Traducido por el equipo de SOTT.net

Ayer, la Cámara de los Lores británica dio un paso más hacia el inminente fin del anonimato en Internet al votar a favor de una enmienda al proyecto de ley sobre el bienestar infantil y la educación que prohibiría a los menores de 16 años utilizar las redes sociales.
Social Media Ban
© Off-Guardian Org
Se ha dicho más veces de las que nadie puede contar, pero cualquier «prohibición de las redes sociales» basada en la edad sería, en realidad, una excusa para exigir a todos los usuarios que verifiquen su identidad y, por lo tanto, acabar con el anonimato en Internet y, finalmente, dar paso a aplicaciones de identificación digital respaldadas por el Gobierno.

La buena noticia es que algunos disidentes de la Cámara de los Lores parecen ser conscientes de este peligro y lo han expresado abiertamente:

...aunque yo añadiría que, en este caso, las consecuencias distan mucho de ser «no intencionadas». El efecto secundario es el efecto deseado.

La prensa, como es natural, sigue la línea oficial. The Guardian, fiel a su papel de marcar la agenda, intenta presentar a Sir Keir Starmer como reacio a instaurar dicha prohibición y a los Lores como «presionándole» para que actúe.

Se trata de una mentira obvia y bastante lamentable, ya que esta prohibición ha sido claramente el resultado deseado durante meses. Pero fingir reticencia siempre es importante cuando se quiere ser un tirano. Siempre es mejor aparentar responder a la demanda que imponer la propia voluntad.

Como siempre, no se trata solo de un problema del Reino Unido. Australia dio el pistoletazo de salida y la UE no se queda atrás.

Mientras tanto, al otro lado del charco, la versión estadounidense de la misma legislación ha sido «reactivada», según Reclaim the Net, y las autoridades canadienses están elaborando sus propios planes, con la ligera diferencia de un límite de edad más bajo.

Aunque los líderes del «mundo libre» se reúnen en Davos para lanzarse pullas unos a otros, la verdad evidente es que o bien están de acuerdo en sus políticas más fundamentales, o bien el poder para tomar esas decisiones está totalmente fuera de su alcance.

Mientras las potencias mundiales fingen estar en conflicto, la realidad es que avanzan al unísono hacia el mismo objetivo.