El Gobierno de California pidió perdón la semana pasada por el genocidio que el estado llevó a cabo contra los nativos americanos a mediados del siglo XIX. Según el historiador Benjamin Madley, de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA), en menos de treinta años la población indígena se desplomó de 150.000 a 30.000 aproximadamente, debido a la matanza efectuada por los colonos que ansiaban hacerse con el oro local.
Los nativos tenían una rica y larga historia (cientos de miles de personas que hablaban hasta 80 idiomas poblaron el área durante siglos) cuando Estados Unidos irrumpió en California, en 1848,para hacerla de su propiedad y convertirla en un nuevo estado. El nuevo gobierno favoreció a los nuevos ciudadanos en su reclamación de hacerse con el oro de las tierras tribales.
Con la excusa de que los «salvajes» suponían una gran amenaza para la soberanía estadounidense, el gobierno no dudó en establecer una ley que permitía a los colonos blancos arrestar a los nativos y tomar la custodia de sus hijos. Esto condujo a un sinfín de abusos y a la esclavitud de decenas de miles de personas.
El primer gobernador californiano, Peter Hardenman Burnett, incitó aún más el conflicto cuando, en 1851, declaró ante los legisladores estadounidenses que «debe esperarse a que se siga librando una guerra de exterminio entre las razas hasta que la raza india se extinga». Hardenman gastó el dinero público en armar a las milicias locales contra los nativos americanos, además de pedir ayuda al Ejército de EE.UU. De esta forma, cometieron grandes masacres tribales acabando, incluso, con poblaciones enteras, como los 400 nativos Pomo que fueron asesinadas, en 1850, por la Caballería de Estados Unidos y los voluntarios locales.
La colonización española de California
Una forma de actuar que se aleja mucho del modelo previo al nacimiento de EE.UU. A los españoles se les acusa precisamente de genocidas y de explotar a los indios desde los incondicionales de la Leyenda Negra española, pero fue gracias a ellos que las comunidades indígenas de California sobrevivieron hasta que la fiebre del oro y la llegada del ferrocarril arrasaron con un mundo que, a ojos anglosajones, requería una buena dosis de modernidad.

Cuando los religiosos hicieron pie en aquellas tierras, los nativos californianos eran aún pueblos de cazadores-recolectores. Para conseguir su transformación cultural, se dedicaron a enseñarles cómo avecindarse en la misión y a aprender a cultivar. Una tarea que implicaba todo un sistema educativo de los preceptos básicos del cristianismo católico para, a continuación, conducirlos a adquirir nuevas formas de vida y nuevos valores que hicieran de los poblados indios comunidades capaces de integrarse en la sociedad colonial.
El cuerpo jurídico de las Leyes de Indias ordenaba respetar e incluso a aumentar las tierras indias de cultivo, y velaba por que nunca fueran explotados laboralmente y por que se les hiciera justicia. Fray Junípero Serra, fundador de la mayoría de estas misiones, se mantuvo firme a estos mandatos, tanto que su severa actitud frente a las autoridades militares en defensa de los indígenas le llevaría a desafiarse más de una vez con los comandantes. Una forma de ser y de estar que contrasta fuertemente con el revisionismo historiográfico anglosajón que le acusa en los últimos años de tolerar abusos contra los indios.
La historia y cultura de los nativos pervivieron gracias a las misiones. La situación empezó a deteriorarse después: primero, tras el abandono y desmantelamiento de las misiones; y, posteriormente, con la fiebre del oro y la incorporación de California a Estados Unidos en 1850.
Un gran número de ciudadanos estadounidenses desbordaron con su presencia la región y los indígenas vieron desaparecer casi todos los derechos que se habían conservado bajo el mandato español y mexicano. En contra de la creencia extendida en EE.UU., la cultura indígena y su gente no desapareció con las misiones, sino que, en realidad, los verdaderos genocidas fueron los colonos que destruyeron este modelo con el objeto de hacerse con el oro de esta región.






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