Traducido por el equipo de SOTT.net
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© CopyrightEl polemista francés Leo Taxil afirmó que la masonería tiene sus raíces en el satanismo
La masonería se ha considerado durante mucho tiempo como la mano invisible que guía el curso de la historia de la humanidad. Si bien esa historia está repleta de ejemplos de masones que han configurado la arquitectura de la sociedad, las maquinaciones internas de su influencia han estado en gran medida envueltas en el secreto. Aunque la masonería y otras sociedades secretas han sabido esconder al público la inmensa influencia que ejercen, algunos momentos cruciales a lo largo de la historia han logrado arrojar algo de luz sobre las sombras tras las que se esconden. Desde la publicación de la monumental polémica antimasónica de John Robison de 1797, Proofs of a Conspiracy (Pruebas de una conspiración), hasta el «Asunto Morgan», que vio cómo el Partido Antimasónico se convertía en el primer partido minoritario en ser elegido en el Congreso estadounidense, pasando por el «engaño» de Taxil, que reveló las perversas filosofías ocultistas en la raíz de la masonería, hasta el iconoclasta periodista estadounidense Alex Jones colándose en Bohemian Grove y captando en vídeo su ritual de la «Cremación de la Preocupación», el hilo que ha cosido el velo de secreto tras el que se esconden esas órdenes esotéricas se ha ido desentrañando cada vez más con cada revelación sucesiva.

El último episodio que pone de manifiesto el alcance del poder y la influencia que aún ejercen las sociedades secretas ha comenzado a desarrollarse en Francia, tras el inicio de un juicio que saca a la luz una red que operaba desde una logia masónica situada a las afueras de París y que sirvió de epicentro de una vasta conspiración criminal que llegaba hasta algunas de las más altas esferas del Gobierno francés, desde sus fuerzas policiales hasta sus agencias de inteligencia.

Veintidós acusados presuntamente implicados en una conspiración criminal con base en la logia masónica Athanor, situada en el suburbio parisino de Puteaux, se enfrentan a cargos que van desde la conspiración criminal hasta el asesinato. De esos 22 acusados, cuyas edades oscilan entre los 30 y los 72 años, cuatro de ellos son masones iniciados en la logia. Entre los acusados se encuentran cuatro antiguos oficiales del servicio de inteligencia exterior francés, la Direction Générale de la Sécurité Extérieure («DGSE»), un agente de inteligencia nacional jubilado, tres agentes de policía, seis ejecutivos de empresas, un guardia de seguridad, un médico y un ingeniero.

La logia, que fue disuelta en 2021 tras salir a la luz los delitos cometidos por sus miembros, estaba anteriormente afiliada a la Grande Loge de l'Alliance Maçonnique Française («GLAMF»). Este organismo masónico, que regía la Logia Athanor — cuyo nombre proviene del horno alquímico diseñado para transmutar los metales comunes en oro — , calificó los delitos como una «contradicción total con los valores de la masonería». La GLAMF intentó además distanciarse de la organización criminal alegando que la Logia Athanor había sido tomada por personas de mala fe cuyas motivaciones no se basaban en los principios masónicos. A pesar de esas protestas, el caso presentado ante la fiscalía francesa demuestra que su condición de masones de alto rango fue fundamental para que pudieran orquestar su red criminal.

La fiscalía francesa alega que los conocidos masones Jean-Luc Bagur, Frédéric Vaglio y Daniel Beaulieu eran los cabecillas de la organización criminal. Sébastien Leroy, otro acusado en el caso estrechamente vinculado a Beaulieu, aunque no es él mismo un masón iniciado, está acusado de llevar a cabo asesinatos ordenados por sus superiores masónicos, ya sea personalmente o a través de una red de sicarios que él dirigía. Los cuatro se encuentran entre los 13 de los 22 acusados que se enfrentan a cadena perpetua si son declarados culpables.

