régimen partitocrático que sufrimos en España desde hace décadas.
Vivimos en un país en el que no existe división de poderes: es el gobierno de turno (pocos turnos son posibles con la actual legislación) el que controla al poder legislativo, y no al revés como ocurre en las llamadas democracias parlamentarias; es el ejecutivo el que nombra y controla al poder judicial; y por supuesto no se puede hablar de "cuarto poder" pues, también, casi la totalidad de los medios de comunicación están especialmente sujetos a la voluntad del poder ejecutivo que, los riega de jugosas subvenciones.
Tal como están diseñados los procesos electorales, no permiten ni remotamente la igualdad de oportunidades, como tampoco se puede hablar de elecciones libres (cuando hablo de libertad, me refiero a la capacidad de tomar decisiones, de poder optar). En la práctica, ni existe la posibilidad de ser elegido (ser candidato en igualdad de condiciones y oportunidades que los demás), ni tampoco la de elegir a quien uno desee, por considerar que es el candidato más idóneo para que nos represente.
Son las oligarquías de los partidos las que deciden quien sí y quien no, va en las listas electorales; que además son cerradas. Es decir que desde hace alrededor de cuarenta años son siempre los mismos los que deciden sobre los integrantes de cada lista. Y además, de paso se aseguran "lealtades", sumisión, servidumbres voluntarias (aquello de "quien se mueva no sale en la foto"), y la denominada "disciplina de partido" (aunque a veces haya alguien que les salga "rana"), o sea, la sujeción a las consignas y directrices que deciden los oligarcas y caciques que dirigen cada partido político.
No hace falta mucha imaginación para llegar a la conclusión de que es el "criterio de docilidad-fidelidad" el que determina que se repita o no en los siguientes comicios, y no la eficacia en el desempeño del cargo o el respaldo de los electores.
Aparte de lo anterior, que tiene una especial importancia, está el hecho de que quienes ya participan de una u otra forma del poder, reciben ingentes cantidades de dinero (de los presupuestos del estado) y subvenciones en múltiples formas que, les posibilita hacer un despliegue propagandístico-publicitario con el que, de ningún modo otras agrupaciones políticas pueden rivalizar.
Los partidos políticos están subvencionados por todos los contribuyentes, sea cual sea su ideología, y son parte del aparato del estado, cuyas agendas marcan la agenda del Estado; y son además la principal causa de la corrupción.
Por otro lado está, también, el acceso a los medios de comunicación (que hasta ahora han venido controlando de manera férrea los partidos gobernantes), acceso que, está casi totalmente vedado a opciones que no sean ya parte del sistema.
Tampoco podemos olvidar los "préstamos bancarios" que los principales partidos reciben una y otra vez, en cada ocasión que hay elecciones y que, generalmente les son perdonados.
Mención aparte merecen las financiaciones fraudulentas de las que casi todos los partidos políticos participan, y tampoco se pueden obviar las diversas formas de corrupción que subyacen en muchas instituciones (aquello del "sindicato del ladrillo", pongamos por caso).
Aparte de lo anterior, hay un factor especialmente determinante: no existe proporcionalidad directa, no hay relación entre el número de votos conseguidos y el número de cargos electos que cada candidatura obtiene. La normativa electoral está diseñada de tal forma que, siempre salen favorecidos los llamados partidos mayoritarios, apenas existen resquicios para conseguir representación en las diversas instituciones.
Dicho en román paladino, dicho de forma clara, simple, sin adornos: en España no hay representación política de los votantes y, por lo tanto, en España no existe democracia.
Para que se pueda hablar de que existe democracia como forma de gobierno, es imprescindible que exista separación de poderes (y no mera distribución-delegación de funciones), y que, también, exista una verdadera participación y representación política de los electores. España no es una democracia.
No hay mayor sordo que el que no desea oír, como tampoco mayor ciego que el que no quiere ver, así que, el que quiera comulgar con ruedas de molino es porque tiene amplias tragaderas; indudablemente, dejarse influir por lo que los medios cuentan, e ir a votar pensando que su voto sirve para decidir y elegir algo o a alguien, es hacer un ejercicio de ceguera y sordera.
La mayor de las falacias que, propagan las televisiones, radios, periódicos, durante estos días previos al 28 de abril, es la de que, fulano, mengano, zutano... son candidatos a presidir el gobierno y que las elecciones son para tal cuestión. ¿Desde cuándo los españoles eligen al presidente del gobierno y sus ministros?
Hay una cuestión de la que no hay que tener dudas: participar en esté paripé de elecciones, cualquiera que sea el partido al que se vote, no va a servir para reformar el régimen del 78, y mucho menos a evitar la corrupción de dicho régimen, sino todo lo contrario, servirá para reforzarla y potenciarla; pues, la corrupción es consustancial al régimen y al gobierno. Para cambiar pacíficamente este régimen, no hay más alternativa que no apoyarlo ni legitimarlo con el voto.
¿Alguien recuerda que algún partido político haya abordado el asunto de la corrupción, y lo que es más importante: la forma de evitarla, durante los días que llevamos de campaña electoral? Pueden estar seguros de que ningún partido hablará de ello, ningún partido hablará de erradicarla.
