Traducido por el equipo de SOTT.net
Pope Leo XIV
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Solían llamarlo el «nuevo orden mundial» [NOM]: una agenda en parte pública y en parte encubierta para desmantelar la civilización occidental. Su objetivo es trastocar el sistema financiero mundial, destruir los movimientos defensores de la libertad y, finalmente, borrar las naciones y las fronteras para crear un único gobierno central de tipo comunista gobernado por la clase elitista.

Hoy hay muchos nombres para este «sistema de la bestia». Unos lo llaman «orden mundial multipolar», aunque en realidad no sería multipolar. Otros lo llaman «Gran Reinicio». Pero el concepto del NOM que más se ha promovido en nuestro discurso pospandémico es la idea del «multiculturalismo».

El multiculturalismo siempre ha estado en segundo plano, al menos desde la época de Obama. Estaba justo bajo la superficie, esperando a ser utilizado como vehículo para impulsar la visión globalista. El pueblo estadounidense lleva generaciones preparado para ello. Los europeos se están asfixiando actualmente en él y podría ser demasiado tarde para ellos.

La estrategia parece bastante simple, pero en realidad es un esfuerzo complejo que se basa en numerosas piezas móviles sincronizadas para lograr el máximo efecto. El mecanismo más importante es la narrativa y la influencia social; hay que enseñar al público a aceptar el multiculturalismo como algo inevitable. Esto nos lleva a la iglesia moderna y a su abandono de los valores occidentales.

El giro del Vaticano hacia el multiculturalismo

En noticias recientes, el papa León XIV desató un amplio debate entre los conservadores al lanzar un ataque apenas velado contra la Administración Trump, calificando los ataques estadounidenses contra las infraestructuras iraníes de «crímenes de guerra». Curiosamente, León se negó a condenar la matanza indiscriminada de manifestantes por parte del régimen iraní hasta esta semana, probablemente debido a la presión de los críticos conservadores que denunciaban su hipocresía.


Comentario: Irán no suele ejecutar a «manifestantes». Sin embargo, sí puede acabar con peligrosos quintacolumnistas a los que gobiernos extranjeros pagan para sembrar la muerte, el caos y la destrucción de infraestructuras sociales críticas e instituciones culturales. Obviamente, hay un mundo de diferencia entre ambas cosas.


El Papa ha sido un ávido crítico no solo de Trump, sino de los movimientos conservadores antiinmigración en general. En diciembre de 2025 argumentó:
«Sé que en Europa hay, muchas veces, temores que están presentes, pero a menudo generados por personas que están en contra de la inmigración y tratan de mantener fuera a personas que pueden ser de otro país, otra religión, otra raza. Y en ese sentido, diría que todos debemos trabajar juntos...».
Esto va en paralelo a las declaraciones de León en julio de 2025, cuando afirmó que:
«La Iglesia, como una madre, acompaña a quienes caminan. Donde el mundo ve amenazas, ella ve niños; donde se construyen muros, ella construye puentes... Sabe que en cada migrante rechazado es el mismo Cristo quien llama a la puerta de la comunidad».
El trato casi «divino» que se dispensa a los inmigrantes es un extraño subproducto de la religión multicultural. Esta idea ha sido defendida por varios papas en las últimas décadas, comparando a los refugiados y a los inmigrantes ilegales con la Sagrada Familia que viajó a Egipto para escapar del rey Herodes. En realidad, María y José eran súbditos romanos y simplemente viajaron de una parte del Imperio Romano a otra. No eran «inmigrantes», ni ilegales ni de ningún otro tipo.

Hay que tener en cuenta que el Papa vive en un recinto seguro protegido por tres kilómetros de muros de 12 metros de altura. El Vaticano es uno de los lugares más restringidos del planeta. Al igual que la mayoría de las élites globalistas, nunca tiene que lidiar con las consecuencias de las políticas de inmigración masiva que apoya.

Por ejemplo, el Vaticano se ha negado a comentar sobre la creciente ola de delincuencia y violencia (incluidas las bandas de violadores) causada por la inmigración masiva, concretamente procedente de países musulmanes. Tampoco ha hecho comentarios sobre las comunidades islámicas que imponen la ley sharía en Europa, desafiando la integración.

De hecho, el papa León finge que estos problemas simplemente no existen y que los millones de personas que se oponen a la migración del tercer mundo actúan por intolerancia, en lugar de por una preocupación racional por la seguridad de sus familias y su cultura.

Y no nos equivoquemos: la Iglesia católica ha desempeñado un papel fundamental en la propagación de la inmigración masiva. Bajo el mandato de Joe Biden, la Iglesia católica recibió más de 200 millones de dólares en subvenciones directas por ayudar a traer a cientos de miles de migrantes a EE.UU. La Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. (USCCB) se encargó de acoger a alrededor del 18 % de todos los «refugiados» y solicitantes de asilo que entraron en el país entre 2021 y 2024.

El Fondo de Asilo, Migración e Integración (AMIF) de la UE ha presupuestado más de 10 000 millones de dólares de 2021 a 2027 para organizaciones que ayudan a acoger a millones de migrantes en Europa, y una gran parte de ese presupuesto se destina a ONG de inspiración católica.

Para muchos cristianos, el Papa sigue representando una figura central de influencia a pesar del claro giro del Vaticano hacia la izquierda política en las últimas décadas y su creciente abandono del tradicionalismo. Para los no católicos (y los católicos sensatos), el cargo del Papa se considera un caballo de Troya diseñado para destruir el cristianismo y Occidente desde dentro.

