La comunidad LGBTQIA+ está en plena escisión. Lesbianas, gais y bisexuales de todo el mundo proclaman su independencia del movimiento queer, del que denuncian la influencia woke y las derivas iniciadas por el lobby trans entre menores. Suiza se acaba de unir al movimiento, al que también pertenecen Francia y España. Relato de un divorcio nada amistoso.
El 22 de octubre de 2019, en una sala del centro de Londres, se celebra una reunión secreta de setenta personas. Esa noche, Bev Jackson y Kate Harris lanzarán la LGB Alliance (para lesbianas, gais y bisexuales), que unos años más tarde se convertirá en una organización benéfica oficialmente reconocida de alcance internacional. El origen de este movimiento se encuentra en el giro ideológico de la mayor asociación de defensa de los derechos de los homosexuales en Europa, Stonewall, y en la inoperancia de sus miembros a la hora de cuestionar lo que hoy en día algunos califican de extremismo trans.
«La idea de perjudicar a la que había sido una organización formidable nos resultaba insoportable, pero nos enfurecía ver lo que estaba sucediendo con el movimiento por los derechos de lesbianas y gais», recuerda Kate Harris ante el micrófono de L'Impertinent. «Junto con otros miembros que compartían las mismas conclusiones, pasamos tres años redactando cartas para conseguir un
debate sobre el giro que había dado la organización. Finalmente, nos quedó claro que el cambio no admitía discusión». Ese giro es el de la identidad de género».