Traducido por el equipo de SOTT.net
Chess win
© Derek Bacon/The EconomistEl juego de fondo
"Tras la destitución del señor Trump en 2020, esta nueva, nueva izquierda tenía exactamente lo que había estado clamando, un demócrata liberal en la Casa Blanca. Dada la sensación de catástrofe inminente en la actualidad, puede ser difícil recordar con precisión cuánta quejumbrosa porquería se empleó para vender a Joe Biden" (Rob Urie).
¿Se han dado cuenta de que el presidente de Ucrania (o gobernador del estado número 51 de Estados Unidos), el Sr. Zelensky, lleva semanas viajando por todo el mundo: Londres, Helsinki, París, Hiroshima? Y es que este es uno de esos meses en los que pasan años; el mundo cambia a hipervelocidad. Parece estar corriendo asustado, un poco, tratando de mantenerse por delante del cambiante juego. Lo que parecía una gran idea para cierta claque de llamados neoconservadores de nuestro país (utilizar Ucrania como trampa para osos) ha revelado, por contra, bastante repentinamente, las múltiples bancarrotas de Europa y EEUU y ha sublevado a todo el resto del mundo fuera de la civilización occidental. ¡Oh, asombro y náuseas!

Traten de imaginar el predicamento del Sr. Zelensky. Los poderosos Estados Unidos y la temible Europa engañaron al excomediante haciéndole creer que si seguía adelante con un plan genial para arruinar a Rusia y eliminar a Vlad Putin del tablero de juego mundial, su triste país se transformaría en algo parecido a Ukro-Disneyworld, mientras que él, el Sr. Z, sería venerado y se enriquecería más allá de lo que pudiera imaginar. Su apoyo era la mayor potencia hegemónica que el mundo habría visto jamás. El juego se llamaría Luchemos tú y él.

El pobre idiota cayó en la trampa. Dejó que la OTAN (es decir, EEUU) montara, equipara y entrenara al mayor ejército de Europa, incluidos batallones de ucronazis duros de pelar, que antes habían sido tan útiles en la "revolución de color" del Maidán de 2014, apadrinada por EEUU. El Sr. Z siguió las órdenes del Departamento de Estado estadounidense de hacer llover cohetes y artillería sobre los rusoparlantes que vivían en sus propias provincias orientales. Solicitó formalmente el ingreso en el club de la OTAN. Su país recibió miles de millones de dólares de EEUU sin supervisión de auditorías, pidiendo a gritos que los dirigentes ucranianos se los zamparan, pues, al fin y al cabo, se merecían algo por todos estos tejemanejes. ¿Qué podría salir mal?

Así, la civilización occidental inició la mayor guerra caliente de Europa desde la década de 1940. Pues en febrero de 2022 el Sr. Putin se hartó del juego sucio en su "porche delantero" y envió a un equipo de limpieza. ¡A jugar! Los neoconservadores estadounidenses estaban dispuestos a meter innumerables tropas ucranianas en una picadora de carne que, en teoría, agotaría la voluntad y los recursos del execrable oso y produciría innumerables beneficios reforzando nuestra posición dominante en el mundo. Nuestros "socios" desventurados de la OTAN siguieron el programa, a pesar de que se les pidió que cometieran suicidio económico por el bien mayor de la alianza (o algo así). De todos modos, no necesitaban ese asqueroso gas natural ruso. Se estaban volviendo "ecológicos" (Klaus Schwab lo dijo, ¿no?).

Mientras tanto, los ciudadanos de nuestro país fueron preparados a la perfección por el Complejo Propagandístico-Industrial de EEUU al grito de "Rusia, Rusia, Rusia", a instancias de la líder de opinión Hillary Clinton, una aspirante a presidenta. Los medios de comunicación exigieron la crucifixión de su oponente, el Sr. Trump, que había lanzado ociosamente la atroz idea de que EEUU y Rusia podrían cultivar una relación amistosa, viendo que el oso ya no ondeaba la bandera roja. ¡¡¡Vaya!!! ¿¡De verdad dijo eso!? ¡El bobo naranja no tiene ni idea!

Bueno, la gente que dirige las cosas en Estados Unidos — es decir, las decenas de sátrapas burócratas no elegidos que anidan en la circunvalación de todo Okefenokee, especialmente la fosa de los caimanes conocida cortésmente como la Comunidad Intel — decidieron someter al Sr. Trump a una versión unipersonal del exquisito tormento destinado a Rusia, Rusia, Rusia: dolor, ignominia y ruina. Siguen en ello seis años después, ya que el implacable Sr. Trump no cejará en su cruzada por recuperar la Casa Blanca y defenestrar a todos los que intentan defenestrarle. Sus enemigos se han hecho con todos los resortes del poder legal y, sin embargo, sorprendentemente, no se les ocurren más que acusaciones de lo más rimbombantes para encerrarle en jurisdicciones cautivas.

Este conflicto político interno en EEUU ha enloquecido a la población mientras que ha vuelto rancias nuestras instituciones y nos ha sometido a una patocracia que se esconde tras un jefe ejecutivo ridículamente falso. Después de más de un año del genial plan de Estados Unidos para mantener el dominio mundial, Rusia lo está haciendo muy bien, ¡gracias!, en la construcción de un marco geoeconómico para el comercio que no estará sujeto a las travesuras de la civilización occidental dirigida por EEUU. Rusia es una nación de personas que se consideran a sí mismas hombres y mujeres, y en donde los problemas de confusión de género están felizmente ausentes. Ídem con los chanchullos raciales. Ídem con los Ponzis bancarios.

Después de más de dos años de "Joe Biden", nuestro país está superando la fase de disolución y depravación de una república bananera y se dirige rápidamente hacia una distopía de ruina financiera, social, psicológica y moral a lo Jerónimo Bosch. Cada declaración oficial es una mentira. Todo está roto o quebrándose. Y, al parecer, a propósito. La pregunta persistente, por supuesto, es ¿a propósito de quién?

¿Y por qué estuvo el Sr. Zelensky revoloteando de un país a otro el mes pasado? Porque el juego de Luchemos tú y él está llegando a su fin y el Sr. Z puede volverse fatalmente impopular de vuelta en el frente nacional. Ha conseguido que más de cien mil jóvenes ucranianos mueran en la picadora de carne, y quizá un millón más se hayan marchado a otros países. Ucrania será ahora una tierra de mujeres, niños y ancianos, con los suficientes soldados supervivientes para dar caza al cómico que convirtió a Ucrania en otra de las bromas pesadas de la historia.