No nos engañemos, para que haya corrupción, aparte de políticos corruptos es imprescindible que, también haya una gran mayoría de personas, de ciudadanos, que los apoyen, siendo por tanto sus cómplices (votando y volviendo a votar una y otra vez a los partidos corruptos) o convirtiéndose en estómagos agradecidos, paniaguados, miembros de la red clientelar de esos mismos políticos corruptos, de los que reciben en mayor o menor medida trato de favor, subvenciones, regalías diversas, concesiones de subsidios, y un largo etc.
Aunque ya haya hablado de ello en otras ocasiones, no está de más recordar que el sistema político español está perfectamente diseñado, de tal manera que la capacidad de decisión de los políticos, su posibilidad de decidir de forma arbitraria, caprichosa, sean de tal magnitud que corromperse, más que una consecuencia sea su resultado más lógico.
La corrupción en España se manifiesta de varias formas, tres en concreto:
- la corrupción que tiene relación con asuntos urbanísticos, de recalificación de terrenos;
- la corrupción relacionada con contratos de bienes y servicios por parte de las diversas administraciones;
- y la corrupción ocasionada por los diversos subsidios y subvenciones.
Por otro lado, al existir multitud de oficinas públicas con capacidad de contratar bienes y servicios, también son enormes las posibilidades de adjudicaciones millonarias y milmillonarias, con las consiguientes comisiones o mordidas, también supermillonarias, a cambio del trato de favor, monopolístico que se les concede a "empresarios patriotas", o de la cuerda del partido gobernante, sea cual sea el territorio e independientemente de los oligarcas y caciques que campen por sus fueros allí donde esté ubicada la oficina de contratación de bienes y servicios.
Luego, como tercera forma de corrupción, están los diversos subsidios y subvenciones, que fomentan la obediencia debida, el clientelismo, los estómagos agradecidos, respecto del político que, va repartiendo favores y regalitos.
Cuando se habla de todo ello la gente se indigna, grita, vocifera, pues cae en la cuenta de que, así, de ese modo los manirrotos y despilfarradores que nos mal-gobiernan originan un déficit continuo que acaba repercutiendo en el bolsillo del común de los mortales, e hipotecando el futuro de nuestros hijos, pero esa indignación suele durar poco. Desaparece cuando a uno lo tientan y acaba siendo agraciado con alguna de esas formas de corrupción. Y así hasta que los medios de información vuelven a airear algún caso "Gúrtel", o "papeles de Panamá", o ERES en Andalucía...
¿Quién se alegra especialmente y exhibe como un éxito una alta participación electoral y se lamenta de la baja participación? Todos los líderes de todos los partidos políticos sin excepción.
Y ante este panorama ¿qué cabe hacer?
Pues, amigos, existe una opción: se llama abstención.



Comentarios del Lector
Y por mucho que "parezca" que es lo mismo, no es lo mismo vivir bajo un régimen de ultraderecha que bajo un régimen de izquierdas, aunque no sea la izquierda que nosotros queramos.
No votar es como no querer comer porque hay judías en lugar de caviar.
En parte suena cierto aunque al mismo tiempo cuando no hay opciones lógicas o inteligentes para apoyar, el hecho de votar por votar, esto es: Votar pa'nah... es contribuir al sustento de estas hienas.
Ante la imposibilidad de otro método más refinado y quirúrgico el sistema ha de caer por la no participación en sus esquemas y reglas de juego; mientras se siga votando -siquiera con la mayor desgana- toda esta caterva de gentuza inmunda, carente hasta de la mínima categoría -incluso hasta para ejercer de mafiosos- seguirán allí donde ahora están, aplicando los comandos de sus amos (casi siempre ubicados allende las fronteras del país en cuestión), camelando, manipulando o comprando las voluntades de judicatura, fuerzas de seguridad, medios, sanidad, ciencia y cultura al tiempo de contaminando el aire, el agua y los alimentos por el mandato de la agenda que se impone en el globo: La 21 y la ya en vigor 2030 de ONU.
Es obvio que lo que finalmente va a acabar imponiéndose es lo que estas serpientes dictaminen en la ONU; y eso implica la tan sigilosa (y a la vez cacareada) agenda de depoblación a escala mundial.
La abstención masiva provocaría un colapso sin precedentes tanto en la opinión pública como en los adláteres del contubernio que estuviere al control; y ya dentro como fuera de la nación que se tercie.
De igual modo que hay que decir no a delegar soberanía en la entelequia 'Europa'... hay que esmerarse en desligarse al 100 por 100 del influjo de la ONU. De tal modo, mientras no haya candidatos que tengan la osadía de apuntar a tales metas, cualquiera de los del resto nos conducirá con mayor o menor sigilo a nuestra propia diezma, ruina o extinción.
[Enlace]
Igualico, igualico que como aconteció en el 2016...:
[Enlace]
...y, con casi total seguridad, en el resto de comicios habidos en la Península Ibérica y en otros lares, como en los de USA, cuando -a pesar de aquel sistema de manipulación electrónica- logró salir airoso el mismísimo Donald Trump.
[Enlace]
PS: Conste que se añaden tales enlaces sin siquiera remotamente comulgar ni de lejos con la línea editorial del tal Eladio Fernández, de tendencia obviamente TEOCRÁTICA en la modalidad judeocristiana, rancia, grotesca y trasnochada.
PUCHERAZO TROPECIENTOSENÉSIMO para animar a seguirles el juego aplicando esa ingenua ley del "voto útil".