Traducido por el equipo de SOTT.net

© CopyrightSalvador Dalí — Niño "geopolítico" contemplando el nacimiento del hombre nuevo
La verdad no se confiesa fácilmente.En una reciente reunión familiar, me senté a la mesa con un grupo de seres queridos por primera vez desde el fiasco de la Covid-19. La mayor parte de la alegre conversación se centró en el espectacular acontecimiento de la semana: mi madre cumplía 100 años.
Yo era la única persona de la mesa que no había tenido ningún tipo de gripe en muchos años, mientras que todos los invitados habían estado enfermos en un grado u otro. Casi todos habían dado positivo en la prueba de covid al menos una vez en los últimos años con síntomas gripales asociados. Aunque nadie de mi familia fue hospitalizado ni murió durante la llamada pandemia, todos se habían vacunado repetidamente. Que yo sepa, mi mujer y yo fuimos los únicos de nuestras familias que no nos inyectamos la vacuna covid, y yo no me he inoculado nada en los últimos setenta años.
En esta feliz ocasión, el miedo, las máscarillas, los encierros y las acusaciones del pasado reciente habían quedado casi olvidados. No era porque los signos y síntomas de la enfermedad hubieran terminado, ni porque se hubiera acallado la llamada a la vacunación o a las pruebas. Nadie entendía por qué seguían sintiéndose mal de vez en cuando, y algunos seguían informando de que les habían diagnosticado covid.