El caso contra la red criminal de la logia masónica Athanor se inició tras el fallido intento de asesinato por encargo de Marie-Hélène Dini, una asesora empresarial francesa de 54 años, en julio de 2020. El complot para asesinarla se frustró después de que Pierre Bourdin, de 28 años, y Carl Esnault, de 25, dos miembros de la agencia de inteligencia francesa DGSE — el equivalente francés de la CIA y el MI6 — , fueran detenidos por delitos relacionados con armas.
Se observó a los dos hombres esperando frente a la casa de Dini en el suburbio parisino de Créteil una madrugada de verano. A pesar de formar parte de la agencia de espionaje más prestigiosa de Francia, ninguno de los dos parecía actuar con el más mínimo atisbo de clandestinidad. Mientras los dos hombres esperaban sentados en un Renault Clio negro, ansiosos por la oportunidad de cometer el asesinato, se les vio vestidos con ropa oscura, incluyendo guantes y un pasamontañas verde. Esa vestimenta, poco adecuada para el sofocante calor del verano, delató inmediatamente su tapadera. Mientras esperaban a que Dini saliera de su residencia, un vecino suyo se fijó en los hombres que estaban en el vehículo y llamó a la policía, ya que el aspecto siniestro de su atuendo le hizo sospechar. La policía rodeó el coche minutos después de que el vecino alertara a las autoridades. Cuando los agentes interrogaron a Esnault y Bourdin, los hombres respondieron diciéndoles que eran agentes secretos que operaban bajo los nombres en clave «Adélard» y «Dagomar».
Los sicarios explicaron que se les había asignado la misión de asesinar a Dini, de quien les habían dicho que era una agente del Mossad que operaba en Francia.

Tras la impactante confesión de su [previsto] delito, Esnault y Bourdin fueron detenidos. Las autoridades encontraron en el vehículo una pistola Browning cargada, junto con munición de 9 mm, un silenciador y numerosas armas más. Los investigadores también descubrieron un dispositivo de rastreo colocado en el vehículo de Dini por los sicarios. Posteriormente se registró el domicilio de Dini, y la policía se incautó de sus ordenadores y la retuvo durante horas para someterla a un riguroso interrogatorio sobre cualquier posible vínculo que pudiera tener con el Mossad israelí. «Esto es absurdo. Nunca he puesto un pie en Israel», declaró a la policía.

Los agentes que interrogaron a Esnault y Bourdin descubrieron que les habían pagado 70 000 € por asesinar a Dini. El trasfondo del complot para el asesinato pronto condujo a la policía hasta el epicentro de la organización criminal que operaba desde la logia masónica. El motivo del asesinato vinculaba a estos hombres con Jean-Luc Bagur, el Venerable Maestro de la logia Athanor y rival de Dini en el sector del coaching empresarial. Dini había estado trabajando para crear una asociación profesional de agencias de coaching corporativo que excluyera a Bagur, a quien consideraba una grave amenaza para la viabilidad de su negocio. Bagur y Dini se habían reunido varias veces en 2019 para hablar sobre la creación de la red profesional. A lo largo de sus conversaciones, quedó claro que ambos tenían visiones opuestas. «Sabía que no estábamos de acuerdo. No diría que fuera alguien especialmente cálido y amistoso, pero en ningún momento podría haber imaginado que las cosas llegarían a este extremo», declaró Dini después de que se le revelara el papel de Bagur en la organización del frustrado complot de asesinato.

Decidido a eliminar a Dini como rival empresarial, Bagur recurrió a su compañero masón Frédéric Vaglio, a quien conocía a través de la Logia Athanor, para planear su asesinato. A su vez, Vaglio incorporó al grupo al masón Daniel Beaulieu debido a sus contactos como oficial retirado de los servicios de inteligencia nacionales de Francia. Beaulieu recurrió entonces a una red de sicarios con los que estaba en contacto a través de su relación con Sébastien Leroy.

Bourdin y Esnault, que trabajaban como guardias en una base militar de la DGSE con la ambición frustrada de convertirse en agentes de campo de la agencia de inteligencia exterior, fueron contactados por Leroy y no dudaron en aprovechar la oportunidad de participar en lo que consideraban una misión real. Bourdin relató así cómo se desarrollaron los acontecimientos que condujeron a su detención cuando declaró a los investigadores franceses que estaba cansado de pasar todo el día mirando pantallas de vigilancia en la base militar, anhelando la oportunidad de vivir las fantasías de espionaje que le llevaron a alistarse en la DGSE tras su paso por el ejército francés como paracaidista.

La revelación de la participación de Leroy en el complot para asesinar a Dini, que desmanteló la red criminal liderada por masones que operaban desde la Logia Athanor, puso al descubierto el amplio alcance de sus delitos. La vasta gama de esos delitos incluía robos, agresiones y al menos otro asesinato en cuya organización participó Leroy. Leroy declaró a las autoridades que él mismo llevó a cabo el asesinato en 2018 del piloto de carreras francés Laurent Pasquali.

