Traducido por el equipo de SOTT.net

Circula un vídeo en el que se ve a Ursula von der Leyen riéndose ante la idea de que sus propios hijos presten servicio en el ejército y, se quiera o no darle importancia, esto refleja algo mucho más profundo que un simple momento. Pone de manifiesto la brecha cada vez mayor entre quienes abogan por la guerra y quienes deben librarla.
Lying family
© Armstrong Economics
He dicho en repetidas ocasiones que los neoconservadores que impulsan el conflicto nunca son los que sufren las consecuencias. Se sientan en oficinas lejos del conflicto y tratan la guerra como si fuera un juego de mesa. El derramamiento de sangre no preocupa en absoluto a estos belicistas.

Ahora vemos cómo Europa vuelve a avanzar hacia políticas que amplían su participación en la guerra de Ucrania. Alemania está incluso dando pasos para reclutar a las mujeres, presentándolo como una cuestión de igualdad, pero no se trata de igualdad. Se trata de mano de obra. Están dispuestos a aniquilar a toda una generación.

Yours and Theirs Kids
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Tucker Carlson y Charlie Kirk mantuvieron una conversación sobre el tema del reclutamiento de mujeres en 2024. «Es totalmente inmoral», afirmó Carlson al respecto. «Y entonces pensé: 'Un momento, creía que teníamos un ejército y una fuerza policial (por lo demás) para proteger a nuestras mujeres y niños'. Ese era precisamente el objetivo. Quiero decir, para eso tenemos un ejército: para evitar que los extranjeros hagan daño a nuestras mujeres y niños. Por eso enviamos a hombres a morir por sus mujeres, nuestras mujeres a quienes veneramos y respetamos, y hasta el punto de que estamos dispuestos a morir por ellas. Y por eso, enviar a mujeres a luchar en nuestras guerras, eso... en primer lugar, eso no es, ya sabes, eso no es un movimiento de liberación. Es una forma de esclavitud, y está totalmente mal».

¿A quién pretenden proteger a estas alturas? Los neoconservadores son COBARDES. La historia la forjaron líderes como Julio César o Napoleón, que realmente se plantaron en el campo de batalla con sus hombres, compartieron los riesgos y lideraron desde la primera línea en lugar de desde detrás de un escritorio. La clase política actual espera que otros luchen, sangren y mueran por decisiones a las que ellos nunca se enfrentarán físicamente, por lo que el público los ve cada vez más no como líderes, sino como cobardes que exigen sacrificios a los demás mientras eximen a sus propias familias de los mismos peligros que ellos mismos promueven.

Los gobiernos ya no se preocupan por la resistencia de la ciudadanía. Están elaborando políticas basadas en sus planes para una guerra prolongada, no en el consentimiento. La respuesta de Von der Leyen fue pública: ¿te imaginas cómo hablan de nosotros a puerta cerrada?