El Vaticano se ha convertido en un impulsor del movimiento progresista desde las reformas del Concilio Vaticano II en la década de 1960. Estas reformas incluían un enfoque en las «relaciones interreligiosas» (religión universal) y una política de desvincular a la Iglesia de su papel como pilar de la civilización occidental. Hoy en día, el 47 % de los católicos vota a los demócratas a pesar de que la ideología woke viola directamente muchos de los principios cristianos más sagrados.

El interés de la Iglesia por la inmigración musulmana se disparó en 2010 bajo el pontificado del papa Benedicto XVI y, desde entonces, ha estado profundamente implicada en programas de migración masiva, a menudo en coordinación con políticos de izquierdas.

La alianza entre el Vaticano y las élites luciferinas

En mi opinión, nada despertó más a las masas que la pesadilla de la pandemia covid. Durante esta crisis, los globalistas proclamaron con orgullo sus intenciones de confinar al mundo, imponer mandatos de vacunación perpetuos, establecer una tiranía médica y acelerar todos los programas del NOM imaginables

Uno de esos programas fue el «Consejo para el Capitalismo Inclusivo», que, en mi opinión, era la base prevista para un gobierno mundial; la cúspide de la pirámide. El proyecto se anunció como una asociación entre corporaciones controladas por globalistas, ONG de izquierdas, organizaciones climáticas, la familia Rothschild y, por supuesto, el Vaticano.


La misión del Vaticano dentro del consejo parecía girar en torno a la promoción del socialismo como «adyacente al cristianismo» (esto es una mentira: el cristianismo fomenta la caridad independiente y voluntaria, no la caridad forzada a través de los impuestos del gobierno o el colectivismo ateo). También se les encomendó la tarea de crear una plataforma para una «religión universal», o una unión de religiones.

El Consejo para el Capitalismo Inclusivo aprovechó la histeria que rodeó a la pandemia para impulsar la agenda multicultural, así como los ESG (un programa destinado a utilizar a las empresas para imponer la ideología woke a través de la influencia social y financiera). El proyecto fracasó finalmente cuando la narrativa covid se desmoronó.

Desde entonces, el Consejo ha pasado a la clandestinidad. Sin embargo, en 2026, el Banco del Vaticano aprobó el nombramiento de François Pauly, un antiguo director de Rothschild, para dirigir su Consejo de Supervisión. El Consejo para el Capitalismo Inclusivo es una prueba irrefutable de que el Vaticano y los líderes asociados están entrelazados con las élites luciferinas. Ya no es una «teoría» de la conspiración, sino un hecho confirmado.

Los cruzados tenían razón, el Papa globalista está equivocado

En 1095 d. C., en el Concilio de Clermont, en Francia, el papa Urbano II pronunció un discurso sobre la implacable invasión de los turcos otomanos, que amenazaba con destruir Europa y los últimos vestigios de la civilización occidental. Hizo un llamamiento a los hombres cristianos para que se levantaran y lucharan, para detener la desaparición de la cristiandad. Durante 300 años, los musulmanes se habían adentrado en el corazón del Sacro Imperio Romano Germánico, migrando y conquistando a su paso.

Cuando Urbano hizo su llamamiento a las armas, los califatos islámicos se habían apoderado del 60 % de todas las tierras cristianas y estaban a las puertas de Europa Occidental.

Antes de este discurso, se creía generalizada la idea de que los cristianos no se organizarían ni lucharían. El éxito del llamamiento a la acción de Urbano sorprendió al propio Papa. Así comenzó la Primera Cruzada para salvar Occidente. Al final, los musulmanes fueron expulsados de Europa y se vieron obligados a regresar a las tierras árabes. Sin las cruzadas, seguiríamos viviendo en la Edad Media, bajo una teocracia musulmana.

Nada ha cambiado desde entonces en lo que respecta al conflicto. El mundo occidental sigue siendo totalmente incompatible con el islam. Lo que ha cambiado, más bien, son las circunstancias y los actores. Hoy en día, el Vaticano es una monstruosidad multicultural que colabora con personas que, por encima de todo, quieren fronteras abiertas, el desmantelamiento de Occidente y la eliminación del cristianismo.

Ven claramente la inmigración islámica (y la inmigración del tercer mundo procedente de naciones socialistas) como un arma valiosa para dividir a EE.UU. y Europa. Como señalé en mi reciente artículo «La separación de EE.UU. de la OTAN lleva mucho tiempo pendiente», los globalistas europeos han utilizado la inmigración masiva para implantar un ejército extranjero con el fin de someter y controlar a la población nativa. Es una táctica tan antigua como el tiempo: el liderazgo político utiliza hordas extranjeras subvencionadas como forma de controlar a sus propios ciudadanos rebeldes.

Por eso han hecho caso omiso de todas las peticiones razonables de la población en favor de reformas y deportaciones. Por eso ignoran las bandas de violadores, los asesinatos y el terrorismo. QUIEREN que sucedan estas cosas. Por eso dejaron entrar a los bárbaros por las puertas en primer lugar. El Vaticano y el Papa forman parte de esta agenda. Como institución, al papado se le encomendó la tarea de proteger el mundo occidental. Si el Vaticano está dejando de lado este deber sagrado, entonces ya no representa al cristianismo.