Tras su desaparición en otoño de 2018, los amigos de Pasquali comunicaron a los investigadores que creían que se encontraba en graves problemas económicos. Su desaparición permaneció sin resolver durante casi un año, hasta septiembre de 2019, cuando un excursionista encontró los restos de un esqueleto humano en un bosque cercano a la comuna de Cistrières, en el centro-sur de Francia. Los análisis de ADN realizados posteriormente confirmaron que los restos óseos eran de Pasquali. Sin embargo, la policía francesa siguió sin poder vincular su asesinato con la red criminal masónica de la Logia Athanor hasta la detención de Leroy tras el fallido intento de asesinato de Marie-Hélène Dini. Los fiscales creen ahora que Pasquali fue asesinado por una deuda que tenía con un socio de Vaglio.

Al igual que Bourdin y Esnault, Leroy creía que se le estaban encargando asesinatos por encargo bajo los auspicios del Gobierno francés debido a las instrucciones que le había dado Beaulieu, quien se jubiló tras una carrera al servicio de la Direction Générale de la Sécurité Intérieure («DGSI»), el equivalente francés del FBI. Durante el interrogatorio, Leroy, que abandonó el ejército francés para convertirse en guardia de seguridad privado, declaró a los investigadores que Beaulieu le había manipulado para que cometiera los delitos, ya que, según él, le había ofrecido la oportunidad de convertirse en informante confidencial de la DGSI.

La trayectoria de Beaulieu en los servicios de inteligencia franceses influye en los motivos que subyacen a decenas de otros casos analizados en la investigación sobre la red criminal masónica de la que él era uno de los cabecillas. Otros ejemplos de delitos que se cree que se perpetraron bajo las órdenes de los masones de la Logia Athanor incluyen las amenazas de muerte proferidas contra Sylvain Berrios, antiguo miembro de la Asamblea Nacional francesa y alcalde de Saint-Maur-des-Fossés entre 2014 y 2024. Berrios fue elegido alcalde por primera vez al derrotar al titular Henri Plagnol. El jefe de gabinete de la fallida campaña de reelección de Plagnol era un colaborador de Vaglio que fue objeto de críticas durante el ciclo electoral. La investigación sobre la organización criminal de la Logia Athanor reveló que Vaglio se acercó a Beaulieu y le preguntó: «¿Podría Berrios tener un accidente?». Su compañero masón indicó que eso se podía arreglar, con un resultado que iba desde dejar a Berrios en una «silla de ruedas hasta en un ataúd». Aunque la pareja abandonó cualquier ataque directo contra Berrios debido a la preocupación por el dispositivo de seguridad que lo protegía, se supone que orquestaron la agresión a Jean-François Le Helloco, concejal local y aliado político cercano de Berrios. Helloco fue golpeado en el jardín de su casa por dos hombres enmascarados en octubre de 2016.

Los atentados contra políticos franceses locales no son más que una pequeña parte de los delitos de motivación política que se sospecha que la red había planeado. Las autoridades francesas que dirigieron la investigación sobre la red también descubrieron planes para eliminar a un adversario político en el Congo, atentados contra mezquitas salafistas en toda Francia y un plan para extorsionar a un multimillonario ruso en Mónaco. Aunque ninguno de estos planes llegó a materializarse, Leroy indicó que la red estuvo implicada en entre 10 y 20 asesinatos diferentes. Uno de los asesinatos en los que Leroy implicó a la organización criminal masónica gira en torno a la muerte de Du Wei, el embajador chino en Israel que fue hallado muerto en su apartamento de Herzliya, una ciudad que lleva el nombre del patriarca sionista Theodor Herzl, situada a 37 kilómetros al norte de Tel Aviv, en mayo de 2020.

Du fue nombrado embajador en febrero de 2020, tras haber ocupado anteriormente el cargo de enviado chino en Ucrania. La policía israelí abrió una investigación sobre la muerte de Du, pero concluyó que no se trataba de un acto delictivo. Las autoridades sanitarias israelíes determinaron que falleció de un paro cardíaco mientras dormía. Aunque China anunció inicialmente que llevaría a cabo una investigación interna sobre su muerte, abandonó ese plan y el Ministerio de Asuntos Exteriores chino acabó coincidiendo con las autoridades israelíes en que Du había fallecido por causas naturales. La insinuación de Leroy de que la muerte del embajador chino estaba vinculada a la red criminal masónica de la Logia Athanor es el primer acontecimiento importante tras su fallecimiento que sugiere que un motivo político podría haber estado detrás de su prematura muerte. Sin embargo, las autoridades francesas aún no han determinado la veracidad de la afirmación de Leroy.

Corroborar la veracidad de las afirmaciones de Leroy sobre el número total de asesinatos cometidos por la red masónica y el alcance total de sus crímenes se ha complicado aún más por un supuesto «intento de suicidio» de Beaulieu. Tras una serie de entrevistas, Beaulieu habría intentado suicidarse mientras se encontraba bajo custodia policial. Según su abogado, el intento de suicidio le ha dejado con «dificultades de concentración», lo que convenientemente compromete su capacidad para cooperar con la fiscalía y participar activamente en el juicio. Se espera que el veredicto del caso se dicte en julio.

El juicio contra los acusados implicados en la red criminal de la Logia Athanor es el último acontecimiento relevante que pone de manifiesto el alcance de la influencia de la masonería en la política y la sociedad europeas. En diciembre de 2025, la Policía Metropolitana de Londres («Met») estableció una nueva norma que obligaba a los agentes a declarar cualquier vínculo con grupos, incluidas las sociedades secretas como la masonería, para hacer frente a la preocupación de que tales vínculos pudieran estar relacionados con la corrupción. La policía añadió la masonería a su lista de «asociaciones declarables», exigiendo tanto a los empleados actuales como a los solicitantes de empleo que revelaran cualquier afiliación activa o anterior. Aunque una encuesta realizada entre los agentes y el personal del departamento de policía reveló que dos tercios de los encuestados respaldaban la nueva política, esta se topó con la resistencia de las logias masónicas de toda Inglaterra.

La Gran Logia Unida de Inglaterra («UGLE») respondió a la resolución enviando a la Policía Metropolitana una carta en la que indicaba su intención de solicitar una orden judicial contra la nueva política, alegando que era «ilegal, injusta y discriminatoria». El comandante de la Policía Metropolitana, Simon Messinger, aclaró que la nueva norma no prohibía a los empleados del cuerpo afiliarse a logias masónicas, afirmando: «Nuestra decisión no significa que ningún miembro del personal no pueda afiliarse a los masones o a otra organización similar». En lugar de prohibir la iniciación en la masonería, la política simplemente exigía a los empleados del departamento de policía declarar de forma transparente su condición dentro de sus filas.

Las aclaraciones sobre la nueva política de la Policía Metropolitana no bastaron para disipar las preocupaciones de los masones ingleses. Adrian Marsh, gran secretario de la UGLE, declaró:
«Dado el evidente impacto perjudicial que esto tiene sobre nuestros miembros, la Gran Logia Unida de Inglaterra, la Orden de las Mujeres Masonas y la Honorable Fraternidad de Antiguos Masones consideramos que ahora no nos queda más remedio que emprender acciones legales para impugnar esta decisión ilegal».
Poco después que se promulgara la nueva política, los masones solicitaron una orden judicial de emergencia contra ella, alegando que equivalía a una discriminación religiosa y a una violación de los derechos humanos y de las leyes de privacidad. La solicitud de la orden judicial se presentó en Nochebuena ante el Tribunal Superior de Justicia del Reino Unido, alegando que el comisario de la Policía Metropolitana, Sir Mark Rowley, estaba promoviendo «teorías conspirativas» sobre la influencia de los masones al aplicar la nueva política.

En un resultado que, irónicamente, respaldó las afirmaciones de los masones de que no controlan las altas esferas del Gobierno, su recurso judicial contra la política de la Policía Metropolitana fracasó. En febrero de 2026, el juez Chamberlain del Tribunal Superior de Justicia dictó una sentencia de 17 páginas en la que determinaba que la política de la Policía Metropolitana «persigue un objetivo legítimo, mantener y reforzar la confianza pública en la policía, y es proporcionada», fallando en contra del intento de los masones de anular la política. Tras el fracaso del recurso judicial, 316 agentes y miembros del personal de la Policía Metropolitana declararon su pertenencia a la masonería.

Los delitos cometidos por la organización criminal que opera desde la logia masónica Athanor, gracias a la influencia política de sus miembros, ponen de manifiesto la necesidad de una mayor transparencia sobre cómo actúan los miembros de sociedades secretas como la masonería en la esfera pública. La política del Departamento de Policía Metropolitana de Londres no sólo ilustra esa necesidad, sino que revela hasta qué punto los miembros de organizaciones como la masonería forman parte del tejido social que gobierna la sociedad. Aunque la influencia masónica se ha trivializado durante mucho tiempo como una teoría de la conspiración, cada uno de esos ejemplos ilustra el inmenso poder que ejerce y el peligro que representa si no se le hace frente, lo que demuestra la afirmación del presidente John F. Kennedy de que «la propia palabra «secreto» es repugnante en una sociedad libre y abierta».